kico
Poeta recién llegado
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DESCUBRIENDO A
ANA
POR FRANCISCO JAVIER RETUERTO GONZALEZ
(KICO)
Comenzado el 4 4 - 2013
2
Quiero agradecer el apoyo y el ánimo que me han hecho
llegar, dándome fuerzas para desarrollar esta historia.
Ellos y ellas han contribuido de una forma especial a que
este libro se haya hecho real Gracias.
Esta historia está dedicada a todos los que sueñan con
un Mundo mejor
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Era Semana Santa del 2013, e íbamos a casa de mi abuela
Lola, a pasarla con ella, mi tía Teresa y su hija Marta.
Tenía muchas ganas de llegar y volverme a encontrar con
mi prima. Manteníamos contacto por facebook, pero
desde el verano no nos habíamos visto. Ella tiene 12 años
y yo 13, así que tenemos muchas cosas en común.
Aparcamos en la puerta y mientras sacábamos el equipaje
salieron las tres a recibirnos. Después de los saludos y
unos besos, entramos a dejar las cosas. Mi abuela estaba
muy a legre, al contrario que mi tía. Su separación era
reciente y todavía lo estaba pasando mal.
Cogí a mi prima de la mano y nos fuimos a dar una vuelta
por el pueblo.
- ¿Estarás contento?
- ¿Por qué lo dices?, ¿por las notas?
- No, no, por la novieta que tienes
- Ja, ja, solo somos amigos que se lo pasan bien juntos.
- Ya, ya, o sea, ¿que no me vas a contar nada?
- Digamos que nos estamos conociendo.
- Y dime Miguel, ¿Cómo se llama?, porque por facebook
no sueltas una palabra
- Se llama Esther y es muy inteligente, además de muy
guapa.
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Nos sentamos en un banco del parque y le confesé lo que
realmente sentía.
- Lo cierto es que cada día me gusta más, y me da miedo
decírselo.
- ¿Por qué?
- Porque es una chica muy popular y tiene muchos amigos
y no sé si querrá salir conmigo.
- Atrévete y díselo, ¿qué puede pasar?, que te diga que
no y sigáis siendo amigos
- O que no quiera salir conmigo y deje de ser mi amiga.
- Bueno, pues vete preparándolo poco a poco, seguro que
tú te das cuenta cuando es el momento, pero creo que
tienes que hacerla ver que te gusta.
- Vale, lo pensaré, pero vamos a hablar de otra cosa
Estuvimos un buen rato tranquilos, charlando en el
parque hasta que nos entró hambre y nos fuimos a
merendar.
Sentados en la cocina, comiéndonos un bocata, se me
ocurrió una idea
- Marta, ¿Te apetece que subamos al desván, a ver qué
hay?
- Vale.
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Subimos al desván que estaba lleno de polvo y nos
pusimos a husmear. Estaba lleno de cosas: una mecedora,
una librería llena de libros, un sofá, un montón de cajas y
más cosas
De repente me fijé que en una caja, en donde pegaba un
rayito de Sol, sobresalía un cuaderno naranja, lo cogí y lo
abrí por la primera página. Había escrito un titulo.
DESCUBRIENDO A ANA, por Antonio Ochoa Pérez, era
mi abuelo, pase la pagina y empecé a leer.
Escribo este cuaderno con la intención de dar más
realidad a esta historia y de este modo podérsela hacer
llegar a otras personas.
Yo no suelo escribir y realmente sé que va a suponer un
esfuerzo, pero siento que va a merecer la pena.
Estaba intrigado, por el titulo parecía que iba a tratar de
una historia con una mujer, pero ahora sentía que este
cuaderno contenía algo muy importante. Me fijé en
Marta que estaba ojeando los libros y pensé que era
importante que ella también participara de este
descubrimiento y la llamé.
- ¡Marta!, ven, mira, he encontrado un cuaderno del
abuelo que parece muy interesante.
- Voy, estaba mirando los libros del abuelo y algunos
parecen muy raros, ¿Qué has encontrado?
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- No lo sé muy bien, se titula, Descubriendo a Ana, pero
parece que el abuelo habla en el de algo más que de un
encuentro con una mujer. Me gustaría que lo leyéramos
juntos.
- Vale, asintió Marta.
Nos sentamos cómodamente en el sofá viejo y continué
leyendo.
En este cuaderno quiero contar la historia que estoy
viviendo con Ana, Ana no es una mujer, es un
conjunto de cosas, de conocimientos, ideas y sobre todo
magia
Todo empezó poco a poco, un día que puse la compra
sobre la mesa, observé que el nombre de Ana estaba muy
presente en los objetos que componían la compra. En el
nombre de la marca de la leche, en las galletas, en el vino
y en algún sitio más. No pude pensar otra cosa que era
algo curioso, y no le di mucha importancia. Pero como
digo, poco a poco Ana empezó a entrar en mi vida, cada
vez con más fuerza. Veía la televisión y decían ese
nombre muy a menudo, me fijaba en las imágenes y cada
dos por tres lo veía. Un día, iba por la calle y de repente
una madre llamaba a su hija Ana. Y así montones de cosas
que me hicieron pensar, que algo estaba pasando.
Entonces decidí tratar el tema con más atención, me
compre un cuaderno y unas pinturas y me senté en la
mesa. No tengo muchos conocimientos, dejé los estudios
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con poco más que los conocimientos básicos y no había
leído muchos libros. Pero aun así me entregué a la tarea
de conocer mejor que había en este nombre, que se me
estaba mostrando de esta manera tan insistente.
Abrí el cuaderno por la primera página y escribí
ANA
Y me concentré en las letras, en el conjunto, intenté
profundizar en lo que me hacía sentir y de repente pensé
en números y convertí las letras de Ana en los números
correspondientes, el 1 para la Aes y el 14 para la N
1141
Lo observé y seguía sin ver nada. Volví a fijarme en las
letras, con la idea de los números en la cabeza y entonces
vi algo interesante
Eran tres letras construidas con tres trazos, así que escribí
el número,
3 Después pensé, si este es el número
principal, quizá el siguiente sea la parte central, la N, el
14
y escribí
314
Este número me decía algo, pero no sabía qué. Pensé cual
podía ser el siguiente y probé con la suma de todas las
letras,
16 y entonces lo vi
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3´1416
Recordé que este es el número, Pi y que es un número
muy especial, y al ver que este número está de esta
manera tan clara en Ana me alegro mucho y me dio
nuevas fuerzas para continuar investigando.
Paré de leer, para ver que le parecía a mi prima lo que
estaba leyendo. A mí me estaba llenando de curiosidad y
me estaba atrapando.
- ¿Qué te parece lo que estamos leyendo, Marta?
- Me parece muy apasionante y tengo muchas ganas de
que sigas leyendo.
- A mí también me está gustando mucho, a si que
continuo...
Me di cuenta que para poder hacerlo bien, tenía que
buscar información que me ayudara. Sabia de Internet y
que era un recurso con muchas posibilidades, pero
desconocía totalmente las nuevas tecnologías, a si que
opte por lo tradicional y busqué ayuda en los libros. Había
leído algunas cosas interesantes de joven y así es que
sabía de la existencia de conocimientos esotéricos, que
ahora me parecía muy apropiado retomar.
Primero me fui a la biblioteca a echar un vistazo. No vi
gran cosa, de hecho no encontré ningún apartado de
ciencias ocultas y cuando le pregunté al bibliotecario me
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dijo. en el pueblo casi nadie lee esas cosas, así que cogí
el autobús y me fui a una biblioteca especializada en
esoterismo en la ciudad.
Compré un libro de numerología, otro de metafísica para
principiantes, otro de iniciación a la alquimia, un tratado
de magia blanca y también un libro de parasicología. Y
con todo ello me volví al pueblo.
Cuando llegué me puse a continuar leyendo el libro de
iniciación a la alquimia que ya había empezado a leer en
el autobús.
Estuve una semana entregado a la lectura de los libros y
esto fue enriqueciendo mi mente con nuevas ideas y
planteamientos diferentes de los que tenía. En estas
semanas había estado más desconectado de la
percepción de Ana, pero la idea estaba muy presente y
es así que retomé la experiencia con fuerzas renovadas.
Volví a sentarme en la mesa con el cuaderno y continué
Pasé de página y volví a escribir el nombre. Entonces
empezaron a venirme un torrente de ideas.
Los antiguos alquimistas hablaban de tres sexos: El
femenino, el andrógino y el masculino. Y vi la relación que
había con Ana, las Aes son triángulos y los triángulos
dependiendo de la situación de su vértice, son el símbolo
de lo femenino o de lo masculino, Entonces volví a
escribir Ana pero de otra manera
10
N
Me pareció muy interesante y a la vez me di cuenta que
esa misma experiencia, se da en cada una de las letras.
Miguel
Me interrumpió mi prima.
- Dime Marta.
ANDROGINO
ANDROGINO
M
A
S
C
U
L
I
N
O
F
E
M
E
N
I
N
O
M
A
S
C
U
L
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N
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F
E
M
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N
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N
O
F
E
M
E
N
I
N
O
M
A
S
C
U
L
I
N
O
ANDROGINO
FEMENINO
ANDROGINO
MASCULINO
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- ¿Qué te parece si paramos y vemos un poco la tele?
- ¿No te está gustando?
- Sí, si me está gustando, pero, como se dice, lo poco
agrada y lo mucho cansa.
- Entiendo, pues vamos a ver la tele.
Lo cierto es que lo hacía a regaña dientes. Me estaba
llegando con fuerza la historia del abuelo y quería saber
más.
Bajamos al salón y sentada en el sillón estaba la abuela, le
pregunté.
-¿Que sabes de la historia del abuelo con Ana?
Vi como la abuela ceñía los ojos, y parecía como si le
hubieran apretado el corazón con la mano y en unos
segundos cambió, como si se hubiera dado cuenta de
algo y una sonrisa volvió a su cara.
- Ah, te refieres a lo que vivió el abuelo con ese nombre
por un momento pensé que el abuelo había tenido una
amante.
- Jajaja, me refería a eso, ¿Que sabes de esa historia?
- La verdad es que no mucho. La historia del abuelo con
ese nombre empezó unos meses antes de su muerte, al
principio me lo contaba, estaba muy ilusionado, me decía
que veía en ello algo mágico, que era como si de repente,
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algo que ha estado toda la vida contigo, pasando
desapercibido, se mostrara con claridad, y al ir
descubriéndolo, la vida tuviera más sentido. Al principio
me contaba sus avances, pero yo no le presté mucha
atención. Así que poco a poco dejo de hablarme de ello.
La verdad es que esa historia le fue cambiando, se volvió
más activo y optimista, llego a comprarse libros para
estudiarlo y esas cosas que vivía tan intensamente, le
acompañaron hasta el día de su muerte, en la que cayó
fulminado sobre el cuaderno donde estaba escribiendo.
Cuando le vi en la mesa con la cabeza entre los brazos,
pensé que se había quedado dormido y cuando le vi la
cara relajada y feliz, supe después que había muerto en
paz.
Era una historia extraña y me hizo pensar
Nos pusimos a ver la tele mis padres y mi tía no estaban y
le pregunte a mi abuela.
- ¿Dónde están mis padres y la tía?
- Se han ido a tomar algo, tu tía necesitaba dar una
vuelta.
- Vale, gracias.
- Pensé en mi tía y en mi prima, en cómo les afectaba esta
separación y me di cuenta que Marta no me había dicho
nada, era como si esto no tuviera que ver con ella. Pensé
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en preguntarle, pero me pareció que sería mejor cuando
estuviésemos solos.
Estuvimos viendo la televisión un buen rato sin decir
nada, hasta que la abuela se levantó y nos pregunto.
- ¿Qué queréis cenar, pareja?
- ¿Qué Hay? Preguntó Marta.
- Hay muchas cosas pero me gustaría saber que os
apetece.
Le dije a Marta que a mí me apetecían espaguetis y la
pregunté que le apetecía a ella.
- A mí también me apetecen, con carne y tomate. Dijo
Marta.
Dije en voz alta a mi abuela que estaba en la cocina.
- Abuela, ¿nos puedes hacer unos espaguetis con carne,
tomate y queso?
- Claro que si, os vais a chupar los dedos.
- Abuela, no te olvides de ponerles un buen trozo de
mantequilla. Le dije.
- No se me olvidará, dijo ella.
- Gracias abu, dijimos al unísono Marta y yo.
Y seguimos viendo la tele, y entonces recordé lo de antes
y le pregunté a Marta.
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- ¿Cómo llevas lo de la separación de tus padres?
- No quiero pensar en ello. No lo entiendo Estaban tan
bien y de repente, ¡ZAS!, lo dejan y a demás no me han
explicado por qué.
- Bueno si lo han dejado, por algo será. Y si no te han
dicho el motivo, quizá sea para no hacerte daño.
- Sí, si todo eso está muy bien, pero el caso es que mi
familia se ha roto y no tengo ni idea porque, y no sé qué
hacer y prefiero no pensar en ello.
- Vale Marta, si te sienta mejor, dejamos de hablar del
tema.
- Sí, lo prefiero.
Seguimos con la tele. De repente apareció el nombre de
Ana en la emisión e inmediatamente conecte con la
historia del abuelo. Me entraron ganas de subir al desván
a seguir leyendo, pero me contuve y me quedé sentado
dejando fluir los pensamientos, sin hacer caso de la
televisión
Cuando pasó un rato, la abuela dijo desde la cocina.
- Esto está casi a punto, ir poniendo la mesa. Ponerla para
tres, ellos ya cenarán cuando lleguen.
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Cenamos y recogimos los platos y Marta le dijo a la
abuela.
- ¿Quieres que friegue los platos?, abuela.
- No hija, no, muchas gracias, ya se fregarán más tarde
todos juntos.
Nos pusimos a ver la tele los tres y de repente, dijo la
abuela.
- Si fuésemos como Dios manda, no pasarían tantas
calamidades
- ¿A qué te refieres abuela?, le dijo Marta.
- A tantas cosas que pasan pon la mala cabeza de las
personas.
- Aah, dijimos los dos y nos quedamos con la boca abierta.
Al rato llegaron mis padres y mi tía. Parecía que venían un
poco contentos, seguramente por el alcohol. Cosa que me
extrañó, ya que mis pares no solían beber.
- Buenas noches, nos dijeron.
- Buenas noches, les contestamos.
- Poco más y nos encontráis en la cama, espero que por lo
menos lo hayáis pasado bien. Les dijo medio enfadada la
abuela.
- Sí, lo hemos pasado bien, hemos estado hablando y
tomando unas cervezas en el bar. Teresa necesitaba
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desahogarse Y se nos ha hecho un poco tarde. Os
pedimos disculpas. Dijo mi madre.
- Bueno, bueno ¿y cómo estás, Teresa? Le preguntó mi
abuela.
- Algo mejor, pero el alcohol me hace sentirme como una
tonta. Antes estaba enfadada y ahora, mírame, me
encuentro como una estúpida que no se entera de nada.
Estaba mirándolos desde un lado del sofá, cuando vi
como marta giraba la cabeza y me miró, como si se le
hubiese encendido una luz en la cabeza. La tía estaba
realmente afectada, tanto por el alcohol, como por la
separación.
- Venga dejaros de charla y poneos a cenar. Les dijo la
abuela.
Cenaron y se sumaron a nosotros a ver la tele, hasta que
nos fuimos a la cama a descansar. Yo estuve un buen rato
pensando en el abuelo y en las cosa que habían pasado
este día.
Los días fueron pasando muy deprisa, y cuando nos
quisimos dar cuenta ya era sábado y fue después de
comer, sentado en el sofá, que recordé la historia del
abuelo. Le pregunté a Marta si la apetecía que
subiéramos al desván a seguir leyendo.
- Prefiero ir a dar un paseo y si quieres después subimos a
leerla.
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Salimos a la calle y nos pusimos a andar.
- Estos días he estado pensando en mis padres y creo que
ya entiendo lo que ha pasado. Mi padre ha sido infiel a mi
madre y el muy Mientras daba una imagen a mi madre,
haciéndola creer que todo iba bien, mientras se veía con
otra mujer.
Después de un largo silencio, hablé.
- Puede ser que sea eso, y que esa fuera la causa de que
no te lo contaran. Por un lado el se sentía como un cerdo
y por otro, tu madre se sentía traicionada, y no quería
que la vieras como una mujer débil.
- Tiene mucho sentido y ahora entiendo
- ¿Qué quieres decir?
- Cosas que pasaron que no tenían mucho sentido. Que se
perdiera algún fin de semana con pretextos absurdos o su
olvido de cosas importantes.
- Yo no entiendo mucho la vida de los adultos, pero a
medida que voy teniendo más conocimiento, veo que a
veces, es difícil hacer lo correcto, y que resulta más fácil
dejarse llevar. Aunque sea que eso nos lleve a la
perdición.
- Bueno, parece que para mi padre ha sido así, y que se ha
dejado llevar por sus bajos instintos y lo que ha
conseguido es hacer daño a dos personas que le quieren.
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- No sé qué decirte Marta, quizá, que de esta manera,
habéis podido conocer mejor a tu padre y ahora podréis
seguir sin él y sin sus engaños.
Nos quedamos un rato callados y dejamos que la vida
con sus sonidos llenara el silencio.
- ¿Volvemos a casa a leer el cuaderno del abuelo? La
pregunté.
- Vale, pero sin prisas. Y rió.
Llegamos a casa y subimos al desván, fui al sofá y cogí el
cuaderno que estaba sobre él, me senté y cuando me
disponía a abrirlo, Marta puso su mano sobre él y lo
empujó hacia abajo con su mano izquierda, a la vez que
se subía al sofá de rodillas y entonces empezó a acercar
su boca a la mía
El pulso se me acelero y no me llegaba la sangre a la
cabeza. La pregunté.
- ¿Qué haces?
- Quiero darte un beso.
- ¿Quizá deberías preguntarme si quiero que me lo des ?
- ¿No quieres?
- Bueno lo cierto es que no estoy seguro.
- Entonces calla
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Y acercó sus cálidos labios a los míos. Sentí como
nuestros labios se confundían el uno con el otro. Como
fluía la vida en ellos y entonces una luz se me encendió y
la aparté suavemente de mi.
- ¿Qué pasa?, ¿no te gusta?
- No es eso.
Lo cierto es que estaba siendo el beso más bonito de mi
vida y entonces la mentí.
- Mira Marta, ya te he contado que Esther me gusta y no
la quiero traicionar.
- Pero si no estáis saliendo.
- Bueno lo que quiero decir es que no quiero traicionar a
mi corazón y mi corazón está con Esther.
- Entiendo. Dijo ella afligida.
No sé qué hubiera pasado si la hubiese dicho la verdad.
Que ese beso me estaba gustando tanto, que me estaba
entrando vértigo y que si hubiese seguido hubiese
perdido la cordura.
- Entonces, ¿no estás enfadada?
- No, para nada.
Entonces me di cuenta que se me habían esfumado las
ganas de leer. Pero me pareció que sería interesante
mirar los libros del abuelo.
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- Yo me voy a bajar, ¿tú qué haces? Me preguntó
Marta.
- Yo voy a mirar los libros del abuelo, a ver qué
encuentro.
Me puse a mirar los libros, a ojearlos un poco, no
conocía los temas de lo que trataban y no sabía muy
bien que buscar Metafísica, parasicología, alquimia,
numerología y cosas de las que nunca había oído
hablar. Me dejé llevar por la intuición y cogí el libro de
metafísica, el de numerología y el de alquimia, los
aparté y abrí un cajón y encontré un colgante. Era una
cruz dentro de un círculo, con una piedra en medio. Me
gustó, la puse en mi mano y la observe más
atentamente. Realmente tenía algo interesante. Me lo
colgué. Era un poco grande, pero me sentía a gusto con
él puesto. Me lo quite y bajé al salón.
- Abuela, me gustaría pedirte un favor.
Le dije acercándome al sillón donde estaba sentada.
- ¿Qué favor quieres?, hijo.
- Quería que me dejases un tiempo unos libros del
abuelo y su cuaderno naranja.
- Claro, no un tiempo, te lo puedes quedar para
siempre. Aquí nadie los va a leer.
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- Gracias abuela, y este colgante, de quien es. Le dije
enseñándole la mano en donde lo tenía.
- A ver Nunca lo había visto, será algo del abuelo. Si lo
quieres te lo puedes quedar también.
No pensaba pedírselo, y que me lo diera me Alegro
mucho.
- Muchas gracias abuela.
- De nada hijo, espero que estas cosas te sirvan de algo.
- Seguro. La dije creyéndomelo realmente.
Subí de nuevo al desván, a coger el cuaderno y los
libros, para llevarlos a mi habitación y ponerlos en una
bolsa aparte del equipaje. Ya lo tenía casi todo
recogido y me senté un momento en la cama, para leer
un poco más del cuaderno del abuelo.
Después de esto que os he contado, me dedique un
tiempo a pensar sobre ello y empecé a ver más cosas
en Ana.
Lo que os voy a enseñar me costó tiempo verlo, pero
cuando lo vi, me pareció algo mágico. Vi que
claramente Ana muestra un 3, y que la suma de los
lados de las Aes y de la N, suman 9, con lo que
tenemos, 3,9 y si lo multiplicamos, 3x9= 27 lo que es lo
mismo que 3 elevado a 3 o sea, 3x3x3=27 y esto es un
cubo de 3x3x3, y si lo pintas o lo desarrollas, puedes
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ver que en esos 27 cubos, que forman este cubo
mayor, el cubo del centro, hace el número 14, o sea la
N de Ana. Veréis en el dibujo del cubo evolucionado,
la importancia que tiene este cubo central.
Quiero deciros que en el colegio se me daban muy bien
los dibujos con regla, aun así, me ha costado mucho
esfuerzo, llegar a conseguir poder dibujarlo. Espero
que a vosotros os parezca tan mágico como me parece
a mí. Encontré en él una relación increíble entre Ana
y estos aspectos Universales
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Como veis, el cubo desarrollado de esta manera, muestra
en su interior una figura, una cruz cúbica
Compuesta por un cubo central, del que evolucionan
otros 6 cubos. 16 Que os parece, en el interior del
cubo está el número de Ana, 1 14 - 1 = 16
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Y es así que en la cruz cúbica, se puede ver como estas
relaciones, traen ideas que tal vez sea importante tener
en cuenta.
Estaba extasiado, parecía mágico, como mi abuelo había
sido capaz de comprender y percibir estas cosas tan
increíbles.
Me quede un buen rato mirando los dibujos y pensando,
hasta que oí a mi abuela llamarme.
- Dime abuela. Le dije asomándome por la puerta.
- ¿Quieres merendar?
- Sí, ¿Qué hay?
- A Marta le he hecho un bocadillo de chorizo. ¿Te
apetece?
- No, ahora no. ¿Hay queso?
- Sí, tengo uno muy rico, te preparo un bocadillo, verás
cómo te gusta.
- Gracias abuela.
En la mesa estaban sentados mis padres y mi tía, parecía
que estaban enfadados. Agucé el oído mientras me
sentaba con Marta en el sofá.
- Lo que tienes que hacer es divorciarte y dejarte de
tonterías. Le decía mi madre a mi tía.
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- Es que le sigo queriendo y aunque ha sido algo muy
gordo, mi corazón le perdona.
- ¡Ya!, pero piensa, si te ha hecho esto ahora que todavía
eres joven y guapa, ¿Qué pasara cuando dentro de unos
años dejes de serlo?
- No sé. ¿Y si no lo vuelve a hacer?
Deje de prestar atención a la conversación y le pregunte a
Marta.
- ¿Llevan mucho tiempo así?
- No sé, cuando vine ya estaban.
- ¡Miguel!... tu bocata. Decía la abuela mientras se
acercaba.
- Gracias, ¡guapa! Le dije con cariño.
Me puse a comérmelo mientras veía la tele. Estaba
realmente rico el queso. Pensé Mañana en Madrid No
sé si llamar a Esther o esperar a que me llame. La verdad
es que tengo muchas ganas de verla. Mejor espero a que
me llame ¿Y mis amigos? Los tengo olvidados. Estoy
pensando que lo que realmente me apetece es estar
tranquilo en mi habitación y seguir leyendo el cuaderno.
Quiero ver hacia donde me lleva su lectura, quiero
conocer más de la historia que cuenta el abuelo y saber
que hay en todo ello. Siento que la historia de Ana es
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muy amplia y que de alguna manera me ha llegado por
algo
Mi abuela se sentó en el sillón, a ver la tele con nosotros
mientras mis padres y mi tía seguían hablando. Era
pronto y se me ocurrió que quizá a mi prima le apetecería
salir
- Marta, ¿te apetece salir un rato?
- No Miguel, no tengo ganas. Me dijo un poco fría.
Quizá está enfadada por lo del beso, pensé Intentaré
animarla contándole una historia que escribí el año
anterior, la recordada bien.
- Marta, ¿te apetece que te cuente una historia?
- Depende que historia.
- Es una fabula sobre un gorrión que tenia vértigo
- ¿Es muy larga?
- Quizá un poco.
- Bueno cuéntamela, pero si no me gusta, lo dejamos.
- Vale, pero vamos al patio, que estaremos más
tranquilos.
- De acuerdo.
Nos sentamos en unas sillas y empecé a contar la
historia
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Era la época de cría, y una pareja de gorriones tenía
problemas con su huevo. La madre estaba incubándolo
cuando por vigésima el padre se poso a su lado.
- ¿Ya está? Pregunto a la madre.
- No, no está, no te preocupes tanto.
- ¿No será que está enfermo?
- No está vivo y sano, solo es que se retarda.
- Me voy a volar un poco a ver si me tranquilizo. Y levanto
el vuelo.
La madre empezó a sentir como el ser que estaba dentro
del huevo empezaba a intentar salir. Llamo a su pareja, y
esta llego al instante, justo cuando el polluelo empezaba
a aparecer rompiendo el cascarón.
- Por fin, ya estás aquí, nos tenias muy preocupado.
Le decía el padre mientras el pollito intentaba sacar la
cabeza.
- Creo que necesita ayuda, dijo el padre muy angustiado.
- Ya sabes que no se le puede ayudar, que esta es su
primera prueba y que en ella demostrara que está
preparado para vivir esta vida. Dijo la madre tajante.
Miré como marta se iba enganchando al relato y la
pregunte.
- ¿Qué te está pareciendo?
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- Curioso, sí que me gustaría que me contases más. Que
me digas como un gorrión puede tener vértigo y que lo
hagas de manera que sea divertido.
- Continúo
El polluelo, poco a poco, pudo salir, y sus padres se
alegraron mucho. La madre dijo al padre que fuese a
buscar comida. El pollito empezó a piar como un
desesperado pidiéndola. El padre emprendió el vuelo, y la
madre tiró los restos del huevo fuera del nido. Al rato
llego el padre con una pequeña fruta madura y la dejó en
el nido a los pies de la madre. Esta empezó a coger
pequeños pedazos y se los fue dando al pollito. Cuando
no estaba con la boca llena, el pollito no hacía más que
decir con su sonique comida, comida. Que es lo primero
que dicen los gorriones, cuando nacen y lo pían
continuamente durante el tiempo que dependen de sus
padres.
- Vaya, si que tenía hambre, dijo la madre después de
darle el ultimo pedazo de fruta.
- Crees que le bastara por ahora, ¿o voy a buscar más?
- Parece que se está quedando dormido, si quieres te
quedas tú y yo me voy a por algo para cuando se
despierte. Dijo la madre.
Así turnándose, estuvieron tiempo alimentando al
pollito, Hasta que un día en el que habían dejado al
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novatillo solo, se cayó del nido con él. Cuando llegaron los
padres alarmados por no ver el nido en su sitio, se
temieron lo peor. Pero por suerte el novatillo no se había
hecho nada, aparentemente.
- Y ahora que hacemos, no podemos hacer otro nido de la
noche a la mañana Dijo el padre.
- Tendremos que pasar la noche escondidos en algún
arbusto, y mañana ya veremos que hacemos.
Llego la noche y los tres gorrioncillos se juntaron los unos
pegaditos a los otros e intentaron pasar la noche. A mitad
de la noche sintieron un animal que se acercaba
olisqueando.
- Mama tengo miedo. Dijo el novatillo, pegándose más a
sus padres.
Era una comadreja Aguantaron la respiración y por un
momento creyeron que estaban perdidos, pero la
comadreja pasó de largo y respiraron aliviados.
Miraba a Marta, como iba viviendo la experiencia y como
a cada cosa que pasaba en el relato, ella reaccionaba. No
quería alargarlo mucho pero sí que quería contar una
buena historia que tuviese una buena moraleja.
- Porque poquito, dijo el padre.
- En cuanto amanezca, solucionamos esto. Yo no paso
otra noche más como esta. Dijo la madre.
30
Cuando empezó a clarear salieron de debajo de los
arbustos.
- He estado pensando toda la noche y se me ha ocurrido
que podría subir el nido a lo alto de los arbustos y ahí
estaríamos seguros. Dijo el padre.
- Me parece muy bien, pero, ¿podrás con él? Dijo la
madre.
- Lo intentaré, si no puedo tendremos que hacerlo entre
los dos y si tampoco, tendremos que pensar otra cosa.
- Papas yo no quiero que me coma un animal, he pasado
mucho miedo. Dijo el novatillo.
- Tranquilo pequeño, ya verás cómo lo solucionamos.
Digo el padre.
Cogió el nido con las garras e intento subirlo, lo elevaba
un poco y no podía más. Hizo varios intentos y al final
desistió.
- Creo que tendrás que ayudarme. Le dijo a su
compañera.
- Vale, yo cojo de un lado y tú coges del otro y lo
levantamos a la vez. Dijo la madre.
Y así hicieron, y al primer intento consiguieron subirlo a lo
alto de los arbustos. Cuando lo iban a dejar caer la madre
se soltó y se quedo el padre con todo el peso. Casi se le
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rompieron las alas de tanto esfuerzo. Dejo caer el nido
como pudo, dejándolo medio colocado sobre los arbusto
- UFF!! Creía que me moría. Dijo el padre exhausto.
- Creo que si lo movemos un poco se quedara bien. Dijo la
madre.
- ¡Que bien!, ¡que bien!, ya tenemos de nuevo el nido.
Decía el novatillo dando saltitos.
- Bueno voy a descansar y luego lo coloco. Dijo el padre.
Así fue como recuperaron el nido, y los días pasaron y
llego el momento de que el novatillo empezara a volar. Él
lo intentaba, pero cuando se elevaba uno o dos palmos,
le entraba angustia y no podía volar más. Sus padres se
preocuparon y no sabían qué hacer. Pensaron que con el
tiempo se la pasaría y acabaría volando como cualquier
gorrión.
A si fue, que el novatillo se pasaba el día en el suelo
dando saltitos y entonces sus compañeros de nidada
empezaron a reírse y a mofarse de él.
- Mírale, vuela menos que una lombriz. Dijo uno riéndose.
- Eres la vergüenza de los seres que vuelan. Dijo otro con
rabia y sorna.
Así se pasaban el día y el gorrioncito no sabía dónde
meterse. Hasta que un día apareció una gorriona de su
quinta y se les enfrento.
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- ¡Que!, os parecerá bonito, meteros con él. Me gustaría
veros a vosotros en su misma situación, a ver qué os
parecía no poder volar como un gorrión normal y que
encima se rían de ti.
- No si no queremos meternos con él, pero es tan
patético, ahí, dando saltitos como una rana dijo el mas
fanfarrón de ellos.
- Ya veo, te parece patética la incapacidad de un
compañero, y en vez de comprender su dolor, todavía le
haces sentirse más inútil
- Bueno, no nos dábamos cuenta que le hacíamos sufrir.
Pensábamos que se lo tomaba en broma. Dijo otro de
ellos.
Y la gorrioncilla se acercó al novatillo y se apiado de él.
- No los hagas caso, son unos inmaduros, yo te ayudaré.
Mis padres saben de un búho que está en el bosque, creo
que te podrá ayudar. ¿Quieres que vayamos a verlo a ver
que nos dice? L e propuso la gorriona.
- ¿Está muy lejos? Pregunto el gorrioncillo.
- No lo sé, pero creo que no está muy lejos y creo que te
podrá ayudar.
- Vale. Dijo el gorrioncillo lleno de esperanza. Pero ante
tengo que decírselo a mis padres.
Los llamo y al rato aparecieron.
33
- Papas, voy a ir con esta amiga a ver si el búho puede
ayudarme a solucionar mi problema.
- Claro, ojala tengas suerte y encuentres el modo de
resolverlo. Dijo la madre.
- Animo hijo, ya verás cómo tiene solución. Dijo el padre.
- Tener cuidado y tú cuida de nuestro pequeño. Dijo la
madre dirigiéndose a la gorrioncilla.
- No tengan cuidado yo me ocuparé de él. Dijo la
gorrioncilla.
Y juntos se fueron a adentrarse en el bosque, el
gorrioncillo dando saltitos y la gorriona adelantándose y
volando cerca de él, marcándole el camino.
En una ocasión que se acercó la gorrioncilla, él la
preguntó.
- ¿Y tú sabes bien a donde vamos?
- No del todo, mis padres me dijeron que vivía en un claro
del bosque, y creo que es por aquí.
Siguieron avanzando y de repente la gorrioncilla se acerco
a él y le dijo.
- Más adelante hay un claro, y creo que es allí.
Llegaron al claro y él gorrioncillo empezó a decir ¡Señor
búho, señor búho!
34
- ¡Calla, calla!, no llames la atención, a lo mejor al señor
búho no le gusta y se enfada con nosotros
- ¿Y entonces qué hacemos?
- Esperar, antes o después aparecerá.
Esperaron un rato y de repente haciendo un vuelo
majestuoso apareció el búho, posándose cerca de ellos.
- Me habíais llamado. Preguntó el búho.
- Sí, queríamos hablar contigo. Le dijo la gorrioncilla.
- ¿Y de que queréis hablar?
- Veras, mi amigo tiene un problema, no puede volar, solo
se levanta uno o dos palmos.
- Te paso algo siendo más joven. Le pregunto al
gorrioncillo.
- Me caí del nido, y creo que es por eso que ahora cuando
subo un poco de altura me entran agobios y no puedo
volar.
- Seguramente que sea por eso, hay una palabra que lo
define bien, vértigo. Dijo el búho, haciéndole un guiño al
gorrioncillo.
- ¿Y tiene cura? Preguntó la gorrioncilla.
- Seguro que sí. Dijo el búho.
Y los gorrioncillos se alegraron de oírlo.
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- ¿Y cuál es la cura? Pregunto el gorrioncillo.
- Despacio, despacio, para daros la cura primero me
tendréis que demostrar que sois dignos de ella. ¿Estáis
dispuestos a pasar la prueba?
- No sabemos, depende de la prueba Dijo la gorrioncilla.
- Una respuesta inteligente. Le dijo el búho.
- Os voy a plantear un acertijo, si lo adivináis, entonces os
ayudaré.
Los gorrioncillos se miraron y asintieron a la vez.
- Estamos de acuerdo, dinos el acertijo. Dijo la
gorrioncilla.
- ¿Quién?, cuando hace frío, nada, cuando hace calor,
vuela, y cuando no hace ni frío ni calor, recorre los
caminos No tengáis prisa en contestar, yo me voy y
volveré al atardecer, y si tenéis la respuesta correcta os
ayudare con vuestro problema Os daré una pista para
que no os sea tan difícil Nunca llueve a gusto de todos.
Hasta la tarde.
El búho alzó el vuelo y se perdió por la espesura del
bosque.
Me estaba dando cuenta que el cuento estaba atrapando
a Marta y la pregunté.
- ¿Te está gustando?
36
- Sí, sí, ¿y cuál es la respuesta al acertijo? Me pregunto
llena de ansiedad.
- Tendrás que adivinarla o esperar a que siga el cuento
- Sigue, sigue. Me pidió llena de ganas de que continuara.
Los gorrioncillos se entregaron a la tarea, compartiendo
ideas y posibles soluciones. Sé olvidaron hasta de comer y
beber.
- Sí puede volar, tiene que ser un pájaro. Dijo el
gorrioncito tajante.
- Sí y a demás tiene que saber nadar, pero que pájaro
vuela y nada
Y los dos dijeron al unísono. ¡El pato! Y se miraron a los
ojos, esa alegría desapareció al momento de la
gorrioncilla.
- Ahora que lo pienso, cuando hace calor el pato está en
el agua y vuela, si hace calor, como si hace frío. Dijo la
gorrioncilla
- Tienes razón, ¿pero quién puede ser sino? Dijo el
gorrioncillo
- No sé, lo mejor que podemos hacer es ir a comer y si no
se nos ocurre nada, cuando venga el búho le decimos que
creemos que es el pato.
- Vale.
37
L a gorrioncilla guió a su compañero hasta un manantial
de agua cerca de unas plantas con semillas y allí se
quedaron comiendo un buen rato. Llevaban desde la
mañana sin comer, y estaban hambrientos.
Cuando estaba cayendo el sol volvieron al claro del
bosque. No se les había ocurrido ningún otro candidato y
la pista que le dio el búho, les había confundido más que
ayudarlos.
Apareció el búho más majestuoso que la otra vez. Se posó
cerca de ellos y les preguntó.
- ¿Sabéis ya la solución del acertijo?
- No estamos seguros pero creemos que es el Pato. Dijo
la gorrioncilla.
- Lo siento pero no.
- Y esto que quiere decir. ¿Qué ya no nos vas a ayudar?
Dijo el gorrincillo medio asustado.
- Veréis como habéis demostrado querer conseguir mi
ayuda, os voy a dar otra oportunidad. Pensad durante la
noche a ver si os llega la inspiración. Yo por la mañana
vendré a veros, a ver si tenéis la solución. Os diré una
cosa para ayudaros. La magia es como el amor, solo, es
una gota, pero al unirse hacen mares.
Bueno os dejo, que os fluyan las ideas y a ver si dais con
que es. Hasta mañana.
38
- Hasta mañana. Se despidieron los gorrioncillos del búho.
- Creo que lo sé. Dijo la gorrioncilla.
- La última frase me lo ha aclarado. Pero no te lo voy a
decir voy a dejar que uses tu mente a ver si tú también lo
descubres. Le dijo al gorrioncito.
- Como eres, me vas tener toda la noche en ascuas anda
dímelo
- No mejor no, y no te preocupes porque estoy segura al
cien por cien.
Pasaron la noche en protegidos en unos arbustos
tranquila y agradable. Y a la mañana siguiente volvieron a
donde habían estado las otras veces con el búho y le
esperaron
De improviso y sin hacer casi ruido el búho se les apareció
por detrás dándole un susto.
- Ya estoy aquí. Dijo posándose junto a ellos.
- Y entonces, ¿sabéis ya la solución?
- Lo tenemos claro, diría yo que cristalino, ji, ji. Dijo la
gorrioncilla entre risitas.
- Vaya por tu respuesta intuyo que lo sabes. ¿Y tú qué
dices amigo? Dijo el búho dirigiéndose al gorrioncillo.
- Yo no he dado con una respuesta.
39
- No importa, sois un equipo y que lo conozca uno es
suficiente. Y dime amiga, cual es la respuesta.
- El agua, eso creo.
- Pues es correcto, es el agua, que cuando hace frío se
congela y flota en él mismo agua, cuando hace calor se
evapora y se convierte en nube y cuando hay una
temperatura intermedia fluye por donde puede. A sí que
como lo habéis conseguido os diré la manera de
solucionar el problema A unos tres días, a paso del
gorrioncillo, hay una pequeña montaña que en esta
época del año se muestra de color violeta, en su cima,
también en estas fechas, florece una única flor naranja,
esa flor, es la flor de los deseos, si se arranca y se pide un
deseo, cuando la dejas caer, el deseo se cumple. Solo hay
un problema, que para que se cumpla, si quien pide el
deseo puede llegar hasta ella, tiene que ser él o ella el
que la arranque. No puedes pedir un deseo de otro, tiene
que ser el que quiere que se cumpla, el que lo pida. Y eso
es todo. Ahora os deseo todo lo mejor y que tengáis
mucha suerte en vuestra aventura.
- Gracias búho, has sido muy amable. Dijo la gorrioncilla.
- Sin ti, no sé que hubiese podido hacer, muchas gracias
búho. Dijo el gorrioncillo.
Y emprendieron viaje hacia la montaña violeta, a poco de
empezar dijo la gorrioncilla a su compañero.
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- Voy a avanzar a ver dónde está la montaña, tú sigue
camino, no tardaré mucho, no hables con nadie y ten
cuidado.
Y la gorrioncilla se perdió por el cielo en busca de la
montaña. Él gorrioncillo continuó y al rato vio a un animal
de espaladas que se movía muy lento, se acercó a él y le
saludo.
- ¡Hola! le dijo el gorrioncillo.
El animal se dio la vuelta, le miró con curiosidad y le
saludó.
- Hola gorrión.
- ¿Qué eres tú? Le preguntó el gorrioncillo.
- Soy un topo.
- ¿Y por qué te mueves tan despacio?
- Los topos somos así, no tenemos prisa, las únicas veces
que corremos son, o para escapar de un peligro, o para ir
detrás de la pareja. Disfrutamos la vida con tranquilidad.
- Entiendo, y esa es tu casa. Dijo refiriéndose al agujero
que estaba al lado del topo.
- Sí, esta es, tengo varias como esta y la verdad es que me
has encontrado de casualidad, yo me paso el día bajo
tierra.
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En ese momento apareció la gorrioncilla y se mostró muy
enfadada.
- ¿Qué haces? No te dije que no hablaras con nadie. Le
dijo al gorroncillo.
- No pasa nada, es un topo y no me ha comido. Le dijo él,
medio en broma.
- Bueno vámonos. Le ordeno la gorriona.
- Ha sido un placer conocerle señor topo, hasta otra.
- Hasta otra gorrión. Y se metió en su agujero.
Entonces reanudando camino y la gorrioncilla le contó.
- La montaña es muy pequeña, pero es bellísima, está
llena de flores, violetas, moradas, lilas. No me extraña
que se llame la montaña violeta, es preciosa.
Estaba mirando a Marta y casi podía sentir como se
estaba imaginando la montaña Continué
El gorrioncillo le contó a su compañera la experiencia con
el topo, lo tranquilos y sin prisas que viven
Siguieron camino y de vez en cuando la gorrioncilla le
llevaba a un charco de agua o aun poco de comida. En un
momento dado se fue a investigar.
- Voy a ver que hay por ahí, ten cuidado y no hables con
nadie. Le dijo al gorrioncillo.
- Vale, tú ve tranquila yo sigo adelante.
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Y en cuanto se fue la gorrioncilla, vio a un animal que se
paraba cerca de él y pensó en lo que le había dicho la
gorrioncilla, pero no se pudo reprimir y se acercó al
animal.
- Hola. Dijo al animal que no paraba de moverse.
El animal le miro y le saludo.
- Hola, ¿que tal? Dijo al gorrioncillo.
- Bien, ¿y tú? Le pregunto cortésmente.
- Bien, también, pero tengo un poco de prisa, las crías
están al llegar y tendré que ayudar y no tendré mucho
tiempo.
- ¿Y que eres? Le pregunto el gorrioncillo.
- Soy un conejo, un conejo muy atareado.
Y de repente se puso a dar saltos y a ir de un lado a otro.
En ese momento llegó la gorrioncilla.
- ¡Otra vez! Le grito al gorrioncillos.
- Es que no paras, ¿no te dije que no hablaras con nadie?
- Sí, si me lo dijiste, pero tenía curiosidad por conocerlo.
- Bueno vámonos, por lo menos no ha pasado nada.
El gorrioncillo de despidió del conejo que estaba por ahí
dando saltos y no le hizo mucho caso.
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- ¿Y porque tienes tanto miedo de que pase algo? La
pregunto el gorrioncillo.
- No quería decírtelo para no asustarte, pero el bosque es
muy peligroso, y más para ti, que no puedes volar.
- Tendré más cuidado. Le dijo el gorrioncito.
Ya era tarde y la gorrioncilla le propuso a su compañero
buscar un lugar resguardado para pasar la noche.
- ¿Podemos comer un poco antes? Planteó el gorrioncillo.
- ¡Claro! Dijo ella
Y busco un lugar con comida y un poco de agua. Después
se retiraros y buscaron el resguardo de los arbustos, para
pasar la noche.
El gorrioncillo la contó la experiencia con el conejo, y ella
le pregunto.
- ¿Quién te crees que lo hace mejor, el conejo con sus
prisas o el topo con su tranquilidad?
- Bueno yo creo que los dos tienen algo bueno, pero que
lo ideal es una mezcla de los dos. Estar despierto y activo
cuando hay que hacer cosas importantes y ser capaz de
disfrutar de la tranquilidad cuando es posible.
- Me parece una respuesta muy sabia, parece mentira
que sea tan joven y ya pienses con tanta lucidez.
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- Bueno tú eres igual de joven y también has demostrado
ser muy inteligente.
Pasaron la noche sin ningún sobresalto, pero con un ojo
abierto, era la primera noche que pasaban en el bosque y
tenían bastante miedo.
Amaneció y los dos se alegraron de estar junto. La
gorrioncilla busco un lugar con comida que les quedara
de camino y fueron a él a picar algo. Después continuaron
viaje. L a gorrioncilla volaba cerca de él, y él iba
avanzando poco a poco. Pasó la mañana y justo cuando
les estaba empezando a entrar más hambre, encontraron
a la orilla de una charca bastante grande, unos árboles
frutales. La gorrioncilla se puso a picotear un fruto, en lo
alto de un árbol.
- Está muy rico, voy a ver si lo puedo hacer caer.
Y se puso a intentar soltarlo del tallo, hasta que por fin
cayó. El gorrioncillo se acerco a él y lo picoteo. Era
naranja y parecía que le estaba gustando.
- Es muy rico, esta dulce y acido a la vez. Dijo el
gorrioncillo disfrutando.
La gorrincilla se sumó a él y juntos se pusieron a comerlo.
- ¿Qué fruta será? Pensó la gorrioncilla en voz alta.
- Es un níspero. Dijo una rana que estaba en la orilla.
45
- Me alegra que os guste, todos los árboles y la charca
son míos y que sepáis que podéis comeros el níspero
porque yo os dejo.
- Ahh, ¿Qué quieres decir? Pregunto el gorrioncillo.
- Que yo soy su dueña.
- ¿Y qué es ser la dueña? Pregunto otra vez el
gorrioncillo.
- Que yo decido quien se baña en la charca o quien come
los frutos de los árboles.
- ¿Y qué sentido tiene? Volvió a preguntar el gorrioncillo
- Vosotros no lo entendéis pero ser dueño de algo es una
cosa maravillosa. Dijo la rana
- Pues es verdad que no lo entendemos, no vemos la
necesidad de tener. Nosotros disfrutamos de las cosas sin
creemos dueños de ella y somos felices. Dijo la gorrincilla.
- Pero eso es porque nunca habéis tenido nada. ¿No os
gustaría tener esta cosa conmigo? Seríais mucho más
felices. Dijo la rana intentando convencerlos.
- No gracias, preferimos sentirnos libres y no atrapados a
las cosas. Le dijo la gorrioncilla.
- Bueno pensároslo y si cambiáis de opinión, aquí estaré.
Y la rana se metió dentro del agua.
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Lo gorrioncillos siguieron comiendo sin dar mucha
importancia a lo que la rana les habían dicho.
- Esta rana está un poco loca. Dijo el gorrioncillo.
- Creo que alguien debería decirla las cosas con claridad.
Pero nosotros tenemos prisa, otro día vendremos a
hablar con más calma con ella. Dijo la gorrioncilla.
Y cuando terminaron de comer continuaron camino.
Pasaron las horas y el gorrioncillo pregunto.
- ¿Falta mucho para llegar a la montaña?
- No mucho, mañana ya estaremos allí. Dijo la gorrioncilla.
- Ya tengo ganas de llegar, a ver si por fin puedo volar
como un gorrión más.
- No te preocupes, veras como lo conseguimos.
Ya tarde, buscaron un lugar adecuado y se dispusieron a
dormir.
- El bosque está lleno de sorpresas, cada día pasa algo
diferente Me gusta. Dijo el gorrioncillo.
- A mi también, pero veras que cuando puedas volar, la
vida es muy diferente.
- ¿Y cómo es eso de volar? Pregunto el gorrioncillo a su
compañera.
- Es algo maravilloso, puedes ir de un sitio a otro con
rapidez, y puedes subir muy alto y ver muchas cosas.
47
- Estoy deseando poder volar
Y poco a poco se quedaron dormidos. Amaneció un nuevo
día, primero se despertó el gorrioncillo y después
despertó a su compañera.
- Venga dormilona, que ya es de día.
La gorrioncilla se desperezo y le dio los buenos días.
- Vamos a buscar algo de comer, tengo hambre. Dijo el
gorrioncillo.
La gorrioncilla alzó el vuelo y busco un lugar cercano con
comida, llamo a su compañero y los dos se pusieron a
comer unas semillas. Pasado un rato emprendieron de
nuevo camino hacia la montaña violeta, que ya estaba
cerca.
La gorrincilla iba animándole a seguir.
- Venga que ya queda poco, si nos damos prisa estaremos
allí antes de que anochezca.
A mitad de camino encontraron un lago pequeño y se
pararon en la orilla, bebieron agua y se quedaron
mirando a un pato que era muy bonito El pato que vio
que tenia admiradores, se acerco abriendo las alas y
haciendo una exhibición de su belleza.
- ¿Cua, cuanto de bello os parezco? Pregunto el pato
presumiendo.
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DESCUBRIENDO A
ANA
POR FRANCISCO JAVIER RETUERTO GONZALEZ
(KICO)
Comenzado el 4 4 - 2013
2
Quiero agradecer el apoyo y el ánimo que me han hecho
llegar, dándome fuerzas para desarrollar esta historia.
Ellos y ellas han contribuido de una forma especial a que
este libro se haya hecho real Gracias.
Esta historia está dedicada a todos los que sueñan con
un Mundo mejor
3
Era Semana Santa del 2013, e íbamos a casa de mi abuela
Lola, a pasarla con ella, mi tía Teresa y su hija Marta.
Tenía muchas ganas de llegar y volverme a encontrar con
mi prima. Manteníamos contacto por facebook, pero
desde el verano no nos habíamos visto. Ella tiene 12 años
y yo 13, así que tenemos muchas cosas en común.
Aparcamos en la puerta y mientras sacábamos el equipaje
salieron las tres a recibirnos. Después de los saludos y
unos besos, entramos a dejar las cosas. Mi abuela estaba
muy a legre, al contrario que mi tía. Su separación era
reciente y todavía lo estaba pasando mal.
Cogí a mi prima de la mano y nos fuimos a dar una vuelta
por el pueblo.
- ¿Estarás contento?
- ¿Por qué lo dices?, ¿por las notas?
- No, no, por la novieta que tienes
- Ja, ja, solo somos amigos que se lo pasan bien juntos.
- Ya, ya, o sea, ¿que no me vas a contar nada?
- Digamos que nos estamos conociendo.
- Y dime Miguel, ¿Cómo se llama?, porque por facebook
no sueltas una palabra
- Se llama Esther y es muy inteligente, además de muy
guapa.
4
Nos sentamos en un banco del parque y le confesé lo que
realmente sentía.
- Lo cierto es que cada día me gusta más, y me da miedo
decírselo.
- ¿Por qué?
- Porque es una chica muy popular y tiene muchos amigos
y no sé si querrá salir conmigo.
- Atrévete y díselo, ¿qué puede pasar?, que te diga que
no y sigáis siendo amigos
- O que no quiera salir conmigo y deje de ser mi amiga.
- Bueno, pues vete preparándolo poco a poco, seguro que
tú te das cuenta cuando es el momento, pero creo que
tienes que hacerla ver que te gusta.
- Vale, lo pensaré, pero vamos a hablar de otra cosa
Estuvimos un buen rato tranquilos, charlando en el
parque hasta que nos entró hambre y nos fuimos a
merendar.
Sentados en la cocina, comiéndonos un bocata, se me
ocurrió una idea
- Marta, ¿Te apetece que subamos al desván, a ver qué
hay?
- Vale.
5
Subimos al desván que estaba lleno de polvo y nos
pusimos a husmear. Estaba lleno de cosas: una mecedora,
una librería llena de libros, un sofá, un montón de cajas y
más cosas
De repente me fijé que en una caja, en donde pegaba un
rayito de Sol, sobresalía un cuaderno naranja, lo cogí y lo
abrí por la primera página. Había escrito un titulo.
DESCUBRIENDO A ANA, por Antonio Ochoa Pérez, era
mi abuelo, pase la pagina y empecé a leer.
Escribo este cuaderno con la intención de dar más
realidad a esta historia y de este modo podérsela hacer
llegar a otras personas.
Yo no suelo escribir y realmente sé que va a suponer un
esfuerzo, pero siento que va a merecer la pena.
Estaba intrigado, por el titulo parecía que iba a tratar de
una historia con una mujer, pero ahora sentía que este
cuaderno contenía algo muy importante. Me fijé en
Marta que estaba ojeando los libros y pensé que era
importante que ella también participara de este
descubrimiento y la llamé.
- ¡Marta!, ven, mira, he encontrado un cuaderno del
abuelo que parece muy interesante.
- Voy, estaba mirando los libros del abuelo y algunos
parecen muy raros, ¿Qué has encontrado?
6
- No lo sé muy bien, se titula, Descubriendo a Ana, pero
parece que el abuelo habla en el de algo más que de un
encuentro con una mujer. Me gustaría que lo leyéramos
juntos.
- Vale, asintió Marta.
Nos sentamos cómodamente en el sofá viejo y continué
leyendo.
En este cuaderno quiero contar la historia que estoy
viviendo con Ana, Ana no es una mujer, es un
conjunto de cosas, de conocimientos, ideas y sobre todo
magia
Todo empezó poco a poco, un día que puse la compra
sobre la mesa, observé que el nombre de Ana estaba muy
presente en los objetos que componían la compra. En el
nombre de la marca de la leche, en las galletas, en el vino
y en algún sitio más. No pude pensar otra cosa que era
algo curioso, y no le di mucha importancia. Pero como
digo, poco a poco Ana empezó a entrar en mi vida, cada
vez con más fuerza. Veía la televisión y decían ese
nombre muy a menudo, me fijaba en las imágenes y cada
dos por tres lo veía. Un día, iba por la calle y de repente
una madre llamaba a su hija Ana. Y así montones de cosas
que me hicieron pensar, que algo estaba pasando.
Entonces decidí tratar el tema con más atención, me
compre un cuaderno y unas pinturas y me senté en la
mesa. No tengo muchos conocimientos, dejé los estudios
7
con poco más que los conocimientos básicos y no había
leído muchos libros. Pero aun así me entregué a la tarea
de conocer mejor que había en este nombre, que se me
estaba mostrando de esta manera tan insistente.
Abrí el cuaderno por la primera página y escribí
ANA
Y me concentré en las letras, en el conjunto, intenté
profundizar en lo que me hacía sentir y de repente pensé
en números y convertí las letras de Ana en los números
correspondientes, el 1 para la Aes y el 14 para la N
1141
Lo observé y seguía sin ver nada. Volví a fijarme en las
letras, con la idea de los números en la cabeza y entonces
vi algo interesante
Eran tres letras construidas con tres trazos, así que escribí
el número,
3 Después pensé, si este es el número
principal, quizá el siguiente sea la parte central, la N, el
14
y escribí
314
Este número me decía algo, pero no sabía qué. Pensé cual
podía ser el siguiente y probé con la suma de todas las
letras,
16 y entonces lo vi
8
3´1416
Recordé que este es el número, Pi y que es un número
muy especial, y al ver que este número está de esta
manera tan clara en Ana me alegro mucho y me dio
nuevas fuerzas para continuar investigando.
Paré de leer, para ver que le parecía a mi prima lo que
estaba leyendo. A mí me estaba llenando de curiosidad y
me estaba atrapando.
- ¿Qué te parece lo que estamos leyendo, Marta?
- Me parece muy apasionante y tengo muchas ganas de
que sigas leyendo.
- A mí también me está gustando mucho, a si que
continuo...
Me di cuenta que para poder hacerlo bien, tenía que
buscar información que me ayudara. Sabia de Internet y
que era un recurso con muchas posibilidades, pero
desconocía totalmente las nuevas tecnologías, a si que
opte por lo tradicional y busqué ayuda en los libros. Había
leído algunas cosas interesantes de joven y así es que
sabía de la existencia de conocimientos esotéricos, que
ahora me parecía muy apropiado retomar.
Primero me fui a la biblioteca a echar un vistazo. No vi
gran cosa, de hecho no encontré ningún apartado de
ciencias ocultas y cuando le pregunté al bibliotecario me
9
dijo. en el pueblo casi nadie lee esas cosas, así que cogí
el autobús y me fui a una biblioteca especializada en
esoterismo en la ciudad.
Compré un libro de numerología, otro de metafísica para
principiantes, otro de iniciación a la alquimia, un tratado
de magia blanca y también un libro de parasicología. Y
con todo ello me volví al pueblo.
Cuando llegué me puse a continuar leyendo el libro de
iniciación a la alquimia que ya había empezado a leer en
el autobús.
Estuve una semana entregado a la lectura de los libros y
esto fue enriqueciendo mi mente con nuevas ideas y
planteamientos diferentes de los que tenía. En estas
semanas había estado más desconectado de la
percepción de Ana, pero la idea estaba muy presente y
es así que retomé la experiencia con fuerzas renovadas.
Volví a sentarme en la mesa con el cuaderno y continué
Pasé de página y volví a escribir el nombre. Entonces
empezaron a venirme un torrente de ideas.
Los antiguos alquimistas hablaban de tres sexos: El
femenino, el andrógino y el masculino. Y vi la relación que
había con Ana, las Aes son triángulos y los triángulos
dependiendo de la situación de su vértice, son el símbolo
de lo femenino o de lo masculino, Entonces volví a
escribir Ana pero de otra manera
10
N
Me pareció muy interesante y a la vez me di cuenta que
esa misma experiencia, se da en cada una de las letras.
Miguel
Me interrumpió mi prima.
- Dime Marta.
ANDROGINO
ANDROGINO
M
A
S
C
U
L
I
N
O
F
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M
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O
M
A
S
C
U
L
I
N
O
ANDROGINO
FEMENINO
ANDROGINO
MASCULINO
11
- ¿Qué te parece si paramos y vemos un poco la tele?
- ¿No te está gustando?
- Sí, si me está gustando, pero, como se dice, lo poco
agrada y lo mucho cansa.
- Entiendo, pues vamos a ver la tele.
Lo cierto es que lo hacía a regaña dientes. Me estaba
llegando con fuerza la historia del abuelo y quería saber
más.
Bajamos al salón y sentada en el sillón estaba la abuela, le
pregunté.
-¿Que sabes de la historia del abuelo con Ana?
Vi como la abuela ceñía los ojos, y parecía como si le
hubieran apretado el corazón con la mano y en unos
segundos cambió, como si se hubiera dado cuenta de
algo y una sonrisa volvió a su cara.
- Ah, te refieres a lo que vivió el abuelo con ese nombre
por un momento pensé que el abuelo había tenido una
amante.
- Jajaja, me refería a eso, ¿Que sabes de esa historia?
- La verdad es que no mucho. La historia del abuelo con
ese nombre empezó unos meses antes de su muerte, al
principio me lo contaba, estaba muy ilusionado, me decía
que veía en ello algo mágico, que era como si de repente,
12
algo que ha estado toda la vida contigo, pasando
desapercibido, se mostrara con claridad, y al ir
descubriéndolo, la vida tuviera más sentido. Al principio
me contaba sus avances, pero yo no le presté mucha
atención. Así que poco a poco dejo de hablarme de ello.
La verdad es que esa historia le fue cambiando, se volvió
más activo y optimista, llego a comprarse libros para
estudiarlo y esas cosas que vivía tan intensamente, le
acompañaron hasta el día de su muerte, en la que cayó
fulminado sobre el cuaderno donde estaba escribiendo.
Cuando le vi en la mesa con la cabeza entre los brazos,
pensé que se había quedado dormido y cuando le vi la
cara relajada y feliz, supe después que había muerto en
paz.
Era una historia extraña y me hizo pensar
Nos pusimos a ver la tele mis padres y mi tía no estaban y
le pregunte a mi abuela.
- ¿Dónde están mis padres y la tía?
- Se han ido a tomar algo, tu tía necesitaba dar una
vuelta.
- Vale, gracias.
- Pensé en mi tía y en mi prima, en cómo les afectaba esta
separación y me di cuenta que Marta no me había dicho
nada, era como si esto no tuviera que ver con ella. Pensé
13
en preguntarle, pero me pareció que sería mejor cuando
estuviésemos solos.
Estuvimos viendo la televisión un buen rato sin decir
nada, hasta que la abuela se levantó y nos pregunto.
- ¿Qué queréis cenar, pareja?
- ¿Qué Hay? Preguntó Marta.
- Hay muchas cosas pero me gustaría saber que os
apetece.
Le dije a Marta que a mí me apetecían espaguetis y la
pregunté que le apetecía a ella.
- A mí también me apetecen, con carne y tomate. Dijo
Marta.
Dije en voz alta a mi abuela que estaba en la cocina.
- Abuela, ¿nos puedes hacer unos espaguetis con carne,
tomate y queso?
- Claro que si, os vais a chupar los dedos.
- Abuela, no te olvides de ponerles un buen trozo de
mantequilla. Le dije.
- No se me olvidará, dijo ella.
- Gracias abu, dijimos al unísono Marta y yo.
Y seguimos viendo la tele, y entonces recordé lo de antes
y le pregunté a Marta.
14
- ¿Cómo llevas lo de la separación de tus padres?
- No quiero pensar en ello. No lo entiendo Estaban tan
bien y de repente, ¡ZAS!, lo dejan y a demás no me han
explicado por qué.
- Bueno si lo han dejado, por algo será. Y si no te han
dicho el motivo, quizá sea para no hacerte daño.
- Sí, si todo eso está muy bien, pero el caso es que mi
familia se ha roto y no tengo ni idea porque, y no sé qué
hacer y prefiero no pensar en ello.
- Vale Marta, si te sienta mejor, dejamos de hablar del
tema.
- Sí, lo prefiero.
Seguimos con la tele. De repente apareció el nombre de
Ana en la emisión e inmediatamente conecte con la
historia del abuelo. Me entraron ganas de subir al desván
a seguir leyendo, pero me contuve y me quedé sentado
dejando fluir los pensamientos, sin hacer caso de la
televisión
Cuando pasó un rato, la abuela dijo desde la cocina.
- Esto está casi a punto, ir poniendo la mesa. Ponerla para
tres, ellos ya cenarán cuando lleguen.
15
Cenamos y recogimos los platos y Marta le dijo a la
abuela.
- ¿Quieres que friegue los platos?, abuela.
- No hija, no, muchas gracias, ya se fregarán más tarde
todos juntos.
Nos pusimos a ver la tele los tres y de repente, dijo la
abuela.
- Si fuésemos como Dios manda, no pasarían tantas
calamidades
- ¿A qué te refieres abuela?, le dijo Marta.
- A tantas cosas que pasan pon la mala cabeza de las
personas.
- Aah, dijimos los dos y nos quedamos con la boca abierta.
Al rato llegaron mis padres y mi tía. Parecía que venían un
poco contentos, seguramente por el alcohol. Cosa que me
extrañó, ya que mis pares no solían beber.
- Buenas noches, nos dijeron.
- Buenas noches, les contestamos.
- Poco más y nos encontráis en la cama, espero que por lo
menos lo hayáis pasado bien. Les dijo medio enfadada la
abuela.
- Sí, lo hemos pasado bien, hemos estado hablando y
tomando unas cervezas en el bar. Teresa necesitaba
16
desahogarse Y se nos ha hecho un poco tarde. Os
pedimos disculpas. Dijo mi madre.
- Bueno, bueno ¿y cómo estás, Teresa? Le preguntó mi
abuela.
- Algo mejor, pero el alcohol me hace sentirme como una
tonta. Antes estaba enfadada y ahora, mírame, me
encuentro como una estúpida que no se entera de nada.
Estaba mirándolos desde un lado del sofá, cuando vi
como marta giraba la cabeza y me miró, como si se le
hubiese encendido una luz en la cabeza. La tía estaba
realmente afectada, tanto por el alcohol, como por la
separación.
- Venga dejaros de charla y poneos a cenar. Les dijo la
abuela.
Cenaron y se sumaron a nosotros a ver la tele, hasta que
nos fuimos a la cama a descansar. Yo estuve un buen rato
pensando en el abuelo y en las cosa que habían pasado
este día.
Los días fueron pasando muy deprisa, y cuando nos
quisimos dar cuenta ya era sábado y fue después de
comer, sentado en el sofá, que recordé la historia del
abuelo. Le pregunté a Marta si la apetecía que
subiéramos al desván a seguir leyendo.
- Prefiero ir a dar un paseo y si quieres después subimos a
leerla.
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Salimos a la calle y nos pusimos a andar.
- Estos días he estado pensando en mis padres y creo que
ya entiendo lo que ha pasado. Mi padre ha sido infiel a mi
madre y el muy Mientras daba una imagen a mi madre,
haciéndola creer que todo iba bien, mientras se veía con
otra mujer.
Después de un largo silencio, hablé.
- Puede ser que sea eso, y que esa fuera la causa de que
no te lo contaran. Por un lado el se sentía como un cerdo
y por otro, tu madre se sentía traicionada, y no quería
que la vieras como una mujer débil.
- Tiene mucho sentido y ahora entiendo
- ¿Qué quieres decir?
- Cosas que pasaron que no tenían mucho sentido. Que se
perdiera algún fin de semana con pretextos absurdos o su
olvido de cosas importantes.
- Yo no entiendo mucho la vida de los adultos, pero a
medida que voy teniendo más conocimiento, veo que a
veces, es difícil hacer lo correcto, y que resulta más fácil
dejarse llevar. Aunque sea que eso nos lleve a la
perdición.
- Bueno, parece que para mi padre ha sido así, y que se ha
dejado llevar por sus bajos instintos y lo que ha
conseguido es hacer daño a dos personas que le quieren.
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- No sé qué decirte Marta, quizá, que de esta manera,
habéis podido conocer mejor a tu padre y ahora podréis
seguir sin él y sin sus engaños.
Nos quedamos un rato callados y dejamos que la vida
con sus sonidos llenara el silencio.
- ¿Volvemos a casa a leer el cuaderno del abuelo? La
pregunté.
- Vale, pero sin prisas. Y rió.
Llegamos a casa y subimos al desván, fui al sofá y cogí el
cuaderno que estaba sobre él, me senté y cuando me
disponía a abrirlo, Marta puso su mano sobre él y lo
empujó hacia abajo con su mano izquierda, a la vez que
se subía al sofá de rodillas y entonces empezó a acercar
su boca a la mía
El pulso se me acelero y no me llegaba la sangre a la
cabeza. La pregunté.
- ¿Qué haces?
- Quiero darte un beso.
- ¿Quizá deberías preguntarme si quiero que me lo des ?
- ¿No quieres?
- Bueno lo cierto es que no estoy seguro.
- Entonces calla
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Y acercó sus cálidos labios a los míos. Sentí como
nuestros labios se confundían el uno con el otro. Como
fluía la vida en ellos y entonces una luz se me encendió y
la aparté suavemente de mi.
- ¿Qué pasa?, ¿no te gusta?
- No es eso.
Lo cierto es que estaba siendo el beso más bonito de mi
vida y entonces la mentí.
- Mira Marta, ya te he contado que Esther me gusta y no
la quiero traicionar.
- Pero si no estáis saliendo.
- Bueno lo que quiero decir es que no quiero traicionar a
mi corazón y mi corazón está con Esther.
- Entiendo. Dijo ella afligida.
No sé qué hubiera pasado si la hubiese dicho la verdad.
Que ese beso me estaba gustando tanto, que me estaba
entrando vértigo y que si hubiese seguido hubiese
perdido la cordura.
- Entonces, ¿no estás enfadada?
- No, para nada.
Entonces me di cuenta que se me habían esfumado las
ganas de leer. Pero me pareció que sería interesante
mirar los libros del abuelo.
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- Yo me voy a bajar, ¿tú qué haces? Me preguntó
Marta.
- Yo voy a mirar los libros del abuelo, a ver qué
encuentro.
Me puse a mirar los libros, a ojearlos un poco, no
conocía los temas de lo que trataban y no sabía muy
bien que buscar Metafísica, parasicología, alquimia,
numerología y cosas de las que nunca había oído
hablar. Me dejé llevar por la intuición y cogí el libro de
metafísica, el de numerología y el de alquimia, los
aparté y abrí un cajón y encontré un colgante. Era una
cruz dentro de un círculo, con una piedra en medio. Me
gustó, la puse en mi mano y la observe más
atentamente. Realmente tenía algo interesante. Me lo
colgué. Era un poco grande, pero me sentía a gusto con
él puesto. Me lo quite y bajé al salón.
- Abuela, me gustaría pedirte un favor.
Le dije acercándome al sillón donde estaba sentada.
- ¿Qué favor quieres?, hijo.
- Quería que me dejases un tiempo unos libros del
abuelo y su cuaderno naranja.
- Claro, no un tiempo, te lo puedes quedar para
siempre. Aquí nadie los va a leer.
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- Gracias abuela, y este colgante, de quien es. Le dije
enseñándole la mano en donde lo tenía.
- A ver Nunca lo había visto, será algo del abuelo. Si lo
quieres te lo puedes quedar también.
No pensaba pedírselo, y que me lo diera me Alegro
mucho.
- Muchas gracias abuela.
- De nada hijo, espero que estas cosas te sirvan de algo.
- Seguro. La dije creyéndomelo realmente.
Subí de nuevo al desván, a coger el cuaderno y los
libros, para llevarlos a mi habitación y ponerlos en una
bolsa aparte del equipaje. Ya lo tenía casi todo
recogido y me senté un momento en la cama, para leer
un poco más del cuaderno del abuelo.
Después de esto que os he contado, me dedique un
tiempo a pensar sobre ello y empecé a ver más cosas
en Ana.
Lo que os voy a enseñar me costó tiempo verlo, pero
cuando lo vi, me pareció algo mágico. Vi que
claramente Ana muestra un 3, y que la suma de los
lados de las Aes y de la N, suman 9, con lo que
tenemos, 3,9 y si lo multiplicamos, 3x9= 27 lo que es lo
mismo que 3 elevado a 3 o sea, 3x3x3=27 y esto es un
cubo de 3x3x3, y si lo pintas o lo desarrollas, puedes
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ver que en esos 27 cubos, que forman este cubo
mayor, el cubo del centro, hace el número 14, o sea la
N de Ana. Veréis en el dibujo del cubo evolucionado,
la importancia que tiene este cubo central.
Quiero deciros que en el colegio se me daban muy bien
los dibujos con regla, aun así, me ha costado mucho
esfuerzo, llegar a conseguir poder dibujarlo. Espero
que a vosotros os parezca tan mágico como me parece
a mí. Encontré en él una relación increíble entre Ana
y estos aspectos Universales
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Como veis, el cubo desarrollado de esta manera, muestra
en su interior una figura, una cruz cúbica
Compuesta por un cubo central, del que evolucionan
otros 6 cubos. 16 Que os parece, en el interior del
cubo está el número de Ana, 1 14 - 1 = 16
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Y es así que en la cruz cúbica, se puede ver como estas
relaciones, traen ideas que tal vez sea importante tener
en cuenta.
Estaba extasiado, parecía mágico, como mi abuelo había
sido capaz de comprender y percibir estas cosas tan
increíbles.
Me quede un buen rato mirando los dibujos y pensando,
hasta que oí a mi abuela llamarme.
- Dime abuela. Le dije asomándome por la puerta.
- ¿Quieres merendar?
- Sí, ¿Qué hay?
- A Marta le he hecho un bocadillo de chorizo. ¿Te
apetece?
- No, ahora no. ¿Hay queso?
- Sí, tengo uno muy rico, te preparo un bocadillo, verás
cómo te gusta.
- Gracias abuela.
En la mesa estaban sentados mis padres y mi tía, parecía
que estaban enfadados. Agucé el oído mientras me
sentaba con Marta en el sofá.
- Lo que tienes que hacer es divorciarte y dejarte de
tonterías. Le decía mi madre a mi tía.
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- Es que le sigo queriendo y aunque ha sido algo muy
gordo, mi corazón le perdona.
- ¡Ya!, pero piensa, si te ha hecho esto ahora que todavía
eres joven y guapa, ¿Qué pasara cuando dentro de unos
años dejes de serlo?
- No sé. ¿Y si no lo vuelve a hacer?
Deje de prestar atención a la conversación y le pregunte a
Marta.
- ¿Llevan mucho tiempo así?
- No sé, cuando vine ya estaban.
- ¡Miguel!... tu bocata. Decía la abuela mientras se
acercaba.
- Gracias, ¡guapa! Le dije con cariño.
Me puse a comérmelo mientras veía la tele. Estaba
realmente rico el queso. Pensé Mañana en Madrid No
sé si llamar a Esther o esperar a que me llame. La verdad
es que tengo muchas ganas de verla. Mejor espero a que
me llame ¿Y mis amigos? Los tengo olvidados. Estoy
pensando que lo que realmente me apetece es estar
tranquilo en mi habitación y seguir leyendo el cuaderno.
Quiero ver hacia donde me lleva su lectura, quiero
conocer más de la historia que cuenta el abuelo y saber
que hay en todo ello. Siento que la historia de Ana es
26
muy amplia y que de alguna manera me ha llegado por
algo
Mi abuela se sentó en el sillón, a ver la tele con nosotros
mientras mis padres y mi tía seguían hablando. Era
pronto y se me ocurrió que quizá a mi prima le apetecería
salir
- Marta, ¿te apetece salir un rato?
- No Miguel, no tengo ganas. Me dijo un poco fría.
Quizá está enfadada por lo del beso, pensé Intentaré
animarla contándole una historia que escribí el año
anterior, la recordada bien.
- Marta, ¿te apetece que te cuente una historia?
- Depende que historia.
- Es una fabula sobre un gorrión que tenia vértigo
- ¿Es muy larga?
- Quizá un poco.
- Bueno cuéntamela, pero si no me gusta, lo dejamos.
- Vale, pero vamos al patio, que estaremos más
tranquilos.
- De acuerdo.
Nos sentamos en unas sillas y empecé a contar la
historia
27
Era la época de cría, y una pareja de gorriones tenía
problemas con su huevo. La madre estaba incubándolo
cuando por vigésima el padre se poso a su lado.
- ¿Ya está? Pregunto a la madre.
- No, no está, no te preocupes tanto.
- ¿No será que está enfermo?
- No está vivo y sano, solo es que se retarda.
- Me voy a volar un poco a ver si me tranquilizo. Y levanto
el vuelo.
La madre empezó a sentir como el ser que estaba dentro
del huevo empezaba a intentar salir. Llamo a su pareja, y
esta llego al instante, justo cuando el polluelo empezaba
a aparecer rompiendo el cascarón.
- Por fin, ya estás aquí, nos tenias muy preocupado.
Le decía el padre mientras el pollito intentaba sacar la
cabeza.
- Creo que necesita ayuda, dijo el padre muy angustiado.
- Ya sabes que no se le puede ayudar, que esta es su
primera prueba y que en ella demostrara que está
preparado para vivir esta vida. Dijo la madre tajante.
Miré como marta se iba enganchando al relato y la
pregunte.
- ¿Qué te está pareciendo?
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- Curioso, sí que me gustaría que me contases más. Que
me digas como un gorrión puede tener vértigo y que lo
hagas de manera que sea divertido.
- Continúo
El polluelo, poco a poco, pudo salir, y sus padres se
alegraron mucho. La madre dijo al padre que fuese a
buscar comida. El pollito empezó a piar como un
desesperado pidiéndola. El padre emprendió el vuelo, y la
madre tiró los restos del huevo fuera del nido. Al rato
llego el padre con una pequeña fruta madura y la dejó en
el nido a los pies de la madre. Esta empezó a coger
pequeños pedazos y se los fue dando al pollito. Cuando
no estaba con la boca llena, el pollito no hacía más que
decir con su sonique comida, comida. Que es lo primero
que dicen los gorriones, cuando nacen y lo pían
continuamente durante el tiempo que dependen de sus
padres.
- Vaya, si que tenía hambre, dijo la madre después de
darle el ultimo pedazo de fruta.
- Crees que le bastara por ahora, ¿o voy a buscar más?
- Parece que se está quedando dormido, si quieres te
quedas tú y yo me voy a por algo para cuando se
despierte. Dijo la madre.
Así turnándose, estuvieron tiempo alimentando al
pollito, Hasta que un día en el que habían dejado al
29
novatillo solo, se cayó del nido con él. Cuando llegaron los
padres alarmados por no ver el nido en su sitio, se
temieron lo peor. Pero por suerte el novatillo no se había
hecho nada, aparentemente.
- Y ahora que hacemos, no podemos hacer otro nido de la
noche a la mañana Dijo el padre.
- Tendremos que pasar la noche escondidos en algún
arbusto, y mañana ya veremos que hacemos.
Llego la noche y los tres gorrioncillos se juntaron los unos
pegaditos a los otros e intentaron pasar la noche. A mitad
de la noche sintieron un animal que se acercaba
olisqueando.
- Mama tengo miedo. Dijo el novatillo, pegándose más a
sus padres.
Era una comadreja Aguantaron la respiración y por un
momento creyeron que estaban perdidos, pero la
comadreja pasó de largo y respiraron aliviados.
Miraba a Marta, como iba viviendo la experiencia y como
a cada cosa que pasaba en el relato, ella reaccionaba. No
quería alargarlo mucho pero sí que quería contar una
buena historia que tuviese una buena moraleja.
- Porque poquito, dijo el padre.
- En cuanto amanezca, solucionamos esto. Yo no paso
otra noche más como esta. Dijo la madre.
30
Cuando empezó a clarear salieron de debajo de los
arbustos.
- He estado pensando toda la noche y se me ha ocurrido
que podría subir el nido a lo alto de los arbustos y ahí
estaríamos seguros. Dijo el padre.
- Me parece muy bien, pero, ¿podrás con él? Dijo la
madre.
- Lo intentaré, si no puedo tendremos que hacerlo entre
los dos y si tampoco, tendremos que pensar otra cosa.
- Papas yo no quiero que me coma un animal, he pasado
mucho miedo. Dijo el novatillo.
- Tranquilo pequeño, ya verás cómo lo solucionamos.
Digo el padre.
Cogió el nido con las garras e intento subirlo, lo elevaba
un poco y no podía más. Hizo varios intentos y al final
desistió.
- Creo que tendrás que ayudarme. Le dijo a su
compañera.
- Vale, yo cojo de un lado y tú coges del otro y lo
levantamos a la vez. Dijo la madre.
Y así hicieron, y al primer intento consiguieron subirlo a lo
alto de los arbustos. Cuando lo iban a dejar caer la madre
se soltó y se quedo el padre con todo el peso. Casi se le
31
rompieron las alas de tanto esfuerzo. Dejo caer el nido
como pudo, dejándolo medio colocado sobre los arbusto
- UFF!! Creía que me moría. Dijo el padre exhausto.
- Creo que si lo movemos un poco se quedara bien. Dijo la
madre.
- ¡Que bien!, ¡que bien!, ya tenemos de nuevo el nido.
Decía el novatillo dando saltitos.
- Bueno voy a descansar y luego lo coloco. Dijo el padre.
Así fue como recuperaron el nido, y los días pasaron y
llego el momento de que el novatillo empezara a volar. Él
lo intentaba, pero cuando se elevaba uno o dos palmos,
le entraba angustia y no podía volar más. Sus padres se
preocuparon y no sabían qué hacer. Pensaron que con el
tiempo se la pasaría y acabaría volando como cualquier
gorrión.
A si fue, que el novatillo se pasaba el día en el suelo
dando saltitos y entonces sus compañeros de nidada
empezaron a reírse y a mofarse de él.
- Mírale, vuela menos que una lombriz. Dijo uno riéndose.
- Eres la vergüenza de los seres que vuelan. Dijo otro con
rabia y sorna.
Así se pasaban el día y el gorrioncito no sabía dónde
meterse. Hasta que un día apareció una gorriona de su
quinta y se les enfrento.
32
- ¡Que!, os parecerá bonito, meteros con él. Me gustaría
veros a vosotros en su misma situación, a ver qué os
parecía no poder volar como un gorrión normal y que
encima se rían de ti.
- No si no queremos meternos con él, pero es tan
patético, ahí, dando saltitos como una rana dijo el mas
fanfarrón de ellos.
- Ya veo, te parece patética la incapacidad de un
compañero, y en vez de comprender su dolor, todavía le
haces sentirse más inútil
- Bueno, no nos dábamos cuenta que le hacíamos sufrir.
Pensábamos que se lo tomaba en broma. Dijo otro de
ellos.
Y la gorrioncilla se acercó al novatillo y se apiado de él.
- No los hagas caso, son unos inmaduros, yo te ayudaré.
Mis padres saben de un búho que está en el bosque, creo
que te podrá ayudar. ¿Quieres que vayamos a verlo a ver
que nos dice? L e propuso la gorriona.
- ¿Está muy lejos? Pregunto el gorrioncillo.
- No lo sé, pero creo que no está muy lejos y creo que te
podrá ayudar.
- Vale. Dijo el gorrioncillo lleno de esperanza. Pero ante
tengo que decírselo a mis padres.
Los llamo y al rato aparecieron.
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- Papas, voy a ir con esta amiga a ver si el búho puede
ayudarme a solucionar mi problema.
- Claro, ojala tengas suerte y encuentres el modo de
resolverlo. Dijo la madre.
- Animo hijo, ya verás cómo tiene solución. Dijo el padre.
- Tener cuidado y tú cuida de nuestro pequeño. Dijo la
madre dirigiéndose a la gorrioncilla.
- No tengan cuidado yo me ocuparé de él. Dijo la
gorrioncilla.
Y juntos se fueron a adentrarse en el bosque, el
gorrioncillo dando saltitos y la gorriona adelantándose y
volando cerca de él, marcándole el camino.
En una ocasión que se acercó la gorrioncilla, él la
preguntó.
- ¿Y tú sabes bien a donde vamos?
- No del todo, mis padres me dijeron que vivía en un claro
del bosque, y creo que es por aquí.
Siguieron avanzando y de repente la gorrioncilla se acerco
a él y le dijo.
- Más adelante hay un claro, y creo que es allí.
Llegaron al claro y él gorrioncillo empezó a decir ¡Señor
búho, señor búho!
34
- ¡Calla, calla!, no llames la atención, a lo mejor al señor
búho no le gusta y se enfada con nosotros
- ¿Y entonces qué hacemos?
- Esperar, antes o después aparecerá.
Esperaron un rato y de repente haciendo un vuelo
majestuoso apareció el búho, posándose cerca de ellos.
- Me habíais llamado. Preguntó el búho.
- Sí, queríamos hablar contigo. Le dijo la gorrioncilla.
- ¿Y de que queréis hablar?
- Veras, mi amigo tiene un problema, no puede volar, solo
se levanta uno o dos palmos.
- Te paso algo siendo más joven. Le pregunto al
gorrioncillo.
- Me caí del nido, y creo que es por eso que ahora cuando
subo un poco de altura me entran agobios y no puedo
volar.
- Seguramente que sea por eso, hay una palabra que lo
define bien, vértigo. Dijo el búho, haciéndole un guiño al
gorrioncillo.
- ¿Y tiene cura? Preguntó la gorrioncilla.
- Seguro que sí. Dijo el búho.
Y los gorrioncillos se alegraron de oírlo.
35
- ¿Y cuál es la cura? Pregunto el gorrioncillo.
- Despacio, despacio, para daros la cura primero me
tendréis que demostrar que sois dignos de ella. ¿Estáis
dispuestos a pasar la prueba?
- No sabemos, depende de la prueba Dijo la gorrioncilla.
- Una respuesta inteligente. Le dijo el búho.
- Os voy a plantear un acertijo, si lo adivináis, entonces os
ayudaré.
Los gorrioncillos se miraron y asintieron a la vez.
- Estamos de acuerdo, dinos el acertijo. Dijo la
gorrioncilla.
- ¿Quién?, cuando hace frío, nada, cuando hace calor,
vuela, y cuando no hace ni frío ni calor, recorre los
caminos No tengáis prisa en contestar, yo me voy y
volveré al atardecer, y si tenéis la respuesta correcta os
ayudare con vuestro problema Os daré una pista para
que no os sea tan difícil Nunca llueve a gusto de todos.
Hasta la tarde.
El búho alzó el vuelo y se perdió por la espesura del
bosque.
Me estaba dando cuenta que el cuento estaba atrapando
a Marta y la pregunté.
- ¿Te está gustando?
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- Sí, sí, ¿y cuál es la respuesta al acertijo? Me pregunto
llena de ansiedad.
- Tendrás que adivinarla o esperar a que siga el cuento
- Sigue, sigue. Me pidió llena de ganas de que continuara.
Los gorrioncillos se entregaron a la tarea, compartiendo
ideas y posibles soluciones. Sé olvidaron hasta de comer y
beber.
- Sí puede volar, tiene que ser un pájaro. Dijo el
gorrioncito tajante.
- Sí y a demás tiene que saber nadar, pero que pájaro
vuela y nada
Y los dos dijeron al unísono. ¡El pato! Y se miraron a los
ojos, esa alegría desapareció al momento de la
gorrioncilla.
- Ahora que lo pienso, cuando hace calor el pato está en
el agua y vuela, si hace calor, como si hace frío. Dijo la
gorrioncilla
- Tienes razón, ¿pero quién puede ser sino? Dijo el
gorrioncillo
- No sé, lo mejor que podemos hacer es ir a comer y si no
se nos ocurre nada, cuando venga el búho le decimos que
creemos que es el pato.
- Vale.
37
L a gorrioncilla guió a su compañero hasta un manantial
de agua cerca de unas plantas con semillas y allí se
quedaron comiendo un buen rato. Llevaban desde la
mañana sin comer, y estaban hambrientos.
Cuando estaba cayendo el sol volvieron al claro del
bosque. No se les había ocurrido ningún otro candidato y
la pista que le dio el búho, les había confundido más que
ayudarlos.
Apareció el búho más majestuoso que la otra vez. Se posó
cerca de ellos y les preguntó.
- ¿Sabéis ya la solución del acertijo?
- No estamos seguros pero creemos que es el Pato. Dijo
la gorrioncilla.
- Lo siento pero no.
- Y esto que quiere decir. ¿Qué ya no nos vas a ayudar?
Dijo el gorrincillo medio asustado.
- Veréis como habéis demostrado querer conseguir mi
ayuda, os voy a dar otra oportunidad. Pensad durante la
noche a ver si os llega la inspiración. Yo por la mañana
vendré a veros, a ver si tenéis la solución. Os diré una
cosa para ayudaros. La magia es como el amor, solo, es
una gota, pero al unirse hacen mares.
Bueno os dejo, que os fluyan las ideas y a ver si dais con
que es. Hasta mañana.
38
- Hasta mañana. Se despidieron los gorrioncillos del búho.
- Creo que lo sé. Dijo la gorrioncilla.
- La última frase me lo ha aclarado. Pero no te lo voy a
decir voy a dejar que uses tu mente a ver si tú también lo
descubres. Le dijo al gorrioncito.
- Como eres, me vas tener toda la noche en ascuas anda
dímelo
- No mejor no, y no te preocupes porque estoy segura al
cien por cien.
Pasaron la noche en protegidos en unos arbustos
tranquila y agradable. Y a la mañana siguiente volvieron a
donde habían estado las otras veces con el búho y le
esperaron
De improviso y sin hacer casi ruido el búho se les apareció
por detrás dándole un susto.
- Ya estoy aquí. Dijo posándose junto a ellos.
- Y entonces, ¿sabéis ya la solución?
- Lo tenemos claro, diría yo que cristalino, ji, ji. Dijo la
gorrioncilla entre risitas.
- Vaya por tu respuesta intuyo que lo sabes. ¿Y tú qué
dices amigo? Dijo el búho dirigiéndose al gorrioncillo.
- Yo no he dado con una respuesta.
39
- No importa, sois un equipo y que lo conozca uno es
suficiente. Y dime amiga, cual es la respuesta.
- El agua, eso creo.
- Pues es correcto, es el agua, que cuando hace frío se
congela y flota en él mismo agua, cuando hace calor se
evapora y se convierte en nube y cuando hay una
temperatura intermedia fluye por donde puede. A sí que
como lo habéis conseguido os diré la manera de
solucionar el problema A unos tres días, a paso del
gorrioncillo, hay una pequeña montaña que en esta
época del año se muestra de color violeta, en su cima,
también en estas fechas, florece una única flor naranja,
esa flor, es la flor de los deseos, si se arranca y se pide un
deseo, cuando la dejas caer, el deseo se cumple. Solo hay
un problema, que para que se cumpla, si quien pide el
deseo puede llegar hasta ella, tiene que ser él o ella el
que la arranque. No puedes pedir un deseo de otro, tiene
que ser el que quiere que se cumpla, el que lo pida. Y eso
es todo. Ahora os deseo todo lo mejor y que tengáis
mucha suerte en vuestra aventura.
- Gracias búho, has sido muy amable. Dijo la gorrioncilla.
- Sin ti, no sé que hubiese podido hacer, muchas gracias
búho. Dijo el gorrioncillo.
Y emprendieron viaje hacia la montaña violeta, a poco de
empezar dijo la gorrioncilla a su compañero.
40
- Voy a avanzar a ver dónde está la montaña, tú sigue
camino, no tardaré mucho, no hables con nadie y ten
cuidado.
Y la gorrioncilla se perdió por el cielo en busca de la
montaña. Él gorrioncillo continuó y al rato vio a un animal
de espaladas que se movía muy lento, se acercó a él y le
saludo.
- ¡Hola! le dijo el gorrioncillo.
El animal se dio la vuelta, le miró con curiosidad y le
saludó.
- Hola gorrión.
- ¿Qué eres tú? Le preguntó el gorrioncillo.
- Soy un topo.
- ¿Y por qué te mueves tan despacio?
- Los topos somos así, no tenemos prisa, las únicas veces
que corremos son, o para escapar de un peligro, o para ir
detrás de la pareja. Disfrutamos la vida con tranquilidad.
- Entiendo, y esa es tu casa. Dijo refiriéndose al agujero
que estaba al lado del topo.
- Sí, esta es, tengo varias como esta y la verdad es que me
has encontrado de casualidad, yo me paso el día bajo
tierra.
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En ese momento apareció la gorrioncilla y se mostró muy
enfadada.
- ¿Qué haces? No te dije que no hablaras con nadie. Le
dijo al gorroncillo.
- No pasa nada, es un topo y no me ha comido. Le dijo él,
medio en broma.
- Bueno vámonos. Le ordeno la gorriona.
- Ha sido un placer conocerle señor topo, hasta otra.
- Hasta otra gorrión. Y se metió en su agujero.
Entonces reanudando camino y la gorrioncilla le contó.
- La montaña es muy pequeña, pero es bellísima, está
llena de flores, violetas, moradas, lilas. No me extraña
que se llame la montaña violeta, es preciosa.
Estaba mirando a Marta y casi podía sentir como se
estaba imaginando la montaña Continué
El gorrioncillo le contó a su compañera la experiencia con
el topo, lo tranquilos y sin prisas que viven
Siguieron camino y de vez en cuando la gorrioncilla le
llevaba a un charco de agua o aun poco de comida. En un
momento dado se fue a investigar.
- Voy a ver que hay por ahí, ten cuidado y no hables con
nadie. Le dijo al gorrioncillo.
- Vale, tú ve tranquila yo sigo adelante.
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Y en cuanto se fue la gorrioncilla, vio a un animal que se
paraba cerca de él y pensó en lo que le había dicho la
gorrioncilla, pero no se pudo reprimir y se acercó al
animal.
- Hola. Dijo al animal que no paraba de moverse.
El animal le miro y le saludo.
- Hola, ¿que tal? Dijo al gorrioncillo.
- Bien, ¿y tú? Le pregunto cortésmente.
- Bien, también, pero tengo un poco de prisa, las crías
están al llegar y tendré que ayudar y no tendré mucho
tiempo.
- ¿Y que eres? Le pregunto el gorrioncillo.
- Soy un conejo, un conejo muy atareado.
Y de repente se puso a dar saltos y a ir de un lado a otro.
En ese momento llegó la gorrioncilla.
- ¡Otra vez! Le grito al gorrioncillos.
- Es que no paras, ¿no te dije que no hablaras con nadie?
- Sí, si me lo dijiste, pero tenía curiosidad por conocerlo.
- Bueno vámonos, por lo menos no ha pasado nada.
El gorrioncillo de despidió del conejo que estaba por ahí
dando saltos y no le hizo mucho caso.
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- ¿Y porque tienes tanto miedo de que pase algo? La
pregunto el gorrioncillo.
- No quería decírtelo para no asustarte, pero el bosque es
muy peligroso, y más para ti, que no puedes volar.
- Tendré más cuidado. Le dijo el gorrioncito.
Ya era tarde y la gorrioncilla le propuso a su compañero
buscar un lugar resguardado para pasar la noche.
- ¿Podemos comer un poco antes? Planteó el gorrioncillo.
- ¡Claro! Dijo ella
Y busco un lugar con comida y un poco de agua. Después
se retiraros y buscaron el resguardo de los arbustos, para
pasar la noche.
El gorrioncillo la contó la experiencia con el conejo, y ella
le pregunto.
- ¿Quién te crees que lo hace mejor, el conejo con sus
prisas o el topo con su tranquilidad?
- Bueno yo creo que los dos tienen algo bueno, pero que
lo ideal es una mezcla de los dos. Estar despierto y activo
cuando hay que hacer cosas importantes y ser capaz de
disfrutar de la tranquilidad cuando es posible.
- Me parece una respuesta muy sabia, parece mentira
que sea tan joven y ya pienses con tanta lucidez.
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- Bueno tú eres igual de joven y también has demostrado
ser muy inteligente.
Pasaron la noche sin ningún sobresalto, pero con un ojo
abierto, era la primera noche que pasaban en el bosque y
tenían bastante miedo.
Amaneció y los dos se alegraron de estar junto. La
gorrioncilla busco un lugar con comida que les quedara
de camino y fueron a él a picar algo. Después continuaron
viaje. L a gorrioncilla volaba cerca de él, y él iba
avanzando poco a poco. Pasó la mañana y justo cuando
les estaba empezando a entrar más hambre, encontraron
a la orilla de una charca bastante grande, unos árboles
frutales. La gorrioncilla se puso a picotear un fruto, en lo
alto de un árbol.
- Está muy rico, voy a ver si lo puedo hacer caer.
Y se puso a intentar soltarlo del tallo, hasta que por fin
cayó. El gorrioncillo se acerco a él y lo picoteo. Era
naranja y parecía que le estaba gustando.
- Es muy rico, esta dulce y acido a la vez. Dijo el
gorrioncillo disfrutando.
La gorrincilla se sumó a él y juntos se pusieron a comerlo.
- ¿Qué fruta será? Pensó la gorrioncilla en voz alta.
- Es un níspero. Dijo una rana que estaba en la orilla.
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- Me alegra que os guste, todos los árboles y la charca
son míos y que sepáis que podéis comeros el níspero
porque yo os dejo.
- Ahh, ¿Qué quieres decir? Pregunto el gorrioncillo.
- Que yo soy su dueña.
- ¿Y qué es ser la dueña? Pregunto otra vez el
gorrioncillo.
- Que yo decido quien se baña en la charca o quien come
los frutos de los árboles.
- ¿Y qué sentido tiene? Volvió a preguntar el gorrioncillo
- Vosotros no lo entendéis pero ser dueño de algo es una
cosa maravillosa. Dijo la rana
- Pues es verdad que no lo entendemos, no vemos la
necesidad de tener. Nosotros disfrutamos de las cosas sin
creemos dueños de ella y somos felices. Dijo la gorrincilla.
- Pero eso es porque nunca habéis tenido nada. ¿No os
gustaría tener esta cosa conmigo? Seríais mucho más
felices. Dijo la rana intentando convencerlos.
- No gracias, preferimos sentirnos libres y no atrapados a
las cosas. Le dijo la gorrioncilla.
- Bueno pensároslo y si cambiáis de opinión, aquí estaré.
Y la rana se metió dentro del agua.
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Lo gorrioncillos siguieron comiendo sin dar mucha
importancia a lo que la rana les habían dicho.
- Esta rana está un poco loca. Dijo el gorrioncillo.
- Creo que alguien debería decirla las cosas con claridad.
Pero nosotros tenemos prisa, otro día vendremos a
hablar con más calma con ella. Dijo la gorrioncilla.
Y cuando terminaron de comer continuaron camino.
Pasaron las horas y el gorrioncillo pregunto.
- ¿Falta mucho para llegar a la montaña?
- No mucho, mañana ya estaremos allí. Dijo la gorrioncilla.
- Ya tengo ganas de llegar, a ver si por fin puedo volar
como un gorrión más.
- No te preocupes, veras como lo conseguimos.
Ya tarde, buscaron un lugar adecuado y se dispusieron a
dormir.
- El bosque está lleno de sorpresas, cada día pasa algo
diferente Me gusta. Dijo el gorrioncillo.
- A mi también, pero veras que cuando puedas volar, la
vida es muy diferente.
- ¿Y cómo es eso de volar? Pregunto el gorrioncillo a su
compañera.
- Es algo maravilloso, puedes ir de un sitio a otro con
rapidez, y puedes subir muy alto y ver muchas cosas.
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- Estoy deseando poder volar
Y poco a poco se quedaron dormidos. Amaneció un nuevo
día, primero se despertó el gorrioncillo y después
despertó a su compañera.
- Venga dormilona, que ya es de día.
La gorrioncilla se desperezo y le dio los buenos días.
- Vamos a buscar algo de comer, tengo hambre. Dijo el
gorrioncillo.
La gorrioncilla alzó el vuelo y busco un lugar cercano con
comida, llamo a su compañero y los dos se pusieron a
comer unas semillas. Pasado un rato emprendieron de
nuevo camino hacia la montaña violeta, que ya estaba
cerca.
La gorrincilla iba animándole a seguir.
- Venga que ya queda poco, si nos damos prisa estaremos
allí antes de que anochezca.
A mitad de camino encontraron un lago pequeño y se
pararon en la orilla, bebieron agua y se quedaron
mirando a un pato que era muy bonito El pato que vio
que tenia admiradores, se acerco abriendo las alas y
haciendo una exhibición de su belleza.
- ¿Cua, cuanto de bello os parezco? Pregunto el pato
presumiendo.
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