La distancia alarga
la desdicha,el resquemor,
tal vez nos sepa amarga
con gotitas de rencor.
Lo peor es si el olvido
amenaza con memoria,
cuando todo lo vivido
es un trozo de la historia.
La amistad más duradera
termina cualquier día ,
de los dos, no sé quien era,
el que siempre acudía.
Me suena a despechada,
los romances que te escribo,
mejor no decir nada,
pónme tú el adjetivo.
No busquemos más culpables,
solo daña aquel que quiere,
conozco tantos miserables,
¿cómo hallar lo que no hubiere?
Así que mejor con el recuerdo,
de un pasado de amistad,
ni tú ganas, ni yo pierdo,
ni en tu edén, ni en mi ciudad.
Fuera el vino convertido
en vinagre sentimentalista,
tú eras viejo conocido,
yo jóven con poca vista.
Cada cual por su lado
del lado golfo de la vida,
no preguntes qué ha pasado
al final de la partida.
Y sigamos con los vicios
como buenos caballeros,
tú sacandote de quicio,
yo tan rico sin dinero.
Y la infancia pues hay queda
y resacas y novias y ceniza,
y la cara y la cruz de la moneda
y octubre dando la paliza.
R. Anyolini
la desdicha,el resquemor,
tal vez nos sepa amarga
con gotitas de rencor.
Lo peor es si el olvido
amenaza con memoria,
cuando todo lo vivido
es un trozo de la historia.
La amistad más duradera
termina cualquier día ,
de los dos, no sé quien era,
el que siempre acudía.
Me suena a despechada,
los romances que te escribo,
mejor no decir nada,
pónme tú el adjetivo.
No busquemos más culpables,
solo daña aquel que quiere,
conozco tantos miserables,
¿cómo hallar lo que no hubiere?
Así que mejor con el recuerdo,
de un pasado de amistad,
ni tú ganas, ni yo pierdo,
ni en tu edén, ni en mi ciudad.
Fuera el vino convertido
en vinagre sentimentalista,
tú eras viejo conocido,
yo jóven con poca vista.
Cada cual por su lado
del lado golfo de la vida,
no preguntes qué ha pasado
al final de la partida.
Y sigamos con los vicios
como buenos caballeros,
tú sacandote de quicio,
yo tan rico sin dinero.
Y la infancia pues hay queda
y resacas y novias y ceniza,
y la cara y la cruz de la moneda
y octubre dando la paliza.
R. Anyolini