Eduardo Yar
Poeta recién llegado
Dime, afable viejo mío,
si a tus años las canas tienen su historia,
porque a mi edad parecen un capricho.
Cuéntame de dónde y cómo llegaron tantas líneas a tu rostro,
porque en el mío no se quieren quedar.
Platícame de tanta lid que en tu corazón libraste,
para que hoy tus hondos ojos quietud asomen en su andar.
Y allí, en la bondad de tu edad,
dime por qué a mis años el coraje quita lugar al llanto,
aún cuando del alma es el quebranto.
Cuéntame hombre, si a tu edad el miedo que cuenta cuentas,
porque a mi edad el miedo que cuenta cuentas no quiere dar.
Platícame de qué afanes de diez mil jornadas tu carácter cimentaste y tu casa levantaste.
Luego dime qué dicha detrás de la vida tus años guardó
y qué vida después del tiempo tu futuro reclamó.
Dime, afable viejo mío,
si a tus años la verdad le viene al hombre
como la razón le asiste al cuerdo,
porque a mi edad hay hombres que amenazan la existencia
con su loca idea de la verdad.
si a tus años las canas tienen su historia,
porque a mi edad parecen un capricho.
Cuéntame de dónde y cómo llegaron tantas líneas a tu rostro,
porque en el mío no se quieren quedar.
Platícame de tanta lid que en tu corazón libraste,
para que hoy tus hondos ojos quietud asomen en su andar.
Y allí, en la bondad de tu edad,
dime por qué a mis años el coraje quita lugar al llanto,
aún cuando del alma es el quebranto.
Cuéntame hombre, si a tu edad el miedo que cuenta cuentas,
porque a mi edad el miedo que cuenta cuentas no quiere dar.
Platícame de qué afanes de diez mil jornadas tu carácter cimentaste y tu casa levantaste.
Luego dime qué dicha detrás de la vida tus años guardó
y qué vida después del tiempo tu futuro reclamó.
Dime, afable viejo mío,
si a tus años la verdad le viene al hombre
como la razón le asiste al cuerdo,
porque a mi edad hay hombres que amenazan la existencia
con su loca idea de la verdad.
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