Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Brincan las hadas,
con la cuerda del destino,
si las quimeras esperan,
el confuso veredicto,
Con la jalea perdida,
entre fresas amargas,
con azúcar envenenada,
que el bufón degusta...
El vino amargo,
con roja sangría,
entre manzanas prohibidas,
hoy descanso mi paso...
Quiera la Luna servirse,
de experiencias arcanas,
con el delirar de fiebres,
con el deseo de pieles...
Camino amarillo,
sin mago alguno,
que se convierta en rojo,
cuando termine con tu cuerpo,
para beberme tu alma,
comerme tus entrañas...
¡Sádicas miradas!
que levanten en los montes,
el volcán de pasiones,
que se surcan entre picos de nieve...
Trecientas treinta y tres días,
trecientas treinta y tres noches,
que marcan el número,
que todos temen,
que yo aguardo...
Seis cientos sesenta y seis latidos,
para despertar a la bestia,
que arroje su fuego,
que arroje su manto,
Encadenado a mis palpitaciones,
dominaré la Roma perdida,
congelando Troya,
Matando a Zeus...
La Indra despierta,
con los ojos vendados,
mientras Krishna espera,
con el alfanje en mano,
para pelear a mi lado...
Oro y joyas,
de tiempos perdidos,
que atragante a los necios,
porque el silencio es mío...
Que tiemble la noche,
con el rugir de cadenas,
que se arrastren los muertos,
que colecciono por millares,
mientras sean frescos,
sus corazones idiotas...
Monstruo de siete coronas,
que lama mis botas,
mientras limpie el agujero,
llamado infierno en la tierra,
¡Marchitas rosas!
¡Malditos ustedes!
¡Con rabia os dejo!
¡Mi legado entre estrellas!
con el Sol negro,
de eclipse temprano...
Estandartes ligeros,
banderas sangrantes,
con nombre de guerra,
e himno de cuna...
Ojos grises,
ojos serenos,
que atrape los justos,
y desmiembre a los mentirosos,
Que me pierda en el Harem,
donde mi lujuria se sacie,
entre hermosas doncellas,
que terminarán muertas al alba...
¿No es así algo gratificante?
¿No es así ser rey entre reyes?
¡Veneno y sangre!
¡Sangre y veneno!
que entre tu tierno sexo,
acabaré derramado...
Con la copa de mi oro,
en su cáliz de mi semen,
que espera ansioso deslizarse...
¡Vientos sublimes!
¡Fuegos eternos!
¡Espada flameante!
¡Mi firma!
¡Mi alma!
¿Y tú?
L.V.
con la cuerda del destino,
si las quimeras esperan,
el confuso veredicto,
Con la jalea perdida,
entre fresas amargas,
con azúcar envenenada,
que el bufón degusta...
El vino amargo,
con roja sangría,
entre manzanas prohibidas,
hoy descanso mi paso...
Quiera la Luna servirse,
de experiencias arcanas,
con el delirar de fiebres,
con el deseo de pieles...
Camino amarillo,
sin mago alguno,
que se convierta en rojo,
cuando termine con tu cuerpo,
para beberme tu alma,
comerme tus entrañas...
¡Sádicas miradas!
que levanten en los montes,
el volcán de pasiones,
que se surcan entre picos de nieve...
Trecientas treinta y tres días,
trecientas treinta y tres noches,
que marcan el número,
que todos temen,
que yo aguardo...
Seis cientos sesenta y seis latidos,
para despertar a la bestia,
que arroje su fuego,
que arroje su manto,
Encadenado a mis palpitaciones,
dominaré la Roma perdida,
congelando Troya,
Matando a Zeus...
La Indra despierta,
con los ojos vendados,
mientras Krishna espera,
con el alfanje en mano,
para pelear a mi lado...
Oro y joyas,
de tiempos perdidos,
que atragante a los necios,
porque el silencio es mío...
Que tiemble la noche,
con el rugir de cadenas,
que se arrastren los muertos,
que colecciono por millares,
mientras sean frescos,
sus corazones idiotas...
Monstruo de siete coronas,
que lama mis botas,
mientras limpie el agujero,
llamado infierno en la tierra,
¡Marchitas rosas!
¡Malditos ustedes!
¡Con rabia os dejo!
¡Mi legado entre estrellas!
con el Sol negro,
de eclipse temprano...
Estandartes ligeros,
banderas sangrantes,
con nombre de guerra,
e himno de cuna...
Ojos grises,
ojos serenos,
que atrape los justos,
y desmiembre a los mentirosos,
Que me pierda en el Harem,
donde mi lujuria se sacie,
entre hermosas doncellas,
que terminarán muertas al alba...
¿No es así algo gratificante?
¿No es así ser rey entre reyes?
¡Veneno y sangre!
¡Sangre y veneno!
que entre tu tierno sexo,
acabaré derramado...
Con la copa de mi oro,
en su cáliz de mi semen,
que espera ansioso deslizarse...
¡Vientos sublimes!
¡Fuegos eternos!
¡Espada flameante!
¡Mi firma!
¡Mi alma!
¿Y tú?
L.V.