Otra noche de dormitar
entre el calor del ambiente y las ventanas abiertas,
siento la brisa corretear por los rincones de esta casa sola,
golpeando su cuerpo en las paredes y rosando mi rostro.
El aire se siente intenso y sofocante , tan palpable,
como la gota de sudor, que bailotea por una montaña,
con un camino que me lleva al fin.
Mis ojos ya no ven, ya no escuchan, ni hablan...
se echan sobre el extraño hechizo de imaginar,
se entregan a los brazos de ese paisaje que es puro candor,
e inevitablemente sueñan.
Sueñan que siempre van a ser dos.
entre el calor del ambiente y las ventanas abiertas,
siento la brisa corretear por los rincones de esta casa sola,
golpeando su cuerpo en las paredes y rosando mi rostro.
El aire se siente intenso y sofocante , tan palpable,
como la gota de sudor, que bailotea por una montaña,
con un camino que me lleva al fin.
Mis ojos ya no ven, ya no escuchan, ni hablan...
se echan sobre el extraño hechizo de imaginar,
se entregan a los brazos de ese paisaje que es puro candor,
e inevitablemente sueñan.
Sueñan que siempre van a ser dos.