Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Veo tus alas quebradas, amor,
en la penumbra de nuestro cuarto secreto,
y mis manos, temblorosas e inútiles,
sufren la impotencia de no poder recomponer tu vuelo.
El silencio te envuelve,
como una losa pesada que aplasta las mañanas,
y en tus ojos, abismos del alma,
se reflejan tormentos que ningún ser debería soportar.
Él te ha desgarrado, amor,
cortando las cuerdas que te sostenían alegre en vida,
y yo, espectador maldito por el destino,
me consumo en la desesperación de no poder salvarte.
Cada marca en tu piel
es un puñal que se clava también en mi corazón,
una culpa que no he elegido pero me ahoga,
un desgarro en el lienzo de nuestra existencia.
Pero aquí estoy, amor,
con manos vacías, pero llenas de desesperada esperanza,
esperando el momento de arrancarte de su sombra,
soñando el día en que juntos, puedas volver a volar.
Y mientras tanto,
te ofrezco mi pecho, refugio tembloroso de tus lágrimas,
y mis palabras, débil bálsamo que apenas logra
aliviar las profundas heridas de tu ser devastado.
en la penumbra de nuestro cuarto secreto,
y mis manos, temblorosas e inútiles,
sufren la impotencia de no poder recomponer tu vuelo.
El silencio te envuelve,
como una losa pesada que aplasta las mañanas,
y en tus ojos, abismos del alma,
se reflejan tormentos que ningún ser debería soportar.
Él te ha desgarrado, amor,
cortando las cuerdas que te sostenían alegre en vida,
y yo, espectador maldito por el destino,
me consumo en la desesperación de no poder salvarte.
Cada marca en tu piel
es un puñal que se clava también en mi corazón,
una culpa que no he elegido pero me ahoga,
un desgarro en el lienzo de nuestra existencia.
Pero aquí estoy, amor,
con manos vacías, pero llenas de desesperada esperanza,
esperando el momento de arrancarte de su sombra,
soñando el día en que juntos, puedas volver a volar.
Y mientras tanto,
te ofrezco mi pecho, refugio tembloroso de tus lágrimas,
y mis palabras, débil bálsamo que apenas logra
aliviar las profundas heridas de tu ser devastado.