Nací sin más, sin nombre y sin historia,
un llanto me anunció como principio,
ajeno al mundo, ajeno a su memoria,
fui carne en luz, misterio en el alivio.
Mamé la vida en brazos de la duda,
sentí calor, ternura y desconcierto,
mi piel dormía intacta, blanca, muda,
soñando con un tiempo aún incierto.
Crecí jugando al borde de lo incierto,
con pasos torpes y asombro en la mirada,
mi risa fue un relámpago despierto,
y el mundo, una promesa inacabada.
Después vinieron días de tormenta,
las sombras de la angustia y el anhelo,
la sed de ser, la herida que no cuenta,
la fiebre por tocar lo eterno y bello.
Amé, sufrí, dudé, forjé mi canto,
perdí y hallé el sentido entre cenizas,
me vi partir sin irme, y con espanto
descubrí que en las ruinas hay sonrisas.
La juventud se fue como se viene
el viento que no pide su llegada,
dejando lo que fue, lo que mantiene
el alma a media voz, siempre cansada.
Hoy miro atrás sin miedo ni reproche,
sin peso en los bolsillos ni en la frente,
la vida me ofreció su largo broche,
de amores, soledades y presente.
Y sigo, aún con fuego entre las venas,
cantando lo que el tiempo no detiene,
la vida es este viaje sin cadenas
que empieza en luz… y en luz se desvanece.
un llanto me anunció como principio,
ajeno al mundo, ajeno a su memoria,
fui carne en luz, misterio en el alivio.
Mamé la vida en brazos de la duda,
sentí calor, ternura y desconcierto,
mi piel dormía intacta, blanca, muda,
soñando con un tiempo aún incierto.
Crecí jugando al borde de lo incierto,
con pasos torpes y asombro en la mirada,
mi risa fue un relámpago despierto,
y el mundo, una promesa inacabada.
Después vinieron días de tormenta,
las sombras de la angustia y el anhelo,
la sed de ser, la herida que no cuenta,
la fiebre por tocar lo eterno y bello.
Amé, sufrí, dudé, forjé mi canto,
perdí y hallé el sentido entre cenizas,
me vi partir sin irme, y con espanto
descubrí que en las ruinas hay sonrisas.
La juventud se fue como se viene
el viento que no pide su llegada,
dejando lo que fue, lo que mantiene
el alma a media voz, siempre cansada.
Hoy miro atrás sin miedo ni reproche,
sin peso en los bolsillos ni en la frente,
la vida me ofreció su largo broche,
de amores, soledades y presente.
Y sigo, aún con fuego entre las venas,
cantando lo que el tiempo no detiene,
la vida es este viaje sin cadenas
que empieza en luz… y en luz se desvanece.