DEL PEDREGAL
Poeta fiel al portal
Hay un lugar vacío en el corazón,
un lugar tan vil y oscuro
que no se vería doblemente en el espejo,
que no se daría doblemente vida,
que nada ofrece por su esqueleto de niebla,
de mugre abarrotada o fosa esculpida.
Hay un lugar tan perfecto como el silencio,
tan cerrado como el silencio,
tan perpetuo como el silencio,
como todos los puntos suspensivos,
o los puntos por caer o puntos en coma.
Ya no te veo entre la sombra,
no me acerco al umbral a verte,
no te siento de pie, sola, sonriendo
Todo se cubrió,
todo se cubrió;
son hojas negras en el follaje
de esta noche a secas
en esta noche ciega,
cada palabra es una hoja,
una piel que ya es del suelo,
una piel de menos.
Yo no te alejo,
yo no te pierdo,
yo no te entrego al tiempo,
pero te olvido,
y el dolor es tan sordo,
tan vil y oscuro,
como aquel corazón vacío
doblemente vivo,
doblemente en silencio,
suspendido.
un lugar tan vil y oscuro
que no se vería doblemente en el espejo,
que no se daría doblemente vida,
que nada ofrece por su esqueleto de niebla,
de mugre abarrotada o fosa esculpida.
Hay un lugar tan perfecto como el silencio,
tan cerrado como el silencio,
tan perpetuo como el silencio,
como todos los puntos suspensivos,
o los puntos por caer o puntos en coma.
Ya no te veo entre la sombra,
no me acerco al umbral a verte,
no te siento de pie, sola, sonriendo
Todo se cubrió,
todo se cubrió;
son hojas negras en el follaje
de esta noche a secas
en esta noche ciega,
cada palabra es una hoja,
una piel que ya es del suelo,
una piel de menos.
Yo no te alejo,
yo no te pierdo,
yo no te entrego al tiempo,
pero te olvido,
y el dolor es tan sordo,
tan vil y oscuro,
como aquel corazón vacío
doblemente vivo,
doblemente en silencio,
suspendido.