valentino arrabal
Poeta recién llegado
Yo la mire y ella seguía desapareciendo, no podía mirarme siquiera porque sus ojos ya no estaban. Sólo estaban mis ojos y no podría hacer menos que esperarla a que ella volviese. Aunque ya no me viese como yo esperase que me viera: dibujándome en su memoria con cada detalle que esperase no olvidar cada vez que me sienta desaparecer de su lado, cuando le diga, que te estoy perdiendo. Pero ella me dice, que mis ojos están mintiendo, que el que está desapareciéndose soy yo. Que ella está donde siempre estuvo su corazón. Y me pregunta: ¿Dónde está tu corazón? ¿Sabes dónde habita tu corazón? ¿Sabes por qué late tu corazón?...Yo nunca supe responder, sólo sé que mi corazón sabe una cosa: que la distancia que separa a dos corazones no es tal cuando el sendero que los comunica es el sentimiento de no haberse consumado las ganas de amar. Y mis ganas de amarla sigue intacta aunque cada vez que la miro ella sigue desapareciendo o como cree ella, que me estoy desapareciendo. No será acaso que nuestra forma de amarnos consiste precisamente en eso: Desaparecernos mutuamente. Por eso lo mío es un continuo desaparecer pero amándonos o amándonos hasta desaparecer.