Sepan bien que esto no es una joda. Esta mañana tomé desayuno con Dios. Es más normal de lo que uno cree. No tenía hambre, solo tomó una taza de té verde, excusando problemas recientes de digestión. Inmediato repliqué por una explicación que justifique cómo el creador de todo puede tener alguna molestia o problema físico. Me sugirió que no es bueno preguntar tanto en la vida y que las verdaderas respuestas nacen fuera de los signos de interrogación. He sido un poco descuidado fue lo único que dijo luego de mi insistencia. Empecé a contarle mis anécdotas más entretenidas, que por cierto ya las sabía todas, lo que me impedía completamente engrandecer las historias y entusiasmarlo, a pesar de su rostro amable y buena disposición, porque su total omnisciencia revelaría cualquier intento de mentir o exagerar los detalles que hacen que un suceso sea divertido. Como él solo escuchaba atentamente y frente al complicado riesgo de imperfección que sufrían mis memorias, volví a tomar el camino inicial.
-¿Cuáles son tus planes futuros con el mundo?
-Yo solo creé la Tierra y la naturaleza. Lo que sucede desde ahí es cosa de ustedes los humanos, los animales y todo lo que contiene la creación.
-Pero no te puedes quedar quieto ante situaciones que no podemos controlar nosotros, como los fenómenos naturales que destrozan ciudades enteras y quitan muchas vidas inocentes.
-Créeme chico, si pudiera haría algo, pero hoy solo soy un espectador más de este gran espectáculo. Para mí el mundo es un teatro y ustedes son los protagonistas. Como toda obra, novela, historia o película, el fin no es concreto hasta que llega.
-Entonces, ¿eres simplemente el arquitecto del mundo?
-Así es, con la diferencia que observo todo el tiempo lo que sucede en mi gran obra.
-Bueno, pero que sea ¿sabes lo que va a pasar en el futuro?
-Pero ¿qué crees que soy? Eso es imposible, nadie puede.
-Eres Dios, el creador de todo, no puede ser que no hagas nada.
-Chico, entiende que me jubilé el día que terminé el mundo hace millones de años. Pero que conste que me demoré mucho más que lo que trabaja un hombre viciado al trabajo. Eso te lo aseguro.
Aburrido de mis preguntas existenciales me dijo que se tenía que ir, porque iba a ver algo muy especial.
-Pero Dios, ¿no que no sabías nada de lo que va a pasar?
Antes de responderme y sin despedirse, Dios desapareció.