Ronald Bonilla
Poeta asiduo al portal

Perdiste los ojos pero no tu biblioteca
que siguió girando en su laberinto
hacia una luz difusa.
Se quebraron tus lentes
y el bastón de María Kodama
regurgitó la médula flotante
que siempre viaja al río de lo ineluctable.
Perdiste los ojos pero no las palabras
y seguiste en las orillas
dando en el flanco de tus ciudades de niebla.
Ahora salen como fantasmas
y no te abandonan en la fila
los pobladores del silencio,
los piélagos del sur que te reclaman
con mujeres de mayo transitando en tus calles.
Pero vas entero sobre tu deshecha columna
inmaterial,
entero en la certeza
que te dio la noche
al tiempo que te daba el amor
y la lenta encrucijada
de los libros cuyo polvo
sacudiste otorgándoles
su polvo de luz a las claraboyas.
Insomnio de alas,
no pudo el peso de la biblioteca
con tu sed de arrabales.
De mi libro inédito ALTAR DE DESCONCIERTOS
derechos reservados por ley
imagen: Biografías y vidas.