Évano
Libre, sin dioses.
Desde la silueta desnuda de Fuerteventura,
por este oasis del inmenso Atlántico,
vaga mi espíritu despojado de materia.
Mis carnes, mis huesos, estarán
junto a los robados árboles,
allá donde estén las piedras
de esta isla de arena negra,
de fuego y oro, de oro y fuego,
un esqueleto donde reposa la tierra.
Y en ella me siento pleno,
como arena, como su arena negra.
Ceniza de un volcán ya muerto.
No quieren ver mis ojos
nada más que a este desierto
que no engaña, que no miente,
que ofrece a la vista su verdad.
Flota mi carne a la deriva,
hundidos los huesos en las simas
y el alma en las dunas, a la deriva.
Jamás pensé que llenara tanto
el vacío de las dunas de mi destierro.
por este oasis del inmenso Atlántico,
vaga mi espíritu despojado de materia.
Mis carnes, mis huesos, estarán
junto a los robados árboles,
allá donde estén las piedras
de esta isla de arena negra,
de fuego y oro, de oro y fuego,
un esqueleto donde reposa la tierra.
Y en ella me siento pleno,
como arena, como su arena negra.
Ceniza de un volcán ya muerto.
No quieren ver mis ojos
nada más que a este desierto
que no engaña, que no miente,
que ofrece a la vista su verdad.
Flota mi carne a la deriva,
hundidos los huesos en las simas
y el alma en las dunas, a la deriva.
Jamás pensé que llenara tanto
el vacío de las dunas de mi destierro.