Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
No solo amo tus senos, sino el cálido fuego que esparcen en invierno y la brisa de ultramar que refresca en primavera. También amo tus pezones de mástil erecto y tu aureola materna de cálida duna. Pero son tus avenidas de muslos donde acumulo mis tesoros y tu panal de hojas danzantes saludando mis ríos de vena cada mañana... Y por la tarde... Cuando llega lo vespertino. Amo el crepitar de tus pies al ritmo del piso musical y tus ojos de negros fraguados en el punto exacto, blandidos como oscuro fuego, sonando crujientes las entrañas del oído. Crece el alimento por cada grano de tu cuerpo a la hora nocturna del vampiro cuando me inclino a tu corazón de madero y sueño. Beso todos tus órganos sensibles a través de tu boca de pulso y latido como mortal pecado de escarcha ultrajante y desato el aliento perfumado por tus turgencias. Cuerpo de aceituna -olivo constelado- Dulce prisión esclava de mi amor atesorado.
Última edición por un moderador: