James Paul
Poeta asiduo al portal
Se amontonan los diminutos signos
de interrogación sobre el escritorio,
la alfombra, y las revistas,
sobre los muebles afines a la inercia
(éstos cuyo único deporte extraño, es el crujir seco,
el crujir en la noche oscura),
éstos que no cargan en sus pulmones
el aire viciado de las esperanzas.
Cualquiera predicaría un "hay que limpiar el polvo",
hasta siento que la frase se violenta en si propia
sobre mi, arremolinandose en ondas y partículas de leyes
desconocidas; me impactan.
Se amontonan pequeños, diminutos, los tratados ancestrales
sobre la ciencia de "esperar y reir". No es polvo.
Quizás es tiempo usado que se desgrana y precipita,
quizás es un universo fragmentado
suceptible a su lluvia, mis lágrimas.
Exhalo... se alza, como una borrachera súbita,
el instante raro en que la conjunción
de todo esto alrededor (de todo esto),
funciona como espejo, reflejando
el latido que florece, los mil ríos de un rojo atardecer,
el suspiro caliente que se aferra a la sonrisa de mañana.
Y tomo la gorra y la bufanda
del escritorio afín a la inercia, simpático.
Una caldera encendida sería inoportuna, sola y
bajo el rocio. Floceren los latidos.
Cualquiera predicaría un "hay que limpiar el polvo",
la frase se violenta, tejiendo sus redes cual arañita
empeñosa, pero estos signos,
este tiempo desgranado,
estas revistas en la alfombra,
representan mucho más.
Salgo...
porque todas las puertas
están abiertas.
de interrogación sobre el escritorio,
la alfombra, y las revistas,
sobre los muebles afines a la inercia
(éstos cuyo único deporte extraño, es el crujir seco,
el crujir en la noche oscura),
éstos que no cargan en sus pulmones
el aire viciado de las esperanzas.
Cualquiera predicaría un "hay que limpiar el polvo",
hasta siento que la frase se violenta en si propia
sobre mi, arremolinandose en ondas y partículas de leyes
desconocidas; me impactan.
Se amontonan pequeños, diminutos, los tratados ancestrales
sobre la ciencia de "esperar y reir". No es polvo.
Quizás es tiempo usado que se desgrana y precipita,
quizás es un universo fragmentado
suceptible a su lluvia, mis lágrimas.
Exhalo... se alza, como una borrachera súbita,
el instante raro en que la conjunción
de todo esto alrededor (de todo esto),
funciona como espejo, reflejando
el latido que florece, los mil ríos de un rojo atardecer,
el suspiro caliente que se aferra a la sonrisa de mañana.
Y tomo la gorra y la bufanda
del escritorio afín a la inercia, simpático.
Una caldera encendida sería inoportuna, sola y
bajo el rocio. Floceren los latidos.
Cualquiera predicaría un "hay que limpiar el polvo",
la frase se violenta, tejiendo sus redes cual arañita
empeñosa, pero estos signos,
este tiempo desgranado,
estas revistas en la alfombra,
representan mucho más.
Salgo...
porque todas las puertas
están abiertas.