Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
DESDE LO SUTIL DE UN CUENTO
Desde lo sutil de un cuento invento
un pasadizo de memorias
que anteceden
el espasmo de un silencio,
frases que al pronunciarse
dan al revés de los sonidos
y una clave deduce entonces
el espejismo táctico de un sueño.
Atrapo sigilosa
la hilera de una página escrita
bajo la argucia rupestre de un beso.
Hay una savia que recorre los cuerpos
y en su pasillo galopa un antilope
cabestreado por cinchas de lumbre.
Se preveen aromas, gestos, auxilios,
los otros ostracismos
y el dédalo de euforia de una aguja
que abre la última puerta
tras la cual se esconden los dilemas,
los eternos duraznos
de inviernos presurosos y hastiantes,
hasta allá se alarga
un infinito vasallaje de argumentos.
Desde lo sutil de un cuento
me hago movedizo,
la puntilla lastimera que frecuenta
la madera
o ese breve llanto de niña
al leer por vez primera en su espejo
su enojo de princesa sonrosada
o la agitación de su pecho impresionado.
Desde lo sutil de un cuento
me hago escenario,
palmas lloviznan
un atrio de espinas incesantes.
Desde lo sutil de un cuento invento
un pasadizo de memorias
que anteceden
el espasmo de un silencio,
frases que al pronunciarse
dan al revés de los sonidos
y una clave deduce entonces
el espejismo táctico de un sueño.
Atrapo sigilosa
la hilera de una página escrita
bajo la argucia rupestre de un beso.
Hay una savia que recorre los cuerpos
y en su pasillo galopa un antilope
cabestreado por cinchas de lumbre.
Se preveen aromas, gestos, auxilios,
los otros ostracismos
y el dédalo de euforia de una aguja
que abre la última puerta
tras la cual se esconden los dilemas,
los eternos duraznos
de inviernos presurosos y hastiantes,
hasta allá se alarga
un infinito vasallaje de argumentos.
Desde lo sutil de un cuento
me hago movedizo,
la puntilla lastimera que frecuenta
la madera
o ese breve llanto de niña
al leer por vez primera en su espejo
su enojo de princesa sonrosada
o la agitación de su pecho impresionado.
Desde lo sutil de un cuento
me hago escenario,
palmas lloviznan
un atrio de espinas incesantes.