Ninamiku
Poeta recién llegado
Como cada día al despertar,
estaba ahí el calzado, presto para andar.
Siempre prosélito me acompaña,
pero prescindí de ellos esta mañana.
Es el ser humano inherente al mencionado benefactor?
Podría acaso eximir de mi ser esta necesidad?
Percibí entonces la suavidad de la alfombra abrazando mis pies,
aduciendo la respuesta inspirada en esa calidez.
Decidí entonces,
guijeña a mis instintos,
sucumbir ante esta duda,
emprender un escrutinio.
Endilgada rumbo al campo,
sentía el suelo en mis pies descalzos,
un camino verdaderamente dilatado,
que a su vez se mostraba desaforado.
Desalentada de mi decisión llegué a mi destino,
con mis pies llagados ante tal detrimento;
pero aun tajante y disiente del dolor,
me aproximé al lago finalmente.
Sentí el agua escabullirse entre mis dedos,
y al cerrar los ojos, la disfrute en su apogeo.
Como si se tratara de magia apaciguó el dolor,
superando largamente el achaque anterior.
Absorta en esta infinidad de pensamientos
de sensaciones y de sentimientos,
tomé asiento junto al lago,
y aprecié el juicio que se me había brindado.
Mis pies eran como la vida,
que de cierto, necesitan un calzado,
requieren de ciencia, de dinero y de respaldo,
de aquel abrigo que la proteja de lo aciago.
Pero en algún momento esto no es imprescindible,
hay mas en esta vida, es indiscutible,
Pues ella descalza de afanes y preocupaciones,
es capaz de disfrutar su esencia... sus ilusiones.