Poema 6
Santiago está en silencio
y sin embargo tú existes aquí donde se mece
la maleza y se endulzan
las entrañas.
Esta ciudad
convive con la melodía de tus manos
y habla de un tiempo que siempre va quedando atrás.
Las aceras se inclinan cada noche al olvido
silentes
sin rostro
rebeldes
añil por los rieles de un otoño que se apaga
cuando recuerda la conquista de la última lluvia.
Esta noche te nombro y te guardo en una arpillera
cargada de sazón
y en tus actos como una patria que guarda
su pasado sin temor.
Pero me asusta esta corriente que me nace para mirarte
como un pentagrama tendido en mi memoria
ser borracho y orbitar tus huesos primigenios
escondidos en soledad.
He aquí la sombra, he aquí la voz que humedece
la carne y la luz de los ojos.
De la nostalgia cae la tinta y la mujer que justifica
el insomnio de estos versos.
La noche va quedando en el olvido
pero yo no puedo olvidarte con las sílabas de mi boca
que demasiado te nombran.
Santiago está en silencio
y sin embargo tú existes aquí donde se mece
la maleza y se endulzan
las entrañas.
Esta ciudad
convive con la melodía de tus manos
y habla de un tiempo que siempre va quedando atrás.
Las aceras se inclinan cada noche al olvido
silentes
sin rostro
rebeldes
añil por los rieles de un otoño que se apaga
cuando recuerda la conquista de la última lluvia.
Esta noche te nombro y te guardo en una arpillera
cargada de sazón
y en tus actos como una patria que guarda
su pasado sin temor.
Pero me asusta esta corriente que me nace para mirarte
como un pentagrama tendido en mi memoria
ser borracho y orbitar tus huesos primigenios
escondidos en soledad.
He aquí la sombra, he aquí la voz que humedece
la carne y la luz de los ojos.
De la nostalgia cae la tinta y la mujer que justifica
el insomnio de estos versos.
La noche va quedando en el olvido
pero yo no puedo olvidarte con las sílabas de mi boca
que demasiado te nombran.