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Dejarás de ser recuerdo

Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu
 
dice un poema que leí hace muchos años que los trenes son de los enamorados, ly.

a mí, en lo particular me fascinan los trenes y las estaciones. tienen algo especial... esa sensación, la línea del horizonte, la comunión de personas transitoriamente, en una dirección.... has reflejado bien en tu poema ese ethos, de encuentros y de despedidas.

un gusto pasar.

salud a vos, ly.

p.d. la foto me trae a la memoria alguna estación a la que viajaba en tren en mis días de universidad.
 
Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu


El olvido es una utopía, y muchas expresiones acerca de él, son solo deseos profundos del corazón.
Creo que al decir "olvido", lo que decimos en realidad es "te suelto", o "lo que me afectaba de tu persona ya no me ensombrece o no me limita". Se trata de seguir viviendo., de abordar otro tren hacia un destino mejor.
Los perros son criaturas angelicales y ese ser que también se ilumina al final, es un gran símbolo dentro de tu poema.
Disfruto de tus escritos, amiga y admiro mucho tus letras.
Un gran abrazo.
 
Me recordó la estación de Shibuya... aunque bien pudo ser la de Durán, o la Gare de Oriente... existen tantas emociones por las bienvenidas y despedidas.
Las paredes se saturan de lágrimas y risas, de alegrías y desasosiegos.

Las partidas rasgan el alma, y toma tiempo suturar esas heridas.

A veces quedan cicatrices dolorosas, cuyo roce se vuelve insensible con el tiempo.
Nuevas, diferentes alegrías, o la simple compañía aleja las memorias más tenues.
Un fado mezcla tantas cosas, que hasta la pena se vuelve almíbar.

Abrazos Laly.
 
Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu
Hola, querida Laly.
Un poema maravilloso de estaciones y despedidas, y el olvido...
Ha sido un gran gusto pasar.
Te dejo un gran abrazo!!
 
Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu
A veces duele la nostalgia y se viste de tristeza. Ese lamento de la despedida que perdura y muere de ausencias. Melancolía que se vuelve soledad. Soledad a veces compartida con un perro que nos mira con ojos limpios, como si entendiese nuestro dolor. Traqueteo de un tren, vías que buscan horizontes lejanos, infinitos de vagones condenados a no encontrarse.
Me gusta tu poesía en lo que tiene de íntimo y personal. Esas palabras que construyen versos cargados de sentimiento. Un sentir que llega a tus lectores e impacta con tus letras.
Gracias por brindarnos un poema tan bello.
Un abrazo. Felices días.
 
Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu
Me encantan los poemas de trenes, siempre cuentan distintas historias, recordé una vez que ví una película, y lloré como si hubiese Sido real.

Los poemas también tienen de eso.


Felicidades querida Laly.

Un abrazo desde el sur de mi corazón.
 
Dejarás de ser recuerdo

Recuerdo el traqueteo del tren
al salir de la pueblerina estación.
Quedó tu perfume amaderado
engarzado en la brisa de otoño;
tu mirada esquiva,
tus hombros caídos como
si una gran culpa te hundieran
en el asiento raído.

Me recuerdo con las mejillas húmedas
y un frío casi invernal que me brotaba
desde dentro del pecho.
Y un viejo perro de mirada triste
que se sentó a mi lado
gimiendo hasta que oscureció.

Hoy el tren como el otoño
ya están muy lejos.
El viejo perro, aún sin nombre, y yo
hoy caminamos bajo un tibio sol.
El con su cola inquieta y ojos dulces
me recuerda que debo olvidarte.


iu
Te ha quedado un poema de imágenes vívidas, muy acendradas. Lo he sentido hondamente, amiga Laly.
Gracias por traerlo.
Abrazo afectuoso.
 

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