El Café-bar

penabad57

Poeta veterano en el portal
Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.
 
Última edición:
Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.
Buenos días
tú café bar me visita
Un placer leerlo
Gracias por compartirlo
Un saludo
 
Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.


Cuando días pasados me refería a la posibilidad de iniciar una prosa a partir de un poema, mencionaba esa capacidad tan tuya para brindar momentos a los versos, ya que tienen unas secuencias tan ordenadas y unas descripciones tan intimistas, que uno va imaginando una historia en el ambiente sensorial.
Siempre es un gusto pasar por tus ventanas.
Un abrazo.
 
El sitio se escoge, el trago también, la música suena al gusto del barman y a veces al gusto de uno, la cita se consensua, el dolor llega sin ser invitado ¿Y ella?
Te contaré un secreto, Penabad, aquí entre nos... a mi también me gusta el Jazz de Miles.
Un abrazo con mucho afecto, compañero
 
Esa música tan lenta,
el piano,
el jazz,
un platillo,
repica insistente el metal.

Es media tarde en el café,
veladores repletos,
su mármol guarda la memoria de los vasos,
las palabras caen con sigilo torpe
y dejan un féretro ambiguo,
una piel invisible, hermafrodita,
en el cenicero de mica y cuarzo.

La luz amarillea en los párpados,
las arañas cristalinas
fulgen como diamantes dormidos,
el hombre solitario
lee bajo el ventanal con gafas negras de ciego,
los novios escuchan al trio de jazz,
no hablan, se miran como palomas en arrullo.

En mi vaso verde hay un líquido espeso y turbio,
la lengua ya conoce la pulpa del azúcar,
la insidia del alcohol que atomiza los minutos
con finas hebras de éxtasis.

Afuera existen las horas del atardecer con su garganta de luz,
aquí la música de Miles Davis es la noche,
solo faltas tú que, presiento, ya no vendrás.
Lo mejor de un bar es cuando te dedicas a observar en lugar de hundirte en ti mismo. Un abrazo, penabad.
 
Cuando días pasados me refería a la posibilidad de iniciar una prosa a partir de un poema, mencionaba esa capacidad tan tuya para brindar momentos a los versos, ya que tienen unas secuencias tan ordenadas y unas descripciones tan intimistas, que uno va imaginando una historia en el ambiente sensorial.
Siempre es un gusto pasar por tus ventanas.
Un abrazo.
Me gustan los poemas descriptivos que intentan crear una atmósfera que llegue al lector. Gracias, Cecy, por leer y comentar. Abrazos.
 
El sitio se escoge, el trago también, la música suena al gusto del barman y a veces al gusto de uno, la cita se consensua, el dolor llega sin ser invitado ¿Y ella?
Te contaré un secreto, Penabad, aquí entre nos... a mi también me gusta el Jazz de Miles.
Un abrazo con mucho afecto, compañero
Agradezco tus palabras y me alegra que compartamos gustos musicales. Un abrazo.
 

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