Dunas de algodón.

Yo Aurelio

Poeta recién llegado
Toda su piel era un campo de batalla
y en el borde de mi astucia soñaba derrotarla,
ella era un infinito entre mis manos,
demasiado cielo para tan cortas alas,
solo espirales marrulleros,
solo disparos a mansalva.

Su voz que adelgazaba las palabras hasta convertirlas en navajas
hoy sueña otros nombres,
hoy alza murallas,
así como dejaba sobre mis besos
besos pendencieros,
tregua de amor azucarada.

Toda su piel era un campo de batalla,
un infinito de células hambrientas,
después todo cincel,
patadas en el alma.

Yo aprendí a amarla y a saborear sus telarañas;
comi sus dunas de algodón,
trepé sobre los aristas de sus dagas,
después abrí mis brazos
y dejé que sus pisadas se alejaran de mi cama.
 

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