Anida el miedo en tu alma,
a pesar de tu mirada
consumida por la rabia.
Es tu vida un dibujo inanimado:
oscuridad, terror, relámpagos,
destino negado a la dicha,
a algún dorado esplendor,
a los designios del amor;
agotado corazón anclado
en quién sabe qué remota
cala del pasado.
En tu derrotero neblinoso,
un recordatorio gris y desgastado
indica el sentido fatal
hacia tu oscuro mundo,
hacia esa locura que aterra,
hacia la fantasmal imagen de ti mismo
encuadrada en un espejo fragmentado.
Y, como punto final a tanto estrago,
tiembla la fronda reseca de tus manos
como si, afanosa, quisiera enraizarse
en lo estéril de tu propio páramo.
a pesar de tu mirada
consumida por la rabia.
Es tu vida un dibujo inanimado:
oscuridad, terror, relámpagos,
destino negado a la dicha,
a algún dorado esplendor,
a los designios del amor;
agotado corazón anclado
en quién sabe qué remota
cala del pasado.
En tu derrotero neblinoso,
un recordatorio gris y desgastado
indica el sentido fatal
hacia tu oscuro mundo,
hacia esa locura que aterra,
hacia la fantasmal imagen de ti mismo
encuadrada en un espejo fragmentado.
Y, como punto final a tanto estrago,
tiembla la fronda reseca de tus manos
como si, afanosa, quisiera enraizarse
en lo estéril de tu propio páramo.