Decir adiós (Prosa del adiós que jamás nació)

GEORTRIZIA

♥Niña de los besos rosas♥
Decir adiós en la vida, cuando el momento sin tanto cuento lo amerita.
Pero que difícil se traspasa en la negación de los seres que se aman.

Un número grande es el que ha crecido en las muchas tragedias surgidas
cuando el añorado corazón se aleja de su pecho, y aquel cariño se niega.

Si el camino es grande y muchas veces se cambian los pasos de rumbo,
el corazón sangrante huye herido, y el pecho destrozado, queda vacío.

Entonces la amargura, soledad y monotonía se vuelve la vida, y las letras
lloran angustias, y la vida queda vacía, de todo ese gozo que fue marchado.

Para que decir adiós entonces, si el amor fluye y la amistad no se esconde.
Se aviva el color del sol, y el gris empieza aburrir nuestra hermosa canción.

Cuantas promesas se han dicho por todos, y para todos, promesas sin vicio.
Cuantas palabras quedaron en aquellas ganas de seguir vivo. Vivo para él.

Pidiendo no decir adiós, el ser amado, se ha olvidado de lo que siempre fue.
Cuantas veces dije, no me digas a dios. Y sin querer, me quede sin el amor.

El amor de la vida muere, sin la respiración, fallece lento, decae al paso lento.
Tantas veces nos segamos en laberintos sin salida, buscando quien nos guie...

La necesidad aprende a comer, se alimenta de lo que se fue, y muere cada vez.
Cuanta necesidad brota de lo que está por partir, yo no pude insistir, me deje morir.

Hace mucho tiempo, cuando amaba a José David, si nunca se me ha olvidado
le quería decir, que solo a él lo había amado, que disfrutaba ese amor infiel.

Que lo apreciaba con cariño, a veces fui infiel, pero que nunca le traicione.
Que moriría por él, que me quería morir junto a su cuerpo, unidos los dos.

Esa vez no dije más, no me despedí de su amor infiel solo hui, no dije adiós.
Cuantos años han pasado, y no deje que volviera a mi lado, pues mala fui.

Seis años han pasado, de aquel amor desamparado, cuando el adiós se marchito
y mi amor se escondió, se hundió, en lágrimas de aquel adiós que jamás sucedió.

¡Oh cuanto quería yo a José David!, estaba loco igual que yo, nos queríamos, sí,
pero a nuestro modo, y así sobreviviríamos los dos, todo era hermoso y sin fin.

Antes de que ese adiós no se culminara, fue el principio de años de tristeza,
de años de amor que no siguió su paso y que solo en mi pecho se quedaran…

¿Qué habrá pasado de él? La verdad no lo sé, en la última llamada le dije;
sin titubeos que no le quería volver a ver, que no me buscara que no le amaba.

Si lo quería, tal vez hasta le amaba, pero no quería herirlo, porque yo no sabía
dejar el cariño, de quien me lo brindaba. Mi amor murió en llanto, lo se…

Quizás sigue vivo José David, no lo sé, lo que si estoy segura, es que jamás
se olvidó de mí y eso es muy malo… Pues no se olvido de lo que fui…

Hay muchas veces casos sin aclarar, sin saber a dónde vallan a parar
Las situaciones siempre son las mismas, las decisiones siempre son peores.

La tristeza se apodera de la belleza de los días y las noches se congelan
se vuelven de insomnio y pesadillas casi vivas que atormentan en agonía.

Cuantas veces, cobardes somos y no queremos aceptar la verdad y ese amor.
Yo a José David jamás olvidare, pues él me quiso a mí, y por el fui lo que cometí.

Nos hacemos daño al negarnos el cariño de quien nos aprecia, pero que malo
cuando te aprecian varios. Entonces si los aprecias, surge el peor engaño…

Muchas veces pase noche sin dormir, vi fantasmas, me estremecí en lágrimas.
Entre sueños quiero decir; no te alejes, no me dejes, vuelve junto a mí…

Pero al despertar, no hay nada que decir, nos quedamos mudos y todo se vuelve fin.
Porque si seguimos, dañamos dos amores ciegos, los matamos lentos…

Cuando el adiós se dice entre las personas que se quieren, que se anhelan,
dejan en el que era su sitio, un hueco, que no importa el tamaño ni el impacto.

Es ese hueco que nadie podrá volver a llenar nunca en la vida de él ser olvidado.
Entonces surge la tristeza, se crean miles de problemas, nacen muchos rencores…

Tantos problemas reflejados en la vida del otro, inseguridad, dolor, actitudes,
problemas familiares, hasta llegar a esos momentos tan dolorosos.

Ahora la vida está loca, zafada, sin frenos y no suele ser amada, siendo descuidada.
las situaciones empeoran, las consecuencias físicas, psicológicas muy seguras.

Pero lo peor de todo es cuando la consecuencia termina en la muerte furtiva.
Podría decir que muchas veces ya es demasiado tarde. Y la muerte lleva al cobarde.

Decir adiós, no es cualquier cosa, es decir fin, es dar todo en cinco letras, es sacrificio
es amor. Decir a dios también es rencor, in-voluntad, decirlo de igual nos afecta…

Yo no digo adiós, siempre digo hasta pronto, aunque a José David, se lo trago el suelo
y ese hasta pronto, no se volvió a ver jamás, todo término, pero olvidarlo nunca pasara.
 
Última edición:
Decir adiós en la vida, cuando el momento sin tanto cuento lo amerita.
Pero que difícil se traspasa en la negación de los seres que se aman.

Un número grande es el que ha crecido en las muchas tragedias surgidas
cuando el añorado corazón se aleja de su pecho, y aquel cariño se niega.

Si el camino es grande y muchas veces se cambian los pasos de rumbo,
el corazón sangrante huye herido, y el pecho destrozado, queda vacío.

Entonces la amargura, soledad y monotonía se vuelve la vida, y las letras
lloran angustias, y la vida queda vacía, de todo ese gozo que fue marchado.

Para que decir adiós entonces, si el amor fluye y la amistad no se esconde.
Se aviva el color del sol, y el gris empieza aburrir nuestra hermosa canción.

Cuantas promesas se han dicho por todos, y para todos, promesas sin vicio.
Cuantas palabras quedaron en aquellas ganas de seguir vivo. Vivo para él.

Pidiendo no decir adiós, el ser amado, se ha olvidado de lo que siempre fue.
Cuantas veces dije, no me digas a dios. Y sin querer, me quede sin el amor.

El amor de la vida muere, sin la respiración, fallece lento, decae al paso lento.
Tantas veces nos segamos en laberintos sin salida, buscando quien nos guie...

La necesidad aprende a comer, se alimenta de lo que se fue, y muere cada vez.
Cuanta necesidad brota de lo que está por partir, yo no pude insistir, me deje morir.

Hace mucho tiempo, cuando amaba a José David, si nunca se me ha olvidado
le quería decir, que solo a él lo había amado, que disfrutaba ese amor infiel.

Que lo apreciaba con cariño, a veces fui infiel, pero que nunca le traicione.
Que moriría por él, que me quería morir junto a su cuerpo, unidos los dos.

Esa vez no dije más, no me despedí de su amor infiel solo hui, no dije adiós.
Cuantos años han pasado, y no deje que volviera a mi lado, pues mala fui.

Seis años han pasado, de aquel amor desamparado, cuando el adiós se marchito
y mi amor se escondió, se hundió, en lágrimas de aquel adiós que jamás sucedió.

¡Oh cuanto quería yo a José David!, estaba loco igual que yo, nos queríamos, sí,
pero a nuestro modo, y así sobreviviríamos los dos, todo era hermoso y sin fin.

Antes de que ese adiós no se culminara, fue el principio de años de tristeza,
de años de amor que no siguió su paso y que solo en mi pecho se quedaran…

¿Qué habrá pasado de él? La verdad no lo sé, en la última llamada le dije;
sin titubeos que no le quería volver a ver, que no me buscara que no le amaba.

Si lo quería, tal vez hasta le amaba, pero no quería herirlo, porque yo no sabía
dejar el cariño, de quien me lo brindaba. Mi amor murió en llanto, lo se…

Quizás sigue vivo José David, no lo sé, lo que si estoy segura, es que jamás
se olvidó de mí y eso es muy malo… Pues no se olvido de lo que fui…

Hay muchas veces casos sin aclarar, sin saber a dónde vallan a parar
Las situaciones siempre son las mismas, las decisiones siempre son peores.

La tristeza se apodera de la belleza de los días y las noches se congelan
se vuelven de insomnio y pesadillas casi vivas que atormentan en agonía.

Cuantas veces, cobardes somos y no queremos aceptar la verdad y ese amor.
Yo a José David jamás olvidare, pues él me quiso a mí, y por el fui lo que cometí.

Nos hacemos daño al negarnos el cariño de quien nos aprecia, pero que malo
cuando te aprecian varios. Entonces si los aprecias, surge el peor engaño…

Muchas veces pase noche sin dormir, vi fantasmas, me estremecí en lágrimas.
Entre sueños quiero decir; no te alejes, no me dejes, vuelve junto a mí…

Pero al despertar, no hay nada que decir, nos quedamos mudos y todo se vuelve fin.
Porque si seguimos, dañamos dos amores ciegos, los matamos lentos…

Cuando el adiós se dice entre las personas que se quieren, que se anhelan,
dejan en el que era su sitio, un hueco, que no importa el tamaño ni el impacto.

Es ese hueco que nadie podrá volver a llenar nunca en la vida de él ser olvidado.
Entonces surge la tristeza, se crean miles de problemas, nacen muchos rencores…

Tantos problemas reflejados en la vida del otro, inseguridad, dolor, actitudes,
problemas familiares, hasta llegar a esos momentos tan dolorosos.

Ahora la vida está loca, zafada, sin frenos y no suele ser amada, siendo descuidada.
las situaciones empeoran, las consecuencias físicas, psicológicas muy seguras.

Pero lo peor de todo es cuando la consecuencia termina en la muerte furtiva.
Podría decir que muchas veces ya es demasiado tarde. Y la muerte lleva al cobarde.

Decir adiós, no es cualquier cosa, es decir fin, es dar todo en cinco letras, es sacrificio
es amor. Decir a dios también es rencor, in-voluntad, decirlo de igual nos afecta…

Yo no digo adiós, siempre digo hasta pronto, aunque a José David, se lo trago el suelo
y ese hasta pronto, no se volvió a ver jamás, todo término, pero olvidarlo nunca pasara.

Hay palabras que debimos decir y nunca dijimos, pero a quienes aún se nos da la oportunidad podemos redimir esas faltas con muchas otras ocasiones de amor a los amigos, a la familia, a quien nada tiene, a quien le falta todo. No será nunca igual, pero ciertamente, quien ya no está sigue entre nosotros mientras le llevemos y le recordemos y es cierto aunque suene a cliché. Y cantar al amor, cantar al dolor es la mejor forma de desahogo que existe. Bello tu relato y reflexivo. Besos.
 
Decir adiós en la vida, cuando el momento sin tanto cuento lo amerita.
Pero que difícil se traspasa en la negación de los seres que se aman.

Un número grande es el que ha crecido en las muchas tragedias surgidas
cuando el añorado corazón se aleja de su pecho, y aquel cariño se niega.

Si el camino es grande y muchas veces se cambian los pasos de rumbo,
el corazón sangrante huye herido, y el pecho destrozado, queda vacío.

Entonces la amargura, soledad y monotonía se vuelve la vida, y las letras
lloran angustias, y la vida queda vacía, de todo ese gozo que fue marchado.

Para que decir adiós entonces, si el amor fluye y la amistad no se esconde.
Se aviva el color del sol, y el gris empieza aburrir nuestra hermosa canción.

Cuantas promesas se han dicho por todos, y para todos, promesas sin vicio.
Cuantas palabras quedaron en aquellas ganas de seguir vivo. Vivo para él.

Pidiendo no decir adiós, el ser amado, se ha olvidado de lo que siempre fue.
Cuantas veces dije, no me digas a dios. Y sin querer, me quede sin el amor.

El amor de la vida muere, sin la respiración, fallece lento, decae al paso lento.
Tantas veces nos segamos en laberintos sin salida, buscando quien nos guie...

La necesidad aprende a comer, se alimenta de lo que se fue, y muere cada vez.
Cuanta necesidad brota de lo que está por partir, yo no pude insistir, me deje morir.

Hace mucho tiempo, cuando amaba a José David, si nunca se me ha olvidado
le quería decir, que solo a él lo había amado, que disfrutaba ese amor infiel.

Que lo apreciaba con cariño, a veces fui infiel, pero que nunca le traicione.
Que moriría por él, que me quería morir junto a su cuerpo, unidos los dos.

Esa vez no dije más, no me despedí de su amor infiel solo hui, no dije adiós.
Cuantos años han pasado, y no deje que volviera a mi lado, pues mala fui.

Seis años han pasado, de aquel amor desamparado, cuando el adiós se marchito
y mi amor se escondió, se hundió, en lágrimas de aquel adiós que jamás sucedió.

¡Oh cuanto quería yo a José David!, estaba loco igual que yo, nos queríamos, sí,
pero a nuestro modo, y así sobreviviríamos los dos, todo era hermoso y sin fin.

Antes de que ese adiós no se culminara, fue el principio de años de tristeza,
de años de amor que no siguió su paso y que solo en mi pecho se quedaran…

¿Qué habrá pasado de él? La verdad no lo sé, en la última llamada le dije;
sin titubeos que no le quería volver a ver, que no me buscara que no le amaba.

Si lo quería, tal vez hasta le amaba, pero no quería herirlo, porque yo no sabía
dejar el cariño, de quien me lo brindaba. Mi amor murió en llanto, lo se…

Quizás sigue vivo José David, no lo sé, lo que si estoy segura, es que jamás
se olvidó de mí y eso es muy malo… Pues no se olvido de lo que fui…

Hay muchas veces casos sin aclarar, sin saber a dónde vallan a parar
Las situaciones siempre son las mismas, las decisiones siempre son peores.

La tristeza se apodera de la belleza de los días y las noches se congelan
se vuelven de insomnio y pesadillas casi vivas que atormentan en agonía.

Cuantas veces, cobardes somos y no queremos aceptar la verdad y ese amor.
Yo a José David jamás olvidare, pues él me quiso a mí, y por el fui lo que cometí.

Nos hacemos daño al negarnos el cariño de quien nos aprecia, pero que malo
cuando te aprecian varios. Entonces si los aprecias, surge el peor engaño…

Muchas veces pase noche sin dormir, vi fantasmas, me estremecí en lágrimas.
Entre sueños quiero decir; no te alejes, no me dejes, vuelve junto a mí…

Pero al despertar, no hay nada que decir, nos quedamos mudos y todo se vuelve fin.
Porque si seguimos, dañamos dos amores ciegos, los matamos lentos…

Cuando el adiós se dice entre las personas que se quieren, que se anhelan,
dejan en el que era su sitio, un hueco, que no importa el tamaño ni el impacto.

Es ese hueco que nadie podrá volver a llenar nunca en la vida de él ser olvidado.
Entonces surge la tristeza, se crean miles de problemas, nacen muchos rencores…

Tantos problemas reflejados en la vida del otro, inseguridad, dolor, actitudes,
problemas familiares, hasta llegar a esos momentos tan dolorosos.

Ahora la vida está loca, zafada, sin frenos y no suele ser amada, siendo descuidada.
las situaciones empeoran, las consecuencias físicas, psicológicas muy seguras.

Pero lo peor de todo es cuando la consecuencia termina en la muerte furtiva.
Podría decir que muchas veces ya es demasiado tarde. Y la muerte lleva al cobarde.

Decir adiós, no es cualquier cosa, es decir fin, es dar todo en cinco letras, es sacrificio
es amor. Decir a dios también es rencor, in-voluntad, decirlo de igual nos afecta…

Yo no digo adiós, siempre digo hasta pronto, aunque a José David, se lo trago el suelo
y ese hasta pronto, no se volvió a ver jamás, todo término, pero olvidarlo nunca pasara.
Ayyy Geor, cuánto cuesta decir adiós, es mejor un "hasta siempre" porque nunca sabemos cuando nos volveremos a encontrar. Sea como fuere, vamos por la vida dando pasos de ciego y tropezamos una y mil veces, pero lo importante es que nos levantemos y sigamos adelante sin volver la vista atrás... Me encantó leerte querida amiga. Besazos con cariño y admiración....muáááááááá...
 

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