Eras la pieza que completaba mi juego,
la canción que calmaba mis miedos,
la inspiración de mis letras y el sueño del cual no quería despertar...
Hasta que un día te fuiste.
No negaré que anhelaba tu regreso, que moría por verte
y lloraba por tu ausencia.
Dijiste que volverías...
Prometiste que no me olvidarías.
Quise creer en ti, y te culpé de mi dolor y de tu ausencia.
Poco a poco, la esperanza de volver a verte se desvaneció tan rápido que mi corazón distorsionaba mi realidad y jugaba con mis lágrimas.
Un año más tarde me llegó tu carta, donde me contabas que añorabas formar una familia, donde me decías lo mucho que me amabas y lo mucho que deseabas que nuestros cuerpos volvieran a reposar en la misma cama.
Pronto entendí su significado. Era el destino dándome la respuesta que no me atrevía a confirmar, era un triste desenlace producto de la cruel guerra, la culpable de ultimar mi inspiración y quien dejó tu sueño sin completar. Porque en aquella despedida, en el frio invierno donde nuestros labios no querían separarse, mantuve la esperanza de que regresarías a nosotros. Y así, cuando pisaras nuevamente nuestro hogar, con la misma sonrisa inocente, pudieras conocer a aquel niño que lleva tu nombre y tu misma e inocente forma de sonreír.
Pero ahora que acepté nuestro final, solo puedo decirte que nuestro amado fruto de nuestra relación, sabe que lo amaste, sin conocer pequeña existencia
la canción que calmaba mis miedos,
la inspiración de mis letras y el sueño del cual no quería despertar...
Hasta que un día te fuiste.
No negaré que anhelaba tu regreso, que moría por verte
y lloraba por tu ausencia.
Dijiste que volverías...
Prometiste que no me olvidarías.
Quise creer en ti, y te culpé de mi dolor y de tu ausencia.
Poco a poco, la esperanza de volver a verte se desvaneció tan rápido que mi corazón distorsionaba mi realidad y jugaba con mis lágrimas.
Un año más tarde me llegó tu carta, donde me contabas que añorabas formar una familia, donde me decías lo mucho que me amabas y lo mucho que deseabas que nuestros cuerpos volvieran a reposar en la misma cama.
Pronto entendí su significado. Era el destino dándome la respuesta que no me atrevía a confirmar, era un triste desenlace producto de la cruel guerra, la culpable de ultimar mi inspiración y quien dejó tu sueño sin completar. Porque en aquella despedida, en el frio invierno donde nuestros labios no querían separarse, mantuve la esperanza de que regresarías a nosotros. Y así, cuando pisaras nuevamente nuestro hogar, con la misma sonrisa inocente, pudieras conocer a aquel niño que lleva tu nombre y tu misma e inocente forma de sonreír.
Pero ahora que acepté nuestro final, solo puedo decirte que nuestro amado fruto de nuestra relación, sabe que lo amaste, sin conocer pequeña existencia