BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando ni el amor sirve
ni el afecto fraternal sirve
ni las matemáticas o la filosofía ayudan
ni los faros de los coches alumbran lo suficiente
ni las terrazas, con su aforo multiplicado por el puente,
desgarrándose a plena luz del día, como una melena
rubia adolescente, cuando la dureza de la vida y su idea
convertida en imagen solamente, no sirven para soportarla, es entonces
que escribo y escribo, no importa demasiado el qué ni para quién,
aunque todo parte de un recuerdo.
Escribo cuando me derrumbo, cosa que suele suceder
a menudo, como verán, fácilmente
construyo palacios de papel en el váter de las cafeterías
y los bares, en las esquinas concurridas y en las más
desérticas estaciones. Los techos se me desvanecen,
los tiros del campo contra los conejos desaparecen,
y las argucias del cielo para enaltecerse, se me meten entre los ojos y la frente,
mientras compro mis ambiciones y deambulo por los claustros
desvencijados.
©
ni el afecto fraternal sirve
ni las matemáticas o la filosofía ayudan
ni los faros de los coches alumbran lo suficiente
ni las terrazas, con su aforo multiplicado por el puente,
desgarrándose a plena luz del día, como una melena
rubia adolescente, cuando la dureza de la vida y su idea
convertida en imagen solamente, no sirven para soportarla, es entonces
que escribo y escribo, no importa demasiado el qué ni para quién,
aunque todo parte de un recuerdo.
Escribo cuando me derrumbo, cosa que suele suceder
a menudo, como verán, fácilmente
construyo palacios de papel en el váter de las cafeterías
y los bares, en las esquinas concurridas y en las más
desérticas estaciones. Los techos se me desvanecen,
los tiros del campo contra los conejos desaparecen,
y las argucias del cielo para enaltecerse, se me meten entre los ojos y la frente,
mientras compro mis ambiciones y deambulo por los claustros
desvencijados.
©