Décimo quinto (A SILVIA PLATH, con música de plancha al atardecer)

Ronald Bonilla

Poeta asiduo al portal


Fue fácil buscarte entre los anaqueles,
en los closets de ropa infantil desperdigada;
al abrir la refri develabas una sonrisa,
casi una mueca.
Al destapar la noche
colgaban calcetines húmedos a tu vera.
Se esparcía el estiércol de los niños
por entre los pasillos de tus palabras
ultrajadas.
Ya nada quedaba donde no estuviese
lo estridente de tu voz en los alcoholes,
en el champú, en el reloj despertador.

Por eso, si naufragaba en la batea
tu aire de telefonista desgarrada,
irrumpía tu verso
como un improperio para el mundo,
uno que no fuese la fingida diatriba del olvido.

Tuviste que enterrar entre las ropas
tu mirada,
tuviste que encerrar entre paredes
tu sombra, y no salir…
no salir más que en las palabras al desastre.
Tuviste que morir para que naciera
de entre pliegues velados de la noche
la liturgia impulsiva de tu verso,
casi un halo de luz,
una palabra que fuese igual al fuego,
una admonición que nos redima
para el cambio,
aunque la noche siga protestando
que no abandonen su llanto a los gusanos.

De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
II PARTE A ELLAS

DERECHOS DE AUTOR PROTEGIDOS POR LEY

The Guardian
Poet and writer Sylvia Plath.
 

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