Lirae
Poeta que considera el portal su segunda casa
El amor se me hace ajeno, aun cuando está entre los escalones de la casa gris. De la casa de mis amores.
Mirar fuera, en estas tardes de otoño, me hace ver todo con tanta claridad que el dolor hace que tanto mis ventanas como las de esta casa destilen agua prensada, pisada como viña añeja.
Me paro a pensar muchas veces, porque no se que decisiones tomar en todos los caminos que cada día se me abren desde que la edad de despertar se hizo dueña de mi.
Es bueno, es deseable no ser nunca una infante, más poco recomendable para la inocencia.
Duele muchas veces, cuando te das cuenta que no te ha quedado tiempo para las mariposas encogidas en el estomago, o para contar quizá cuentos de princesas enamoradas a tus futuras generaciones, más si tengo cuentos para pensar, cuentos para que despierten y no se dejen llevar por un romanticismo que aunque agradable suele ser efímero y engañoso.
Veo a ese amor que amo como lo mas amado, insisto en la palabra amor, porque no se puede sentir mas que el que estoy sintiendo, y vuelvo cómo no, a repetirme. Entendedme por favor. No quiero morir sin dejar el acceso al corazón abierto, sin dejar la abertura a las palabras que delaten de alguna forma lo que vivo sin sentido.
Lo veo de lejos, lo abrazo tan cercano como si no hubiera piel entre nosotros y le deseo todo lo bueno, todo lo leal, todo lo deseable y siento no poder acompañarle por la responsabilidad que la vida impone.
Me giro para cerciorarme de que he tomado la mejor decisión, y allí está ella, casi sin ropas que del frio la cubran, busco entre sus enseres algún abrigo que resalte su belleza, más no tiene. Parece que sus cuidadores la han dejado a la intemperie y siento que debo hacer algo por ella. No tengo muchos medios, pero aun me queda mi sustento, no me importa venderlo, con tal de que ella no pase frío, no sienta el abandono.
Abandono, esa es la palabra que debería ser borrada del diccionario, esa palabra hostil que desangra las esperanzas y las ilusiones hace tan efímeras que parecen utopía.
Esa palabra que rompe la fe a jirones , que deja presa la autoestima y hace que esta dude ante cualquier entrega.
Abandono.
Nunca abandonará mi corazón aquello que ama.
Nunca dejará de servir a aquellos por los que vive.
Nunca dejará de acariciar sus pieles cuando la fiebre se haga presente.
Nuca dejará que sientan miedos.
PD. Estás salidas se hacen cada vez mas oscuras. Cada vez, siento que es tiempo más vivido que el real. Como la vida misma, producen dolor . Aunque es cierto que no existen los prejuicios y puede uno acercarse a la situación, sin el temor impuesto de los ojos que todo lo juzgan.
SHA.