Ictiandro
Poeta adicto al portal
Lluvia suspendida en cristal nevado
sumerge la flor que al pie de mi ventana
encuentra abrigo y esperanzas.
Este cálido invierno en mi piel
es sonata que mis ojos perciben
cuando cada gota en franca difracción
de mis sueños pensándote
dibuja los colores del arcoiris.
Aguacero de nube blanca me convida
naciendo del mar que vivo mirándote
y el ayer es antojo de extrañarte.
No hay error ni locura al amarte
sin tiempo ni miedos desplazando la cordura,
cruzando mortal frontera sin cadenas.
El sol no pertenece al cielo lluvioso
ni a mis manos juntas en una plegaria
absurda a estrella fugaz deseándote,
la naturaleza misma es el color de tus pasos,
la música de tus versos tempranos
y el andar de tus labios en mis manos.
Grita el cristal en frágil lamento
con el granizo castigando su cuerpo
y te amo dormida en tu manto de lágrimas,
besando cada palabra destapada,
desvalijando el rompecabezas
que la vida estampó en el aire.
No hay promesas absurdas,
solo realidades crujientes, latentes...
no pido nada a cambio, solo que estés,
que seas ese amanecer cuando mis ojos duelen,
rosa de mi jardín secreto,
llave y aldaba de mis muros centenarios.
Sin piezas el ajedrez se juega
entre copos de sueños destilando sonrisas,
la diagonal directo a mi pecho
dominas con tu reina estampa del alma
y al cruzar la puerta de un silencio
cesa la lluvia con el suspiro de una mirada
tendida allí donde floreces divina
al pie de mi ventana, abriendo pétalos,
perfumando el amor que lleva tu nombre.
sumerge la flor que al pie de mi ventana
encuentra abrigo y esperanzas.
Este cálido invierno en mi piel
es sonata que mis ojos perciben
cuando cada gota en franca difracción
de mis sueños pensándote
dibuja los colores del arcoiris.
Aguacero de nube blanca me convida
naciendo del mar que vivo mirándote
y el ayer es antojo de extrañarte.
No hay error ni locura al amarte
sin tiempo ni miedos desplazando la cordura,
cruzando mortal frontera sin cadenas.
El sol no pertenece al cielo lluvioso
ni a mis manos juntas en una plegaria
absurda a estrella fugaz deseándote,
la naturaleza misma es el color de tus pasos,
la música de tus versos tempranos
y el andar de tus labios en mis manos.
Grita el cristal en frágil lamento
con el granizo castigando su cuerpo
y te amo dormida en tu manto de lágrimas,
besando cada palabra destapada,
desvalijando el rompecabezas
que la vida estampó en el aire.
No hay promesas absurdas,
solo realidades crujientes, latentes...
no pido nada a cambio, solo que estés,
que seas ese amanecer cuando mis ojos duelen,
rosa de mi jardín secreto,
llave y aldaba de mis muros centenarios.
Sin piezas el ajedrez se juega
entre copos de sueños destilando sonrisas,
la diagonal directo a mi pecho
dominas con tu reina estampa del alma
y al cruzar la puerta de un silencio
cesa la lluvia con el suspiro de una mirada
tendida allí donde floreces divina
al pie de mi ventana, abriendo pétalos,
perfumando el amor que lleva tu nombre.