• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Desgarradura

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
En la habitación donde antes reíamos,
ahora solo quedan ecos de un amor desgarrado.
Mis palabras caen pesadas, como piedras en un estanque,
sin apenas hacer onda en tu mirada ausente.

Te busco en cada esquina de este lecho frío,
en los pliegues de las sábanas que todavía huelen a ti,
y encuentro solo el vacío que devora,
ese vacío que se extiende entre nosotros
como un abismo insalvable.

Grito tu nombre, amor, con una voz quebrada
por el terror de perderte,
por la angustia de pensar en un mañana
sin tu cuerpo junto al mío,
sin tu risa que rompía el silencio de mis mañanas.

Las lágrimas queman, marcan surcos en mi rostro,
cada una un testimonio del dolor que me consume.
¿Cómo hemos llegado a ser sombras en nuestra propia casa,
extraños bajo el mismo techo?

El miedo me paraliza, las palabras se vuelven súplicas:
"No te vayas, no todavía, no así."
Mi corazón, un tambor desesperado,
clama contra el viento que amenaza
con llevarte lejos de mí.

Siento que cada instante que pasa
es un paso más hacia el precipicio,
un paso más hacia un final
que se cierne sobre nosotros
como una sentencia inapelable.

Permanezco aquí, temblando,
anclado al suelo por el peso de este amor roto,
implorando a lo que queda entre nosotros
que no se desvanezca en la tempestad,
rogando por un milagro que nos salve
de este naufragio.
 
En la habitación donde antes reíamos,
ahora solo quedan ecos de un amor desgarrado.
Mis palabras caen pesadas, como piedras en un estanque,
sin apenas hacer onda en tu mirada ausente.

Te busco en cada esquina de este lecho frío,
en los pliegues de las sábanas que todavía huelen a ti,
y encuentro solo el vacío que devora,
ese vacío que se extiende entre nosotros
como un abismo insalvable.

Grito tu nombre, amor, con una voz quebrada
por el terror de perderte,
por la angustia de pensar en un mañana
sin tu cuerpo junto al mío,
sin tu risa que rompía el silencio de mis mañanas.

Las lágrimas queman, marcan surcos en mi rostro,
cada una un testimonio del dolor que me consume.
¿Cómo hemos llegado a ser sombras en nuestra propia casa,
extraños bajo el mismo techo?

El miedo me paraliza, las palabras se vuelven súplicas:
"No te vayas, no todavía, no así."
Mi corazón, un tambor desesperado,
clama contra el viento que amenaza
con llevarte lejos de mí.

Siento que cada instante que pasa
es un paso más hacia el precipicio,
un paso más hacia un final
que se cierne sobre nosotros
como una sentencia inapelable.

Permanezco aquí, temblando,
anclado al suelo por el peso de este amor roto,
implorando a lo que queda entre nosotros
que no se desvanezca en la tempestad,
rogando por un milagro que nos salve
de este naufragio.
Un amor que nos dejó marcado para toda la vida.

Saludos
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba