hugoescritor
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Amo del Tiempo
de dudosa sonrisa
ordenó al Gran Reloj
que marchara de prisa.
Los segundos volaban,
eran una cascada,
brillaban un momento
y luego eran... nada.
Y la voz repetía:
¡De prisa! ¡De prisa!
Cuando el mundo explotó
hizo tal estallido
que al fin despertó
aquel cruel dios dormido.
El Señor de las Horas
ya no luce sonrisa,
se paró el Gran Reloj,
y lo hizo de prisa.
Ahora está allí, sentado,
en mitad de la Nada.
A veces solloza
cuando piensa en sus hijos
¡Pero de nada vale!
Ya no hay horas,
ni hijos...
de dudosa sonrisa
ordenó al Gran Reloj
que marchara de prisa.
Los segundos volaban,
eran una cascada,
brillaban un momento
y luego eran... nada.
Y la voz repetía:
¡De prisa! ¡De prisa!
Cuando el mundo explotó
hizo tal estallido
que al fin despertó
aquel cruel dios dormido.
El Señor de las Horas
ya no luce sonrisa,
se paró el Gran Reloj,
y lo hizo de prisa.
Ahora está allí, sentado,
en mitad de la Nada.
A veces solloza
cuando piensa en sus hijos
¡Pero de nada vale!
Ya no hay horas,
ni hijos...