Después de su ruptura

Asklepios

Incinerando envidias
Después de su ruptura y tras ser entablillada la fractura sufrida por el Cosmos, éste se ofreció para que uno solo de sus átomos te prestara atención y se ocupara de tu nacimiento. No se sabe dónde ocurrió, pero el caso es que, hoy, aquí estás. Lo curioso es que nunca han dejado de aparecer algún que otro personaje,-no sé si osado o más bien impertinente-, que se han atrevido a afirmar, tras dedicar,-sospecho- demasiado tiempo a escuchar la deriva de los espacios, que tus orígenes están en los rezagados senderos de lo interminable.

Ya ves tú en qué estupideces se entretienen algunos. Cosas así son las que me sacan de quicio. Vale que la curiosidad y la búsqueda de nuevos conocimientos sean algo propio e innato en el ser humano pero, ¿es que tan importante es identificar, constatar, verificar y certificar de dónde has venido? Para mí, personalmente, no lo es. Pero hete aquí que, a pesar de los siglos, de los milenios ya transcurridos, todavía hay algunos que siguen empeñados en llegar a averiguarlo. Y esto no es lo malo. Lo peor es que, la finalidad última de esta inútil respuesta no es ella en sí misma, sino que lo es la escondida fama y el ansiado reconocimiento que todos estos personajes parece ser que necesitan más allá que cualquier cosa en sus vidas, tan sólo por el gozo de pasar a la historia. De ser mundialmente reconocidos.

Afortunadamente, ni a ti, ni a mí ni a muchos, muchos otros, toda esta comedia no nos importa en absoluto.
 

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