rudyvaldenegro
Poeta recién llegado
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Bienvenido, husmeante lector,
Al escenario virtual de la poesía.
Tomad asiento en la cima de este abismo
Donde los hombres se contemplan
Como hormigas y las ciudades
Cual sofisticados laberintos.
Aún queda tiempo para ser
Nosotros mismos.
Yo soy el poeta de toda la humanidad.
Hora es de que hablemos
Sin recursos de ningún estilo,
Sin metáforas ni epítetos.
Algo que sucede conmigo
Debo confesarlo en voz alta.
¡Oh, mortales! resulta
Que no hasta hace mucho
Era considerado el espejo
Que reflejaba con asombrosa nitidez
Vuestras pasiones, sentimientos y costumbres,
Vuestras esperanzas
De toda época y espacio.
Un noble juego de imágenes y conceptos
Inmortalizaba vuestros silenciosos
Pasos sobre la tierra.
Las cosas han cambiado.
Hacia el año mil trescientos declaré en Roma
Que "el amor mueve el sol y las demás estrellas",
Esta vez señalo que las mueve el dinero.
De modo que me iba mejor antes.
Nunca he gozado de grandes privilegios
Ni los perseguiría, pero al menos,
Era respetado y honrado.
¿Qué ha sucedido? ¿El espejo se ha empañado?
¿Ya no deseáis miraros por dentro? ¿Luzco
Como una latosa fuente de aburrimiento?
¡Ah, Francia! ¡Oh, París!¡ Inglaterra!,
Cuando a mediados del siglo dieciocho
Era el convidado de honor en las tertulias
De la aristocracia, si accedía a asistir
La mitad del éxito de la ceremonia
Se aseguraba, y sin menoscabo me sentaba,
Además, en la mesa de los pobres
A compartir su alegre vino y su pan.
Era, entre otras cosas, un seductor singular,
Odiado y amenazado por larga lista de rivales
Que quisieron darme muerte.
Muchos amores tuve,
Me divertí casi lo suficiente,
Mordí cuanto pezón pude, desfloré a vírgenes,
Fecundé hasta estériles, dejé
Digno testimonio de mis versos
Sobre la piel de ciertas nalgas.
Como dije me satisfice casi lo suficiente,
Un poeta es un hombre infinito,
Algo más espiritual me afligía,
Hallé frivolidad en la belleza.
El auge del desarrollo de la revolución industrial
Terminó por degradar todas las artes.
Reemplazó el concepto de lo importante por lo útil.
La música se prostituyó en las faldas del sistema,
En tanto abandonaba ese rimar melodioso.
He aquí el problema que me aflige,
Estoy en decadencia, no se trata
De que esté viejo o cansado.
Los editores afirman que mi trabajo no es rentable.
Sin embargo, ¡oh, mortales! no voy a claudicar.
No escribiré la basura que ellos me solicitan.
Apartad, militares, vuestras armas del camino,
Abridme paso, estoy desarmado,
Sólo vengo en son de paz a declamar
Esta viva verdad de todos los pueblos.
Al escenario virtual de la poesía.
Tomad asiento en la cima de este abismo
Donde los hombres se contemplan
Como hormigas y las ciudades
Cual sofisticados laberintos.
Aún queda tiempo para ser
Nosotros mismos.
Yo soy el poeta de toda la humanidad.
Hora es de que hablemos
Sin recursos de ningún estilo,
Sin metáforas ni epítetos.
Algo que sucede conmigo
Debo confesarlo en voz alta.
¡Oh, mortales! resulta
Que no hasta hace mucho
Era considerado el espejo
Que reflejaba con asombrosa nitidez
Vuestras pasiones, sentimientos y costumbres,
Vuestras esperanzas
De toda época y espacio.
Un noble juego de imágenes y conceptos
Inmortalizaba vuestros silenciosos
Pasos sobre la tierra.
Las cosas han cambiado.
Hacia el año mil trescientos declaré en Roma
Que "el amor mueve el sol y las demás estrellas",
Esta vez señalo que las mueve el dinero.
De modo que me iba mejor antes.
Nunca he gozado de grandes privilegios
Ni los perseguiría, pero al menos,
Era respetado y honrado.
¿Qué ha sucedido? ¿El espejo se ha empañado?
¿Ya no deseáis miraros por dentro? ¿Luzco
Como una latosa fuente de aburrimiento?
¡Ah, Francia! ¡Oh, París!¡ Inglaterra!,
Cuando a mediados del siglo dieciocho
Era el convidado de honor en las tertulias
De la aristocracia, si accedía a asistir
La mitad del éxito de la ceremonia
Se aseguraba, y sin menoscabo me sentaba,
Además, en la mesa de los pobres
A compartir su alegre vino y su pan.
Era, entre otras cosas, un seductor singular,
Odiado y amenazado por larga lista de rivales
Que quisieron darme muerte.
Muchos amores tuve,
Me divertí casi lo suficiente,
Mordí cuanto pezón pude, desfloré a vírgenes,
Fecundé hasta estériles, dejé
Digno testimonio de mis versos
Sobre la piel de ciertas nalgas.
Como dije me satisfice casi lo suficiente,
Un poeta es un hombre infinito,
Algo más espiritual me afligía,
Hallé frivolidad en la belleza.
El auge del desarrollo de la revolución industrial
Terminó por degradar todas las artes.
Reemplazó el concepto de lo importante por lo útil.
La música se prostituyó en las faldas del sistema,
En tanto abandonaba ese rimar melodioso.
He aquí el problema que me aflige,
Estoy en decadencia, no se trata
De que esté viejo o cansado.
Los editores afirman que mi trabajo no es rentable.
Sin embargo, ¡oh, mortales! no voy a claudicar.
No escribiré la basura que ellos me solicitan.
Apartad, militares, vuestras armas del camino,
Abridme paso, estoy desarmado,
Sólo vengo en son de paz a declamar
Esta viva verdad de todos los pueblos.