ecos del silencio
Poeta adicto al portal
La tarde me ha invitado a la vereda
de un bosque que jamás he caminado,
recorro con mis ojos a lo lejos, las hojas,
las distancias, lo elevado.
Aquí cabe el rugido de mis duelos,
Aquí puedo llorar, lo no llorado,
los hilos del caudal de tantos años ,
la oscura tempestad casi desnuda,
el incendio de mi pecho postergado.
Sí.
Me alzo en la colina a voz en cuello,
cual rayo que atraviese las montañas,
maldigo a viva voz tu fría herencia,
las voces de esperanzas derruidas
y el beso de aquel Judas en mi frente.
Maldigo aquellas manos retorcidas
con pasos calculados y dementes.
No hay perdón, no hay perdón
Ni en la vida, ni en la muerte.
de un bosque que jamás he caminado,
recorro con mis ojos a lo lejos, las hojas,
las distancias, lo elevado.
Aquí cabe el rugido de mis duelos,
Aquí puedo llorar, lo no llorado,
los hilos del caudal de tantos años ,
la oscura tempestad casi desnuda,
el incendio de mi pecho postergado.
Sí.
Me alzo en la colina a voz en cuello,
cual rayo que atraviese las montañas,
maldigo a viva voz tu fría herencia,
las voces de esperanzas derruidas
y el beso de aquel Judas en mi frente.
Maldigo aquellas manos retorcidas
con pasos calculados y dementes.
No hay perdón, no hay perdón
Ni en la vida, ni en la muerte.
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