Su sexo me lleva a crear un lugar utópico que aguarda mi estancia al sentirle cerca. Su sexo es más que palabras sutiles pretendiendo expresar lo inexpresable de mi placer. Mi placer que intenta conectarse al suyo. Tanto intento, tanto esfuerzo; descuide no es reproche, pues ha sido el sudor más gustoso. Dígame cómo justifico este sentir ante los dilemas cotidianos, cómo puedo yo, discípulo de su doctrina, hacer un perfecto balance entre aquello que llama alma y esto que se apodera de nuestra voluntad, siendo esa nuestra voluntad. Le amo más de lo que le deseo, y el deseo acapara mi tiempo. Si no hay balance posible, ¿cuándo será el fin de esta, nuestra más sedienta etapa? Si el balance ya existe ¿quién soy yo para saberlo? Al fin discípulo, necesito que el rector aclare mis dudas, y si es posible, asigne guías de estudio para saber cómo amarle sin perder la cabeza.