Teo Moran
Poeta fiel al portal
Se desliza sobre las espigas del trigo
una inconformista y tenue brisa,
concibe con sus dedos imaginarios
una caricia temprana en el horizonte
y en mi corazón, en su hueco vacío,
el grano no formado del latido…
¡Más allá del ocaso está el sendero
que con sus espigas se vuelve silente
en las ondulaciones del recuerdo!
Oigo gritar a la cima de la montaña
con su desalentador deshielo,
a sus dedos nacarados quebrarse
con el egoísmo de un sol soberano,
veo al agua con su osado torrente
como intenta alcanzar las alas del buitre
pero aún no sabe que es una sombra
sostenida por el acorde del viento,
que es parte de mi verde soledad
a la cual llego desnudo y sin miedo,
al río desfigurado en la alfombra,
a veces devoto de la fina lluvia
mas otras enemigo de las amapolas,
de los colores que duermen en el alma
ya que el amor con su pincel seco
dejó a este horizonte sin terminar.
Imagino al mundo sin prisa, despacio,
a ratos estancado en el mar de trigo,
mas otras impetuoso con el rugir de sus olas
y me siento navegante entre sus granos,
una débil constelación de promesas
que está llena de palabras vacías,
como la brisa eleva mi alma derrotada
y sin timón va en busca del horizonte…
¡Del sendero oculto por el atardecer
que con sus espigas se vuelve silente
en las ondulaciones del recuerdo!
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