En este continente de amarguras y de ausencias,
de encierros que no son clandestinos,
donde la luz tenue alumbra
los párpados sedientos de lágrimas,
y los gritos de bocas siderados de angustia,
se ahogan en el pozo los tormentos.
Un amontonamiento de llantos ecuménicos
nos dejan vacíos y desiertos
en las noches silenciosas de besos.
Un desgarro de huesos y de sangre,
que cursa con la melancolía de los otros,
el aire fantasmal lo envuelve todo,
tritura las cenizas de los muertos,
y tiene un vuelo extraordinario
hacia las cúpulas celestes del olvido.
Paradoja del autoengendramiento
porque en la herida del oscuro laberinto
un ave cobra el hálito del sueño
y enarbola en el almidón de tu sonrisa
que aunque apenas se detiene,
una lisonja de ternura
donde una alondra amedrentada,
liba a sorbos en prontitud, la vida.
Un poema desgarrador, como bien anuncia el título, magnífico,
Paradoja del autoengendramiento
porque en la herida del oscuro laberinto
un ave cobra el hálito del sueño
y enarbola en el almidón de tu sonrisa.
Me ha encantado Ludmila. Felcidades por tu excelente hacer poético
Un abrazo
Isabel
porque en la herida del oscuro laberinto
un ave cobra el hálito del sueño
y enarbola en el almidón de tu sonrisa.
Me ha encantado Ludmila. Felcidades por tu excelente hacer poético
Un abrazo
Isabel