Metatron
Poeta fiel al portal
Te conocí desnuda,
tus senos erguidos,
tus piernas esbeltas,
las palmas de tus manos
eran aún vírgenes de todo hombre.
Yo nací de la punta de tus senos redondos
con aroma de almendra e invierno,
recorrí tus caderas
y descendí despavorido por tu cintura,
llegué al fondo de tu sexo,
ese espacio reducido
en donde proliferaron mis orgasmos infantiles.
Te bebí, bebí de ese cuerpo de mujer
la esencia de tus muslos que corrompe
y te abandoné,
huí de los perros que escupieron tus faldas,
de las bestias que engendraron tu vientre maduro,
y ahora de nuevo en tus manos,
me doy cuenta
que tus senos ya no son como antes,
hoy huelen a tristeza y saben a tierra podrida,
ahora caen flácidos sobre tus piernas
que se asemejan a un torrente de precipicios
-Una vez fueron gruesas y seductoras.
todavía recuerdo su necedad de caricias,
su sabor embriagante y su aroma apocalíptico-
Tu cintura incontenible fue violada por culpa del exilio,
de la diáspora y de la ausencia de tus primogénitos,
tu sexo fue diezmado
por los perros que engendraste
y que todavía te devoran las entrañas.
Alguien te hace cirugías desesperadas en la garganta
para que tu voz no suene ronca, inhóspita,
con ese sonido de alcantarilla por donde se pierde hasta el silencio.
Alguien trata de que tu cuerpo no huela al hierro enmohecido
ni al plomo que ahora nace de tus senos.
Como quisiera que a esos perros
que te desangran la mirada,
alguien les metiera clavos en la sopa.
tus senos erguidos,
tus piernas esbeltas,
las palmas de tus manos
eran aún vírgenes de todo hombre.
Yo nací de la punta de tus senos redondos
con aroma de almendra e invierno,
recorrí tus caderas
y descendí despavorido por tu cintura,
llegué al fondo de tu sexo,
ese espacio reducido
en donde proliferaron mis orgasmos infantiles.
Te bebí, bebí de ese cuerpo de mujer
la esencia de tus muslos que corrompe
y te abandoné,
huí de los perros que escupieron tus faldas,
de las bestias que engendraron tu vientre maduro,
y ahora de nuevo en tus manos,
me doy cuenta
que tus senos ya no son como antes,
hoy huelen a tristeza y saben a tierra podrida,
ahora caen flácidos sobre tus piernas
que se asemejan a un torrente de precipicios
-Una vez fueron gruesas y seductoras.
todavía recuerdo su necedad de caricias,
su sabor embriagante y su aroma apocalíptico-
Tu cintura incontenible fue violada por culpa del exilio,
de la diáspora y de la ausencia de tus primogénitos,
tu sexo fue diezmado
por los perros que engendraste
y que todavía te devoran las entrañas.
Alguien te hace cirugías desesperadas en la garganta
para que tu voz no suene ronca, inhóspita,
con ese sonido de alcantarilla por donde se pierde hasta el silencio.
Alguien trata de que tu cuerpo no huela al hierro enmohecido
ni al plomo que ahora nace de tus senos.
Como quisiera que a esos perros
que te desangran la mirada,
alguien les metiera clavos en la sopa.