Ziler
Poeta recién llegado
Hoy te visito en tu lápida; pues este bucólico paisaje es la inspiración de mi dialecto. Tranquila, que tu suerte fue mi maldición heredada, y yo, cándido de malicia, empecé a redactar los poemas que comenzaron por ser un decoro por tu partida.
Quiero contarte que el amor es mi desidia más marcada, y que los libros que me leías son mi diacronía melancólica. No esperes que te prometa ante tu epitafio macondiano que cambiaré lo execrable de mi diatriba por una felicidad sin escarnio de la muerte.
Ya soy más de Bukowski que de Gabo, dado que no hay realismo mágico más loable que una obra escrita hace siglos. Solo observa cómo convierto mi falaz dolor, que aún lleva tu nombre en cada letra, y que hoy, después de siete años, sigue decorando tu tumba con poesía y flores amarillas.
Quiero contarte que el amor es mi desidia más marcada, y que los libros que me leías son mi diacronía melancólica. No esperes que te prometa ante tu epitafio macondiano que cambiaré lo execrable de mi diatriba por una felicidad sin escarnio de la muerte.
Ya soy más de Bukowski que de Gabo, dado que no hay realismo mágico más loable que una obra escrita hace siglos. Solo observa cómo convierto mi falaz dolor, que aún lleva tu nombre en cada letra, y que hoy, después de siete años, sigue decorando tu tumba con poesía y flores amarillas.