En un rincón de la mazmorra,
un pardo, de galón invicto,
con la desgracia se atiborra;
¿vislumbra, acaso, el veredicto?
Obtuvo renombre y aprecio
al arrojarse formidable
—¡sin tasar, de la lucha, el precio!—,
desbordado el hombro y el sable.
El bravo disiente el perjurio
tramado por altos patriarcas,
quienes ajustan el augurio.
Desdeñan sus aptas acciones,
cuyas bases forjan naciones,
por no pactar con heresiarcas.
(La audacia no depura al héroe.
Si el barullo le da el asomo,
acaba muerto por el plomo).
Última edición: