tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuerpo inmoral, inmaterialidad que desatará la mágica ventana silenciada.
No mires hacia otra parte, esas sensaciones abstractas, conectan el tónico de la razón con tu cruel realidad, proyectando deliberadamente un coctel acido, que no cesará jamás.
La noche tiembla en el paladar y, este buen semblante, comerá las sobras de algún segundo lúgubre que ande suelto por aquí.
Y así clama la herida, el llamado del dolor, forjando la sangre, tamizando objetos letales.
Vuelvo desde mí, a volar entre las zonas trágicas, optimizando cada estría de mi sombra. Catapultando el deseo de saltar, donde quiera que se encuentre una mirada parte de esta secuencia tan absurda.
Vuelvo al brillo de un sabor que había perdido, en el candor de la traición adolescente, nadie saldrá de sí, todo regresa y gira, mientras las gotas caen, es preciso esconder la astucia de un adiós a los tiempos buenos será tan necesario un trozo de poesía irresoluta, para retomar la emoción sarcástica, que vive en los albores de un envión sutil.
Esta noche prevalecerá una muerte liquida, que intentará la transgresión de una calma, tan excitante y execrable a la vez, que ensordecerá de a una, a la mutabilidad de mil instantes, expropiándolos de sus independientes sentidos, colapsando una difusa pizca de muerte, en la tregua maldita que acecha en el reloj.
Esta noche, cuando gire el rostro hacia atrás, volveré a verme en el ayer, descubriré en mi ansiedad, que la vida vive después de mí.
No mires hacia otra parte, esas sensaciones abstractas, conectan el tónico de la razón con tu cruel realidad, proyectando deliberadamente un coctel acido, que no cesará jamás.
La noche tiembla en el paladar y, este buen semblante, comerá las sobras de algún segundo lúgubre que ande suelto por aquí.
Y así clama la herida, el llamado del dolor, forjando la sangre, tamizando objetos letales.
Vuelvo desde mí, a volar entre las zonas trágicas, optimizando cada estría de mi sombra. Catapultando el deseo de saltar, donde quiera que se encuentre una mirada parte de esta secuencia tan absurda.
Vuelvo al brillo de un sabor que había perdido, en el candor de la traición adolescente, nadie saldrá de sí, todo regresa y gira, mientras las gotas caen, es preciso esconder la astucia de un adiós a los tiempos buenos será tan necesario un trozo de poesía irresoluta, para retomar la emoción sarcástica, que vive en los albores de un envión sutil.
Esta noche prevalecerá una muerte liquida, que intentará la transgresión de una calma, tan excitante y execrable a la vez, que ensordecerá de a una, a la mutabilidad de mil instantes, expropiándolos de sus independientes sentidos, colapsando una difusa pizca de muerte, en la tregua maldita que acecha en el reloj.
Esta noche, cuando gire el rostro hacia atrás, volveré a verme en el ayer, descubriré en mi ansiedad, que la vida vive después de mí.