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El convento

El hombre del porsaco

Poeta recién llegado
Mi primer día como mâitre y me ha mordido un cliente
¿qué hambre desconocida se apodera de mi mente?,
ya no quería yo atenderla; esa mirada de loca,
esa rabia contenida y esa espuma por la boca.

Mis sentidos se agudizan, deambulo por las aceras
con este instinto animal de marcar la calle entera.
Debo ir a un hospital, no hay perro que no me ladre,
mi ética se derrumba al simple olor de la carne.

El doctor ha sido claro, dice que el mal está dentro
y que él deriva estos casos a las monjas de un convento.

Creí que me enclaustrarían pero soy el cocinero,
el que labra, el que friega y hasta el que apaga 'sus fuegos'.
Tengo dos hernias y callos, se me ha parado un riñón,
aquí se llama exorcismo, yo lo llamo explotación.

Ya no siento tanta rabia aunque tampoco las piernas,
con tanta berza no es raro que alguna hermana se pierda,
pero es que están tan gorditas que padezco recaidas,
ellas piensan que se fugan porque son una perdidas,
entonces montan batidas y yo preparo estofado
compartiendo así con ellas tan exquisito bocado.

Sé que estoy degenerando por eso ha llegado el día,
la abadesa me ha pillado glaseando a sor María,
pero me mira y sonrie, comenta bajando el fuego
que aquí llegué para ser cazador y cocinero.

Veo sus perturbados ojos, ya nunca saldré de aquí,
¿cómo olvidar su mirada?, la misma que aquel día ví.

Sirve vino y pan caliente, coloca dos tenedores,
me alaba ser un maestro en escoger las mejores
y hacer de un simple estofado una explosión de sabores.

AMEN.
 
Mi primer día como mâitre y me ha mordido un cliente
¿qué hambre desconocida se apodera de mi mente?,
ya no quería yo atenderla; esa mirada de loca,
esa rabia contenida y esa espuma por la boca.

Mis sentidos se agudizan, deambulo por las aceras
con este instinto animal de marcar la calle entera.
Debo ir a un hospital, no hay perro que no me ladre,
mi ética se derrumba al simple olor de la carne.

El doctor ha sido claro, dice que el mal está dentro
y que él deriva estos casos a las monjas de un convento.

Creí que me enclaustrarían pero soy el cocinero,
el que labra, el que friega y hasta el que apaga 'sus fuegos'.
Tengo dos hernias y callos, se me ha parado un riñón,
aquí se llama exorcismo, yo lo llamo explotación.

Ya no siento tanta rabia aunque tampoco las piernas,
con tanta berza no es raro que alguna hermana se pierda,
pero es que están tan gorditas que padezco recaidas,
ellas piensan que se fugan porque son una perdidas,
entonces montan batidas y yo preparo estofado
compartiendo así con ellas tan exquisito bocado.

Sé que estoy degenerando por eso ha llegado el día,
la abadesa me ha pillado glaseando a sor María,
pero me mira y sonrie, comenta bajando el fuego
que aquí llegué para ser cazador y cocinero.

Veo sus perturbados ojos, ya nunca saldré de aquí,
¿cómo olvidar su mirada?, la misma que aquel día ví.

Sirve vino y pan caliente, coloca dos tenedores,
me alaba ser un maestro en escoger las mejores
y hacer de un simple estofado una explosión de sabores.

AMEN.[/QUOTE
Intenso ambiente para compartir en esa originalidad
llevada al extremo de esa clausura que deja tiempos para
todo.
excelente ambientacion que casi pictorica es como una
emigracion de imagenes perfectamente unidas y
narradas. saludos de luzyabsenta
 
Mi primer día como mâitre y me ha mordido un cliente
¿qué hambre desconocida se apodera de mi mente?,
ya no quería yo atenderla; esa mirada de loca,
esa rabia contenida y esa espuma por la boca.

Mis sentidos se agudizan, deambulo por las aceras
con este instinto animal de marcar la calle entera.
Debo ir a un hospital, no hay perro que no me ladre,
mi ética se derrumba al simple olor de la carne.

El doctor ha sido claro, dice que el mal está dentro
y que él deriva estos casos a las monjas de un convento.

Creí que me enclaustrarían pero soy el cocinero,
el que labra, el que friega y hasta el que apaga 'sus fuegos'.
Tengo dos hernias y callos, se me ha parado un riñón,
aquí se llama exorcismo, yo lo llamo explotación.

Ya no siento tanta rabia aunque tampoco las piernas,
con tanta berza no es raro que alguna hermana se pierda,
pero es que están tan gorditas que padezco recaidas,
ellas piensan que se fugan porque son una perdidas,
entonces montan batidas y yo preparo estofado
compartiendo así con ellas tan exquisito bocado.

Sé que estoy degenerando por eso ha llegado el día,
la abadesa me ha pillado glaseando a sor María,
pero me mira y sonrie, comenta bajando el fuego
que aquí llegué para ser cazador y cocinero.

Veo sus perturbados ojos, ya nunca saldré de aquí,
¿cómo olvidar su mirada?, la misma que aquel día ví.

Sirve vino y pan caliente, coloca dos tenedores,
me alaba ser un maestro en escoger las mejores
y hacer de un simple estofado una explosión de sabores.

AMEN.
Intenso ambiente para compartir en esa originalidad
llevada al extremo de esa clausura que deja tiempos para
todo.
excelente ambientacion que casi pictorica es como una
emigracion de imagenes perfectamente unidas y
narradas. saludos de luzyabsenta
 

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