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El cauce solitario del recuerdo

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Con la devoción de un suspiro
bebo del cauce invisible del viento,
en esas jornadas erráticas y vacías
en las cuales lo doy todo por perdido
y caigo indefenso en el llanto
ante los fantasmas del ayer;
cada vez más cansado y dolido
en un mundo sordo de voces yermas
que nos dejan a merced del oleaje.
¡Y en la necesidad de la felicidad
ya no busco verdades a medias
ni caricias que solo rozan la piel!
Desdeño el carmín de unos labios
que violentos golpean a mi pecho
con el filo de unos besos interminables,
con la pasión acuciante del olvido
para que en la sinrazón de la promesa
el legado de nuestras almas perviva.
Me levanto con la luz del recuerdo,
pliego las cortinas para ver el mundo
y apoyado sobre el cristal respiro,
es la mejor forma de seguir con vida
cuando te siento bajo las cicatrices,
cuando desafiante tomas mi alma
y haces de ella tu objeto de recreo.
¿Y qué es del amor que inundaba
cada grieta y golpe en mi pecho?
¿Qué es del amor que me negaste
si hoy su fantasma me acompaña?
¡Dime que ves al abrir tu ventana!…
¿Encontraste algo de luz en tu corazón?
¿El aroma frío del invierno anidó
en el reservado renglón de tu olvido?
¿Viste el amanecer rodeada por extraños
mientras en la apatía de sus voces
sobre el abismo de la esperanza
golpeaban a tu agitado sueño?
¡Pero esa no eras tú! Eran las olas blancas
que con la tibieza de sus dedos cristalinos
intentan alcanzar el vuelo de las gaviotas,
a su sombra insegura en un mar en calma.
Nada me diste, solo huecas promesas,
una constelación colgada en el horizonte
de dos continentes sin más fruto de vida
que la cicatriz de un seísmo infame,
el vertedero donde los enamorados
recitan palabras de amor baldías
bajo la atenta mirada de las estrellas,
ante las cuales tú y yo perecemos
y renacemos una y otra vez del olvido,
con la resignación que nos da un beso
inalcanzable en el abismo del alma
apoyados en el cristal del recuerdo.
 
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Con la devoción de un suspiro
bebo del cauce invisible del viento,
en esas jornadas erráticas y vacías
en las cuales lo doy todo por perdido
y caigo indefenso en el llanto
ante los fantasmas del ayer;
cada vez más cansado y dolido
en un mundo sordo de voces yermas
que nos dejan a merced del oleaje.
¡Y en la necesidad de la felicidad
ya no busco verdades a medias
ni caricias que solo rozan la piel!
Desdeño el carmín de unos labios
que violentos golpean a mi pecho
con el filo de unos besos interminables,
con la pasión acuciante del olvido
para que en la sinrazón de la promesa
el legado de nuestras almas perviva.
Me levanto con la luz del recuerdo,
pliego las cortinas para ver el mundo
y apoyado sobre el cristal respiro,
es la mejor forma de seguir con vida
cuando te siento bajo las cicatrices,
cuando desafiante tomas mi alma
y haces de ella tu objeto de recreo.
¿Y qué es del amor que inundaba
cada grieta y golpe en mi pecho?
¿Qué es del amor que me negaste
si hoy su fantasma me acompaña?
¡Dime que ves al abrir tu ventana!…
¿Encontraste algo de luz en tu corazón?
¿El aroma frío del invierno anidó
en el reservado renglón de tu olvido?
¿Viste el amanecer rodeada por extraños
mientras en la apatía de sus voces
sobre el abismo de la esperanza
golpeaban a tu agitado sueño?
¡Pero esa no eras tú! Eran las olas blancas
que con la tibieza de sus dedos cristalinos
intentan alcanzar el vuelo de las gaviotas,
a su sombra insegura en un mar en calma.
Nada me diste, solo huecas promesas,
una constelación colgada en el horizonte
de dos continentes sin más fruto de vida
que la cicatriz de un seísmo infame,
el vertedero donde los enamorados
recitan palabras de amor baldías
bajo la atenta mirada de las estrellas,
ante las cuales tú y yo perecemos
y renacemos una y otra vez del olvido,
con la resignación que nos da un beso
inalcanzable en el abismo del alma
apoyados en el cristal del recuerdo.
Quizás va un cargamento de recuerdos que el alma no desea rescatar. Un abrazo, Teo.
 
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