Los ladrillos, alineados, silenciosos,
sostienen la casa
de enfrente de mi ventana.
Parece deshabitada, sin ruidos,
pero hay vida dentro.
La ciudad es anónima
ha veces fría,
tiene respeto,
soledad.
Pero corre la luna blanca
sobre el cielo azul,
y su silueta penetra en mi alma
como el agua mansa de las olas
en la dulce arena.
Ya, mi vida esta partida,
y sueña con luz del sur
y agua del norte.
Se escapan de mis ojos los días grises,
busco una estabilidad
que siempre se esta columpiando,
por eso me siento enfrente del mar
y veo brillar a las olas
fundiéndome con el mar
para oír cantar
su ronroneo de siempre.
sostienen la casa
de enfrente de mi ventana.
Parece deshabitada, sin ruidos,
pero hay vida dentro.
La ciudad es anónima
ha veces fría,
tiene respeto,
soledad.
Pero corre la luna blanca
sobre el cielo azul,
y su silueta penetra en mi alma
como el agua mansa de las olas
en la dulce arena.
Ya, mi vida esta partida,
y sueña con luz del sur
y agua del norte.
Se escapan de mis ojos los días grises,
busco una estabilidad
que siempre se esta columpiando,
por eso me siento enfrente del mar
y veo brillar a las olas
fundiéndome con el mar
para oír cantar
su ronroneo de siempre.