frank_calle
Poeta que considera el portal su segunda casa
(Historias infantiles)
Recuerdo los trillos del camino
y los caballos de palo:
todos íbamos montados en viejas escobas
como brujas infantiles,
o en pencas del cocotero,
con crines de millo o yarey,
y con la soguita al cuello haciendo de riendas.
Recuerdo que fuimos los que atacamos la comarca.
Brioso caballo el mío al calor de las pedradas;
ardientes mis sueños de batallas en aquellas aventuras.
Como manadas de reses corríamos los caminos,
y la avanzada de corceles de palo abrían la brecha.
Amado grupo aquel que hacía la infancia
imaginando batallas,
todos valientes, decididos a recibir los golpes
antes de caer en la desgracia de la cobardía,
como si fuera de hombres romperle la cabeza
a los infantes vecinos.
Pero había que jugar a las pedradas,
y a los bandidos.
Había que romperle el campamento al enemigo,
y defender la mata de tamarindo,
aunque mañana jugáramos pelota en el mismo equipo,
o juntos fuésemos al cine para ver a Cantinflas.
Estuve días y días planeando el ataque a Reparto Nuevo,
donde estaba la casa deshabitada
que ellos tenían por guarida.
El éxito fue rotundo
y la tomamos a fuerza de golpes.
Ellos eran menos, pero grandes;
nosotros no pasábamos de los 13 años.
La batalla terminó dos días después,
en el encuentro del guayabal,
muy felices,
aunque nada sabíamos entonces
de la guerra de guerrillas.
Partimos victoriosos al galope,
montando nuestras escobas viejas
y las pencas de cocotero,
llenos de júbilo.
Luego vino la calma.
Frank Calle (15/mayo/1969) ¡50 años atrás!
Recuerdo los trillos del camino
y los caballos de palo:
todos íbamos montados en viejas escobas
como brujas infantiles,
o en pencas del cocotero,
con crines de millo o yarey,
y con la soguita al cuello haciendo de riendas.
Recuerdo que fuimos los que atacamos la comarca.
Brioso caballo el mío al calor de las pedradas;
ardientes mis sueños de batallas en aquellas aventuras.
Como manadas de reses corríamos los caminos,
y la avanzada de corceles de palo abrían la brecha.
Amado grupo aquel que hacía la infancia
imaginando batallas,
todos valientes, decididos a recibir los golpes
antes de caer en la desgracia de la cobardía,
como si fuera de hombres romperle la cabeza
a los infantes vecinos.
Pero había que jugar a las pedradas,
y a los bandidos.
Había que romperle el campamento al enemigo,
y defender la mata de tamarindo,
aunque mañana jugáramos pelota en el mismo equipo,
o juntos fuésemos al cine para ver a Cantinflas.
Estuve días y días planeando el ataque a Reparto Nuevo,
donde estaba la casa deshabitada
que ellos tenían por guarida.
El éxito fue rotundo
y la tomamos a fuerza de golpes.
Ellos eran menos, pero grandes;
nosotros no pasábamos de los 13 años.
La batalla terminó dos días después,
en el encuentro del guayabal,
muy felices,
aunque nada sabíamos entonces
de la guerra de guerrillas.
Partimos victoriosos al galope,
montando nuestras escobas viejas
y las pencas de cocotero,
llenos de júbilo.
Luego vino la calma.
Frank Calle (15/mayo/1969) ¡50 años atrás!
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