sankespit01
Poeta recién llegado
A alguien se le tuvo que ocurrir la idea, alguien pensó y no se detuvo, desgracia la que a mi cabeza atormenta, ¿quien dijo que era un poeta?, el lápiz, las hojas, un espiral y una libreta, favor que me hacen para encarcelar mis ideas, mis metas. No hay nadie por aquí, ni un ruido, solo el susurro que produce la boca de un alma en pena. Sonrío y pienso: ¡Dios, debo estar loco! Volteo y observo el lápiz, yace inerte, casi hipnótico, ¿Quién diría que un solo pedazo de madera relleno de carboncillo echaría a volar mi mente? ¡Dios, sí que debes de ser astuto! ---Pensé ---, un lápiz en mis tres dedos coloqué, y entonces cerré los ojos eh imaginé, volé y soñé cual heroína posee a su víctima así me quede y no me levante.
Después de un tiempo deduje: La poesía es un espíritu que posa en un lápiz, un espíritu que seduce, que envuelve, la poesía es el lado femenino de Dios si es que este existe. Tanto poder tiene la fusión lápiz-mente que un solo poema podría ser “Dios” realmente. Pero así como un ser supremo debe ser tripartito, así a la poesía le conviene, entonces nuevamente me callo, me recuesto y pienso…
…. ¡Claro, claro, claro! ---asentí como cuando descubres algo importante ---, el papel, debe ser ese bendito papel lo que a la poesía le hace falta para ser eternamente superior, fuerte. Entonces observé la libreta, la tome y comencé a hojearla desesperadamente y pronto me di cuenta de que no había nada en ella que la hiciera parecer viva, cálida o especialmente embellecida. Volteo ávidamente y poso mis ojos en el lápiz como el águila apunta a su presa y entonces le grito:
--- ¡No hay nada, en este papel no hay nada!
¿Poesía, qué tipo de Diosa eres? --- como ingenuo pregunte varias veces ---. Al no razonar una lógica respuesta, comí una a una las hojas del cuaderno, mastique lleno de cólera, lleno de sentimiento de traición, decepción y amargura hasta no dejar ni una sola, ninguna, solo el espiral quedo entre mis manos, ¿Qué demonios hago? ---me pregunte sobresaltado---, ¡Maldita poesía espero realmente que no me hayas envenenado! En ese momento observo el espiral, lo doblo y con él, desilusionado juego, y entonces asumo:
---Este espiral es símil de mi reducida habitación que es blanca, con el tiempo se vuelve transparente, en ella vueltas doy una y otra vez diariamente, ---ya no hay hojas replique---, quise hallar al lápiz y no lo encontré, busque el espiral y no lo hallé, entonces entré en conclusión y dije:
--- ¡Ahora entiendo!, el espiral es la cárcel, las hojas son las celdas, las palabras son los presos, el lápiz el culpable y yo, yo solo soy un loco moribundo, inmerso en las drogas de un hospital que alberga somnolienta inteligencia y una extraña pero feroz desgracia de la cual solo el “Dios poeta se alimenta”.
FIN.
Después de un tiempo deduje: La poesía es un espíritu que posa en un lápiz, un espíritu que seduce, que envuelve, la poesía es el lado femenino de Dios si es que este existe. Tanto poder tiene la fusión lápiz-mente que un solo poema podría ser “Dios” realmente. Pero así como un ser supremo debe ser tripartito, así a la poesía le conviene, entonces nuevamente me callo, me recuesto y pienso…
…. ¡Claro, claro, claro! ---asentí como cuando descubres algo importante ---, el papel, debe ser ese bendito papel lo que a la poesía le hace falta para ser eternamente superior, fuerte. Entonces observé la libreta, la tome y comencé a hojearla desesperadamente y pronto me di cuenta de que no había nada en ella que la hiciera parecer viva, cálida o especialmente embellecida. Volteo ávidamente y poso mis ojos en el lápiz como el águila apunta a su presa y entonces le grito:
--- ¡No hay nada, en este papel no hay nada!
¿Poesía, qué tipo de Diosa eres? --- como ingenuo pregunte varias veces ---. Al no razonar una lógica respuesta, comí una a una las hojas del cuaderno, mastique lleno de cólera, lleno de sentimiento de traición, decepción y amargura hasta no dejar ni una sola, ninguna, solo el espiral quedo entre mis manos, ¿Qué demonios hago? ---me pregunte sobresaltado---, ¡Maldita poesía espero realmente que no me hayas envenenado! En ese momento observo el espiral, lo doblo y con él, desilusionado juego, y entonces asumo:
---Este espiral es símil de mi reducida habitación que es blanca, con el tiempo se vuelve transparente, en ella vueltas doy una y otra vez diariamente, ---ya no hay hojas replique---, quise hallar al lápiz y no lo encontré, busque el espiral y no lo hallé, entonces entré en conclusión y dije:
--- ¡Ahora entiendo!, el espiral es la cárcel, las hojas son las celdas, las palabras son los presos, el lápiz el culpable y yo, yo solo soy un loco moribundo, inmerso en las drogas de un hospital que alberga somnolienta inteligencia y una extraña pero feroz desgracia de la cual solo el “Dios poeta se alimenta”.
FIN.