Enrique Romero
Poeta recién llegado
De tanto cavilar y divagar
en estos inútiles salones de doradas paredes.
¿Acaso serán paredes?
Las vi derrumbarse ante tu diadema.
De tanto divagar y pensar
se escapa un suspiro de lamento.
acaso aquel es la solución, la gran mano ayuda,
el guante siempre listo para mi predilección,
acaso no es la contracara del pensamiento.
De tanto cavilar y divagar,
de recordar aquellas fechas, aquellos plazos;
he olvidado mi nombre, me parece recordar;
otra verde reminiscencia esconde
sobre la diáfana correa del viento,
me parece olvidar otra esencia del suelo.
Barco de otro mundo, amaneces en la tarde,
vas surgiendo de las cenizas de la amapola,
te alimenta el riachuelo,
das saltos como un animal en celo,
entusiasmado, casi borracho te unes a las arterias del mar,
del sueño. De tanto divagar y pensar,
acaso no estaba soñando?
en estos inútiles salones de doradas paredes.
¿Acaso serán paredes?
Las vi derrumbarse ante tu diadema.
De tanto divagar y pensar
se escapa un suspiro de lamento.
acaso aquel es la solución, la gran mano ayuda,
el guante siempre listo para mi predilección,
acaso no es la contracara del pensamiento.
De tanto cavilar y divagar,
de recordar aquellas fechas, aquellos plazos;
he olvidado mi nombre, me parece recordar;
otra verde reminiscencia esconde
sobre la diáfana correa del viento,
me parece olvidar otra esencia del suelo.
Barco de otro mundo, amaneces en la tarde,
vas surgiendo de las cenizas de la amapola,
te alimenta el riachuelo,
das saltos como un animal en celo,
entusiasmado, casi borracho te unes a las arterias del mar,
del sueño. De tanto divagar y pensar,
acaso no estaba soñando?
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