Sinuhé
Poeta adicto al portal
I
La cordillera.
Eran cinco los años del invierno pasado.
Eras, el pretexto de vivir;
la sombra de tu piel en el país de las luces.
Venías, del verde color de los rebaños del musgo;
el vino rojo, acuático mundo de tus venas.
Marchitaste mi clamor ausente, el delirio;
el pálido rumor del horizonte en la niebla que te cubre.
Eras, la estación en el cansancio; el manto, la corriente.
II
La tierra toca tus pasos;
el fulgor de los siglos inventa tu espejismo.
Existes, en el tortuoso vaivén y el fuego te rescata
de la muerte, en mí.
Sigue el rumor. La sombra de la tarde es, tu fábula.
III
Te sientas al medio del corredor
y tu pelo se desborda en el cuento del lago.
Tu mirada de cristal estalla;
soportas la quietud del camino... así esperas.
Tu esperanza es, la fe en el pasado:
el día que termina y tú, errante fugitiva.
IV
Eran cinco los años,
la vida era... tu sueño; la hora de la paz.
Perdonas, el mes del calor;
tu mano se acaricia.
La cordillera.
......
.....
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La cordillera.
Eran cinco los años del invierno pasado.
Eras, el pretexto de vivir;
la sombra de tu piel en el país de las luces.
Venías, del verde color de los rebaños del musgo;
el vino rojo, acuático mundo de tus venas.
Marchitaste mi clamor ausente, el delirio;
el pálido rumor del horizonte en la niebla que te cubre.
Eras, la estación en el cansancio; el manto, la corriente.
II
La tierra toca tus pasos;
el fulgor de los siglos inventa tu espejismo.
Existes, en el tortuoso vaivén y el fuego te rescata
de la muerte, en mí.
Sigue el rumor. La sombra de la tarde es, tu fábula.
III
Te sientas al medio del corredor
y tu pelo se desborda en el cuento del lago.
Tu mirada de cristal estalla;
soportas la quietud del camino... así esperas.
Tu esperanza es, la fe en el pasado:
el día que termina y tú, errante fugitiva.
IV
Eran cinco los años,
la vida era... tu sueño; la hora de la paz.
Perdonas, el mes del calor;
tu mano se acaricia.
La cordillera.
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