la_piedra_insular
Poeta asiduo al portal
Me abandoné al cuerpo
como los dragones sin alas
que buscan
ahondar sus brazos en la tierra
como deseando alzar ramas
a lo profundo del pasado.
En aquella mañana de manos rotas
quedé inerte en esta estación
tan fría
de amores durmiendo en las esquinas
y de pasiones desgajadas del alma
ocultando con faldas sus defectos.
Pero he de regresar
agotado por el viaje entre mis raíces
recorriendo tu cuerpo pintado
de excrecencias y cordilleras aterciopeladas.
Yo aún lo recuerdo
como algo que me pasará mañana y siempre
con los brazos de mi alma
y así , sutilmente
ya desnudo de luciérnagas
me fui adentrando
a la última corteza del sol,
el imperio de las rocas
y fortaleza de volcanes casi tibios
cerca de tu cardo corazón.
Y despierto como el fruto de un árbol prohibido
que extiende las breves alas que el cielo le negó.
Porque eres
esa,
mi sombra en la manzana
que aturde
que besa con los dedos
y que tiende a desampararte
cuando viene la nostalgia
a posar desnuda de oscuridades
a tu cuarto sin paredes.
Perderás el paraíso
niña de versos tatuados en los labios
olvidada en la embajada
de los linderos tan vacíos e inciertos,
los que se manejan sin caricias
en esta petrificada nación
que nace más cruel
a cada instante
desde el vientre espinoso
del Caín y Abel pasado.
Lo sabemos:
te acostumbraste
joven e inexacta a desplomarte junto a infinidades
por grietas de la mente inmortal
ahora tan lejana a mis ilusiones de ese vagabundo
que suele sentarse
en fauces de plomas aceras
a sólo dibujar nubes.
Por ello
desde que te acogí en mi costilla
perdí la esencia transparente
de mis pupilas imantadas; y nuevamente
me abandoné a tus deseos
de ciénaga maldita
con hadas invisibles en los bordes;
Cantando entre suspiros ya ajenos
que tal vez
y solamente, tal vez
tú aún estas extraviada en ciegos y sordos
recuerdos deshechos.
como los dragones sin alas
que buscan
ahondar sus brazos en la tierra
como deseando alzar ramas
a lo profundo del pasado.
En aquella mañana de manos rotas
quedé inerte en esta estación
tan fría
de amores durmiendo en las esquinas
y de pasiones desgajadas del alma
ocultando con faldas sus defectos.
Pero he de regresar
agotado por el viaje entre mis raíces
recorriendo tu cuerpo pintado
de excrecencias y cordilleras aterciopeladas.
Yo aún lo recuerdo
como algo que me pasará mañana y siempre
con los brazos de mi alma
y así , sutilmente
ya desnudo de luciérnagas
me fui adentrando
a la última corteza del sol,
el imperio de las rocas
y fortaleza de volcanes casi tibios
cerca de tu cardo corazón.
Y despierto como el fruto de un árbol prohibido
que extiende las breves alas que el cielo le negó.
Porque eres
esa,
mi sombra en la manzana
que aturde
que besa con los dedos
y que tiende a desampararte
cuando viene la nostalgia
a posar desnuda de oscuridades
a tu cuarto sin paredes.
Perderás el paraíso
niña de versos tatuados en los labios
olvidada en la embajada
de los linderos tan vacíos e inciertos,
los que se manejan sin caricias
en esta petrificada nación
que nace más cruel
a cada instante
desde el vientre espinoso
del Caín y Abel pasado.
Lo sabemos:
te acostumbraste
joven e inexacta a desplomarte junto a infinidades
por grietas de la mente inmortal
ahora tan lejana a mis ilusiones de ese vagabundo
que suele sentarse
en fauces de plomas aceras
a sólo dibujar nubes.
Por ello
desde que te acogí en mi costilla
perdí la esencia transparente
de mis pupilas imantadas; y nuevamente
me abandoné a tus deseos
de ciénaga maldita
con hadas invisibles en los bordes;
Cantando entre suspiros ya ajenos
que tal vez
y solamente, tal vez
tú aún estas extraviada en ciegos y sordos
recuerdos deshechos.