El corte.

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Poeta infiel al portal
El Corte.


Alguna vez de niño me sentí intensamente atraído hacia el óxido responsable de su pérdida de filo.

Atraído hacia su nueva áspera textura que al ser deslizada por mi piel esta vez no la cortaba ni la dañaba. Las porosidades adquiridas ahora eran minúsculas fistulas masajeando ergonómicamente cada fibra de esta cuenca física cotidianamente tensa y defensiva ante cualquier presencia ajena a mí.

El masaje poroso de esta improvisada herramienta de raspaje dérmico contribuía deliciosamente al cuasi imposible estado de bajar la guardia ante mi entorno cercano y sus posibles habitantes capaces de posar sus ojos nublados por los juicios justo en mi fingida hermética piel.

Pero todo eso ya no importa, porque no solo es un artilugio de placer e indiferencia existencial, también es un arma, que si bien filosa ya no es, aún no está desprovista de punzantes extremos capaces de adentrarse en las entrañas de piel cuya densidad es la misma que abnegadamente deleita mis fibras.


Elegancia peligrosa no amilanada por su actual falta de brillo.

Delgadez escuálida cubierta por borbotones color cobre.

Frialdad implacable amiga de nadie pero útil a todos.

Exuberante en curvas, prosaica en guiños y formidable en impacto.​


Entre mis dedos estás cuando mis ojos impregnados de reverencia frente al metal letal descubre que las zonas peligrosas en manos impolutas son un objeto de reconciliación con el mundo que me envuelve y la gente que me resiente.


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Tijeras Oxidadas.


Alguna vez de niño me sentí intensamente atraído hacia el óxido responsable de su pérdida de filo.

Atraído hacia su nueva áspera textura que al ser deslizada por mi piel esta vez no la cortaba ni la dañaba. Las porosidades adquiridas ahora eran minúsculas fistulas masajeando ergonómicamente cada fibra de esta cuenca física cotidianamente tensa y defensiva ante cualquier presencia ajena a mí.

El masaje poroso de esta improvisada herramienta de raspaje dérmico contribuía deliciosamente al cuasi imposible estado de bajar la guardia ante mi entorno cercano y sus posibles habitantes capaces de posar sus ojos nublados por los juicios justo en mi fingida hermética piel.

Pero todo eso ya no importa, porque no solo es un artilugio de placer e indiferencia existencial, también es un arma, que si bien filosa ya no es, aún no está desprovista de punzantes extremos capaces de adentrarse en las entrañas de piel cuya densidad es la misma que abnegadamente deleita mis fibras.


Elegancia peligrosa no amilanada por su actual falta de brillo.

Delgadez escuálida cubierta por borbotones color cobre.

Frialdad implacable amiga de nadie pero útil a todos.

Exuberante en curvas, prosaica en guiños y formidable en impacto.​


Entre mis dedos estás cuando mis ojos impregnados de reverencia frente al metal letal descubre que las zonas peligrosas en manos impolutas son un objeto de reconciliación con el mundo que me envuelve y la gente que me resiente.


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Interesante prosa, al filo de lo imposible y cubriendo la protección...

Saludos,

Palmira
 

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