NIÑA DE TIERRA
Poeta fiel al portal
El anciano más joven del mundo se despertó con frío el día más largo del mundo para vivir rápidamente las pocas horas que quedaban antes de que el día terminase y empezara otro nuevo.
Saltó de su cama y abrió la ventana, y los cálidos rayos de luz le congelaron su frente, pues era el día de verano más frío del mundo. Se vistió con su viejo traje de bergamotas y azulejos y salió a toda velocodad, tan lento como pudo, pues estaba llegando tarde otra vez más a una fiesta a la que nunca había ido.
Mientras iba caminando, el Sol se abrió paso entre las numerosas nubes de un cielo demasiado despejado y de tanto calentar el ambiente con sus rayos, hizo que el anciano más joven del mundo comenzara a sentir cada vez más y más frío.
Entonces comenzó a abrigarse con las cosas que iba encontrando en el camino: hojas, ramas, flores, liebres, etc y cuando llegó por fin a la fiesta a la que nunca antes se había atrevido a faltar, se sintió muy solo, pues era la primera vez que iba y no conocía a nadie.
Enotnces se hacercó a saludar a sus amigos, pues siempre formaban parte de todos los festejos, pero en vez de saludarlo lo reprimieron por ir desnudo, y el anciano más joven del mundo les explicó que hacía tanto pero tanto frío que los rayos del Sol lo obligaron a andar así por los bosques, que no era su culpa, que todo lo había hecho a propósito y era culpable de cada una de las cosas que llevaba puestas, pues así se le había antojado, y sí, otra vez había llegado tarde por llegar antes que todos, y que se iba ahora mismo de ésa maldita fiesta, pues era el día más largo del mundo y no iba a desperdiciar las pocas horas de ése día discutiendo, ya que habría pronto días más largos para semejante estupidez, que eran todos unos idiotas, que no conocía a nadie y se sentía solo, que tenía frío, porque era el día más caluroso del mundo, y que se levantaría ahora mismo porque no quería llegar tarde una vez más a una fiesta a la que nunca había ido.
FIN.
Saltó de su cama y abrió la ventana, y los cálidos rayos de luz le congelaron su frente, pues era el día de verano más frío del mundo. Se vistió con su viejo traje de bergamotas y azulejos y salió a toda velocodad, tan lento como pudo, pues estaba llegando tarde otra vez más a una fiesta a la que nunca había ido.
Mientras iba caminando, el Sol se abrió paso entre las numerosas nubes de un cielo demasiado despejado y de tanto calentar el ambiente con sus rayos, hizo que el anciano más joven del mundo comenzara a sentir cada vez más y más frío.
Entonces comenzó a abrigarse con las cosas que iba encontrando en el camino: hojas, ramas, flores, liebres, etc y cuando llegó por fin a la fiesta a la que nunca antes se había atrevido a faltar, se sintió muy solo, pues era la primera vez que iba y no conocía a nadie.
Enotnces se hacercó a saludar a sus amigos, pues siempre formaban parte de todos los festejos, pero en vez de saludarlo lo reprimieron por ir desnudo, y el anciano más joven del mundo les explicó que hacía tanto pero tanto frío que los rayos del Sol lo obligaron a andar así por los bosques, que no era su culpa, que todo lo había hecho a propósito y era culpable de cada una de las cosas que llevaba puestas, pues así se le había antojado, y sí, otra vez había llegado tarde por llegar antes que todos, y que se iba ahora mismo de ésa maldita fiesta, pues era el día más largo del mundo y no iba a desperdiciar las pocas horas de ése día discutiendo, ya que habría pronto días más largos para semejante estupidez, que eran todos unos idiotas, que no conocía a nadie y se sentía solo, que tenía frío, porque era el día más caluroso del mundo, y que se levantaría ahora mismo porque no quería llegar tarde una vez más a una fiesta a la que nunca había ido.
FIN.