Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te llegan idiomas veloces de los arenales
y un ejercito de bocas trepadoras
ensayando tu fibra delgada y profunda,
tu corteza de razas desesperadas
ardidas en las llamas de la sola penumbra,
enmudeciendo el sexo de las gargantas
en la sangre elegida por la muerte.
En tus venas crece la libertad de un pájaro
y te cruzan barcos piratas como un cielo.
Tu misión es suicidar las manos suicidadas,
la guerra fue declarada mucho antes
de las letras de una canción desesperada,
de los herejes sobre el vero que enmudeció
antes de los soles bestiales de un imperio
de pequeñas hormigas tejedoras del acero.
Levanta tus brazos y reza por nosotros.
Déjanos una plegaria de filosas cascadas
que nos hieran la impaciencia y el nerviosismo
nuestra casa demente y sin puertas
en tus ojos que son pequeños dioses en silencio.
y un ejercito de bocas trepadoras
ensayando tu fibra delgada y profunda,
tu corteza de razas desesperadas
ardidas en las llamas de la sola penumbra,
enmudeciendo el sexo de las gargantas
en la sangre elegida por la muerte.
En tus venas crece la libertad de un pájaro
y te cruzan barcos piratas como un cielo.
Tu misión es suicidar las manos suicidadas,
la guerra fue declarada mucho antes
de las letras de una canción desesperada,
de los herejes sobre el vero que enmudeció
antes de los soles bestiales de un imperio
de pequeñas hormigas tejedoras del acero.
Levanta tus brazos y reza por nosotros.
Déjanos una plegaria de filosas cascadas
que nos hieran la impaciencia y el nerviosismo
nuestra casa demente y sin puertas
en tus ojos que son pequeños dioses en silencio.